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Prosaísmos
Por Orlando Ortiz

Haciéndole al tío Lolo…

Antes me daba risa, ahora siento rabia de que la clase política de nuestro país crea que “los de a pie”, simple mortales, somos pendejos, ingenuos, amnésicos, perdonatodo y estamos siempre dispuestos –atavismos religiosos, diría alguien– a poner la otra mejilla (¿porque así ganaremos, tal vez, el cielo, o simple y sencillamente una despensa que alivie el hambre de la familia por unos días?).

Si hacemos un repaso a la historia, encontraremos los casos de presidentes que en otras partes del mundo han ido a parar a la cárcel, y de reyes que han terminado siendo decapitados en el patíbulo. En nuestro país (si exceptuamos a Maximiliano), en cambio, no recuerdo ningún caso en el que un primer mandatario fuera juzgado y encarcelado; el que estuvo más cerca de estarlo fue Luis Echeverría, pero resultó que sus delitos, o como los hayan denominado, ya habían expirado y no se le podía juzgar. Hay algo en México que huele mal, diría Hamlet. Algunos gobernadores, o funcionarios de menor o mediana jerarquía van a dar con sus huesos a una cómoda prisión, pero al cambiar el régimen quedan en libertad porque resulta que se les juzgó por cargos que no procedían. Les piden perdón, y si se les había confiscado dinero o bienes de procedencia “dudosa”, se los reintegran.

¿A cuántos expresidentes, exgobernadores y funcionarios de alto nivel se les ha señalado por corruptos, colusión con la delincuencia organizada o defraudación y delitos electorales? En la actualidad, con los casos de Duarte y Tomás Yarrington, el PRI los condena a la hoguera, mas no dice por qué delitos, y tampoco el motivo de que los otros, denunciados en los medios y las redes, no sean ni siquiera mencionados. En estos casos en particular, el que puede resultar más afectado es Yarrington, si lo mandan primero con los Vecinos del Norte, pues si antes lo traen para acá, seguramente resultaría con sólo una infracción administrativa (pasarse un alto, exceso de velocidad, etcétera) y quedaría libre; algo similar sucederá con Duarte, pues hasta ahora ningún otro país reclama la extradición. ¿Y las decenas, centenas o miles de millones de pesos birlados al erario público?... ésos no los mencionarán para nada y por arte de birlibirloque quedarán en el olvido.

Ya lo he dicho en otras ocasiones: el problema de la corrupción es terrible, pero el verdaderamente espantoso es el de la impunidad, que ya se ha vuelto sistémico.

¿A cuántos candidatos (a la Presidencia, a las gubernaturas, a las alcaldías) hemos escuchado prometer, cuando andan en campaña, que ellos acabarán con la corrupción y meterán a la cárcel a los que medraron a costillas del erario? En ese sentido, creo que AMLO ha sido el más original al declarar que habrá perdón para esos delincuentes, pues sólo de esa manera se alcanzará armonía en el país, etcétera, etcétera. (No es cita textual, lo confieso, al menos es lo que entendí.)

¿Y el problema de la delincuencia organizada, los secuestros, la violencia, los homicidios culposos, la inseguridad? Si fuera cuestión de discursos y promesas, ya se habría acabado con todo esto, pues llevamos décadas escuchando que “ora sí”. El caso es que sigue creciendo, de acuerdo con cifras oficiales, y lo peor: en entidades donde antes no era problema, como Guanajuato, ahora comienza a presentarse y augura tomar vuelo.

Si antes se acostumbraba decir “de lengua me como un plato”, ahora tendríamos que añadirle: “... y de promesas incumplidas, tres cazuelas grandotas”. Porque otro renglón olvidado es el de la democracia en general pero, de manera particular, el de la sindical y la categoría de “vitalicios” atribuida a sus líderes, cuya impunidad parece mayor a la de los políticos. Para no ir tan lejos, basta con mencionar al dirigente petrolero, que goza de fuero y no sé qué privilegios más, pues hay en su contra denuncias (en la PGR, ante la CIDH y otras instancias), y se han girado órdenes de aprehensión, pero como el monito del güiski: sigue tan campante. Se ignoran, incluso, los señalamientos que se han hecho de que está involucrado en el saqueo clandestino de los gasoductos de PEMEX, que significan una pérdida multimillonaria para la empresa (que ya no sé de quién es, je je).

Ahora que hay de nuevo campañas para elección de algunos gobernadores y se nos viene encima el tsunami, perdón, la campañota por la Presidencia, veremos de nuevo a los candidatos hacerle al tío Lolo, se los puedo asegurar.

(P.S.) Después de mandar la columna leo en los periódicos una declaración de Videgaray: "Deportar a Duarte" podría traer su liberación. ¡Sopas, perico! Hasta me sentí adivino.)

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