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Bitácora Bifronrte
Por Ricardo Venegas

Poesía vs. reverencia

“Vivimos en un país muy piramidal”, advierte Juan Villoro y subraya: “prácticamente hay pirámides en todos los ramos. ¿Por qué un país con tantos agravios y donde el descontento es tan manifiesto no hay iniciativas más radicales de protesta?; es increíble lo que aguanta el mexicano”. La sangre de los demás, de Diana Ugalde, volumen publicado por Ediciones Eternos Malabares (2017), retrata con fidelidad la violencia que vive nuestro país. La “cultura de la obediencia” y el gran temor de no ser tomado en cuenta si se emite una crítica es una constante en nuestra sociedad mexicana, también prácticamente en todos los ambientes. Pese a las vejaciones de los gobiernos no hemos aprendido a cuestionarnos: ¿hasta qué punto estamos obligados a obedecer cuando las leyes o medidas nos parecen injustas? Enunciada de modo más directo, esta pregunta podría reducirse a la siguiente: ¿cuándo se justifica la resistencia? Estas preguntas las formula Henry David Thoreau en su libro Desobediencia civil. El propio Thoreau respondió: “de un modo novedoso y provocador, afirmando que cuando las obligaciones de un individuo se apartan de su idea del deber, ha llegado la hora de la desobediencia”. Ugalde dibuja un país en el que los jóvenes nacieron de rodillas (al igual que muchos editores –no generalizo- noveles de Morelos), que nacieron para servir y obedecer sin cuestionar si lo que les rodea puede ser mejor, sirven al sistema y lo asumen con orgullo o vanagloria, con soberbia o engreimiento o jactancia, con la premisa de que no hay otra expectativa, o lo que es peor, ignoran la más mínima noción de la palabra dignidad al servir como tapetes a funcionarios espurios. Ejemplo de lo anterior son algunas actividades de la Secretaría de Cultura de Morelos, a las que sólo son invitados los amigos de Cristina Faesler, quien olvida que trabaja con dineros públicos, que ella cree, fervientemente, de su bolsillo.

Si “ser joven y no ser revolucionario es hasta una contradicción biológica” (Salvador Allende dixit), también puede decirse que "detrás de cada muerto o desaparecido/ hay familias dolidas de forma inimaginable/ante la mirada de soslayo/ y la hipocresía y cinismo/ de las eufemísticamente llamadas/ autoridades/ corrupción e impunidad/ ¿qué fue primero?"

¿Por qué en otros países la protesta es efectiva y en México no? El pueblo mexicano puede reprocharse a sí mismo su carencia de solidaridad, de unidad, su ausencia de protesta y la indiferencia ante el dolor ajeno (un empresario con aspiraciones políticas dijo que en dieciocho meses acabaría con la delincuencia en Morelos); ante ello uno se pregunta: ¿por qué la vida de los ciudadanos es tan poco valorada por los gobiernos? Esta indolencia, esta devaluación de la vida es lo que denuncia Diana Ugalde en sus poemas. "Los muertos/ los desaparecidos/ los secuestrados/ las desgracias en general/ se observan de lejecitos/ y se es ausente/ porque esa desgracia/ no nos ha tocado directamente/ y cuando nos llegue ¿qué?".

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