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La Otra Escena
Por Miguel Ángel Quemain

Arte y dificultad del comentario teatral

El comentario, reseña, crítica, ensayo, artículo sobre las artes, son las formas más variadas que ponen al alcance del lector y el espectador las creaciones que, por lo general enmarcadas en la tradición, proponen una interpretación sobre su sentido, vigencia y pertinencia en el mundo de los objetos artísticos.

El periodismo cultural es uno de los espacios fundamentales para la exposición de estos ejercicios, que no son la práctica habitual de las empresas periodísticas, mismas que generalmente privilegian uno o dos territorios de las artes para comentar en sus secciones. Sin ser de lo más prolija, la de teatro tiene una larga tradición y exponentes muy sólidos que, semana a semana, en todo el país comentan las obras y los esfuerzos escénicos en cartelera.

En los últimos años han aparecido muchos libros, guías y manuales para invitar a los espectadores, a los propios participantes de los espectáculos y montajes escénicos, a los alumnos de periodismo y comunicación, a los sociólogos y a los historiadores del arte, a entender el lenguaje y la particularidad que le corresponde a cada género y acometida artística en espera de volverse legible en la mirada, que se espera inteligente e imaginativa, de un crítico.

La procedencia de muchos comentaristas que en México participan de este ejercicio público en las planas de la prensa, los medios electrónicos y cada vez más en portales y blogs, tiene por lo menos tres orígenes. Uno, el medio académico, que le permite explorar y poner en escena un método de análisis, elaborar hipótesis y utilizar referencias, documentos y materiales que forman parte de la cocina del investigador, además de procurar que el conjunto de sus aproximaciones alguna vez se integre sin mucha dificultad en un corpus publicable en forma de libro.

Otro, es el de los propios actores del fenómeno artístico. Directores de escena que no sólo escriben las obras que dirigen, sino también escriben y comentan las de otros artistas. Dramaturgos que valoran la puesta en escena y hacen interesantes observaciones de orden literario. Actores que dirigen, escriben y comentan, que saben redactar o que saben escribir y, además de poseer un método de actuación, logran desarrollar uno de análisis. Improvisan también productores, y sobre todo los integrantes del gremio teatral que estudiaron la carrera de arte dramático y se la campechanean con labores de relaciones públicas: redactan el boletín, toman fotos, hacen llamadas, en fin.

Un tercer origen viene de los periodistas culturales que estudiaron la carrera de comunicación y periodismo: saben investigar y han adquirido una herramienta crítica en los últimos semestres de la carrera, donde los géneros de opinión son en apariencia el último eslabón de una cadena de géneros que debe dominar el estudiante, desde los informativos hasta los interpretativos.

A fuerza de asistir a las funciones y entrevistar a todos los actores del proceso teatral, van adquiriendo una intuición (a veces sobrepoblada de lugares comunes) y con ella analizan todo lo que se les pone enfrente, apoyados en informaciones anecdóticas, datos duros, precisiones sobre horarios y sedes, datos biográficos y curriculares que suelen ser excelentes muletas para empezar a hacer “solitos”.

La escuela del comentario por lo general viene del mundo académico, aunque hay editores que, a lo largo del tiempo, se convirtieron en autores que se han arriesgado a la elaboración de manuales, guías y tratados acerca de cómo valorar las obras.

Paso de Gato, la editorial que también publica la revista del mismo nombre, ha trabajado en su serie Teoría y técnica con enorme entusiasmo, conocimiento y disciplina para fundar, a contracorriente, una biblioteca que crece y que permite entender el tema del teatro desde múltiples perspectivas que he abordado en otras entregas y seguirán siendo comentadas.

En esa serie hay tres textos (Cómo se comenta una obra de teatro, de José Luis García Barrientos; Semiótica del teatro, del texto a la puesta en escena, de Fernando de Toro, y Taller de escritura teatral, de Joseph Danan y Jean Pierre Sarrazac) que tienen distintos grados de alcance, profundidad y dificultad, y que es necesario dedicarles un espacio para beneficio de lectores y periodistas culturales que no se conforman con la idea de que una obra les gusta o no para trazar una interpretación; lo mismo vale para la comunidad teatral que, por su característica grupuscular, insular y a veces corporativa, tiene como versión única la de la cabeza de su grupo que a menudo adoctrina sobre lo que es o debería ser el teatro.

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