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Cabezalcubo
Por Jorge Moch

Twitter y los presidentes

Para todas las víctimas, otra vez, de este #GobiernoEspía

Parece que Twitter, la red social de la concisión, por aquello de los 140 rigurosos caracteres por mensaje, está adquiriendo cierta relevancia peculiar: exhibe descarnadamente la estulticia esencial de los hombres más poderosos del orbe que, invariablemente, son los presidentes de las naciones. O expresidentes, tal que ya se verá… Es como si Twitter fuera una suerte de filtro, de lente mágico que desnuda al emperador, nos lo muestra en gregüescos mientras el imbécil se pavonea en imaginaria túnica, como en el clásico. Y es que poder presidencial y humildad aparentemente no casan en una misma frase. O será que a los presidentes los envalentona comprobar qué estimulante resulta el ejercicio de la libertad de opinión, ésa que precisamente a algunos suele serles tan ingrata…

Baste leer (o peor todavía, contextualizar) por ejemplo los tuits del presidente mexicano actual para conocer de sus pocas luces, o de su ese sí, coruscante cinismo –como cuando lamenta la suerte de las víctimas de un atentado en cualquier país del Primer Mundo, mientras omite perversamente hablar de las víctimas de su régimen corrupto y criminal. Los tuits de Peña Nieto huelen a simulación y maquillaje, a escenografía, a ajeno: apuesto que ni siquiera los escribe él. Tendrían terribles errores ortográficos.

Quizá ningún mandatario en funciones está metiéndose constantemente y por su cuenta en complicados berenjenales creados por él mismo como Donald Trump, que es hoy sinónimo internacional de idiotez y abuso. Su peor enemigo no es la prensa, ni los liberales demócratas de su país; ni siquiera su antagónico símil norcoreano: el peor enemigo de Trump es Donald Trump con un celular en las delicadas manitas. Sólo él mismo, Trump tuitero, ha desenmascarado una y otra vez a Trump defraudador. Es gracias a ese absurdo protagonismo tuitero que ahora veinticuatro demócratas están impulsando un comité especial que reúna a psiquiatras y especialistas en conducta humana para determinar si el orate anaranjado es apto mentalmente para seguir al frente de la Casa Blanca.

Lástima que no tuvimos Twitter en tiempos del inefable pelón Salinas. Sus detractores le hubiéramos podido causar algunas agruras, borrarle un poco esa sonrisita socarrona que parece buscar el soplamocos…

Los tuits de Vicente Fox son una vergonzante colección de claudicaciones que van desde las bravatas propias del ranchero que ya le conocemos, hasta su lamentable adhesión al priismo que tanto decía aborrecer cuando era candidato de algo. Como Trump (tiene algo de parecido, en lo bravucón y deslenguado, pero sobre todo en lo tonto), se desnuda a sí mismo a tuitazos: Fox ha confesado públicamente que conspira contra la democracia en México con tal de que no llegue nunca al poder Andrés Manuel López Obrador.

Pero los tuits más divertidos son sin duda los del evidentemente acomplejado y revanchista, y presunto borrachín sempiterno Felipe Calderón Hinojosa, que es en Twitter un auténtico bufón, atareadísimo en su circo de criticar al régimen socialista en Venezuela pero ciego a las atrocidades que causó su nefasto paso por la Presidencia de México. Sus tuits son tan comprometedores que su propia mujer lo ha calificado de estigma, tanto que se avergüenza y los borra después, o se los borran. Como cuando a principios de abril publicó uno en el que intentó hacer un jueguito de palabras con el nombre de una candidata de Morena y luego, cobarde como es, lo borró para luego arrepentirse y arremeter contra los seguidores de Morena llamándolos, claro, como buen yúnior, “pejechairos”. Y ese enano mentecato fue presidente de “todos” los mexicanos, ajá. Pero el mejor tuit de Calderón, el que lo retrata perfectamente en su vulgaridad y su desatino de borracho, fue a mi juicio el que publicó y borró casi inmediatamente en días pasados, en la noche del 1 al 2 de julio, y empezaba con algo así como “Shu…”, para después soltar un par de vulgaridades. Retrato genuino del chaparrito pelón de lentes que nos desgració el país.

Quien, por cierto, no satisfecho con tanta masacre, parece que quiere volver al trono por medio de la candidatura de su señora esposa… como si lo fuéramos a permitir así nomás…

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