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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Fratta. Nubosidad variable

Diez, quince, veinte... Son muchos los discos que aguardan digitalmente en el folder de Pendientes de nuestra computadora. Tantos como los que se acumulan en un sitio especial del escritorio, editados físicamente por artistas interesados en un eco diferente. ¿Cuál masticaremos hoy? Tratando de ser justos nos remontamos meses atrás y de pronto... está decidido. Hay uno que hemos abordado dos o tres veces y que siempre exigió una escucha especial que todavía no hemos otorgado: Nubosidad variable, de Fratta. Tenemos una deuda con él. Es el sexto álbum del compositor y multiinstrumentista guatemalteco –avecindado en México hace muchos años– cuya elegancia siempre nos ha causado gusto y respeto. Se trata de una colección de nueve temas que podríamos clasificar dentro del mejor pop experimental de nuestra ciudad.

Desde su apertura con “Oficio”, Fratta exhibe dos ejes de la obra entera: la temática amorosa y el poder acuático de ritmos con acentuación atípica. Emparentada con “Agradecer” (tercera del disco), su matemática propone una suerte de vals roto por la suma de tres más cinco. En ambas letras, además, se establece un compromiso cariñoso de alta fidelidad. La segunda, “Alúmbrame”, guarda otro tipo de mecanismo que alterna compases de siete y nueve octavos, pero de manera natural, sin forzamientos innecesarios. Llegados a este punto, lectora, lector, vale decir que la música de Jorge Fratta fluye evadiendo falsas pretensiones. Digamos que su complejidad es un reflejo natural y no un envanecimiento fatuo. Ello hace que se deje pulsar con una sabia ligereza.

Más introspectiva, “Una ventana por cada canción” es franca en sentido y soledad. Representa la llegada de la noche, algo de sufrimiento en un trabajo que es preeminentemente positivo, pese al cielo nublado. Escindiendo la obra por la mitad, “Ofrenda” es un juego de guitarra y voz, corazón alrededor del cual parece desarrollarse el concepto líquido y estacional del disco. Así lo dicta su letra. “Solsticio”, empero, regresa a una dotación en donde brillan la contención del extraordinario baterista Luis Ledesma y del prolífico guitarrista Santiago Ojeda. Su letra juega presentando una estampa estrafalaria en que se funden paisajes naturales, acciones, animales y elementos de la urbe humana.

“Tiempo para armar”, balada reflexiva llena de pulidas aliteraciones, propone la posibilidad de autoconstruirse a partir de la incongruencia, mientras que “Álbum con fotos” dialoga con Julio Cortázar, escritor argentino cuya voz se presenta en una introducción fantasmagórica: “La verdadera cara de los ángeles es que hay napalm y hay niebla y hay tortura. La cara verdadera es el zapato entre la mierda, el lunes de mañana, el diario. La verdadera cara cuelga de perchas y liquidación de saldos.” En ella sucede un rock con visos de latin funk cortesía del percusionista Rafael González, y en donde destacan los solos de guitarra de Gustavo Jacob.

El viaje termina con la más breve de las composiciones, “Paramos sin parar”, un poema de voz y teclados que sobrevuela al arrepentimiento. Integrada a los experimentos verbales que la preceden, en ella observamos un rasgo constante de Fratta: equilibrar el misterio de su pluma con la efectividad de una música que se deja sentir y disfrutar sin dificultades. Los ganchos melódicos de su voz subrayan, además, la experiencia que ha tenido como músico de sesión y acompañamiento de numerosos colegas y entertainers que se han apoyado en su talento. De Timbiriche a Joaquín Sabina pasando por Julieta Venegas y Benny, el lenguaje de Fratta sabe expresarse con trajes variopintos, todos efectivos y atrayentes.

Producido con el dinero de 181 fondeadores que lo apoyaron a finales de 2016, Nubosidad variable representa el regreso de una voz necesaria en el panorama mexicano. Otrora miembro de los grupos Ninot y Casino (sí, de los míticos que tocaban en Rockotitlán), Fratta ha editado también los muy recomendables discos Romántico desliz (1993), La espuma de los días (1998), Realidad (1999), Motel (2002) y Malafama (2008). Dicho esto, es verdad que nos tardamos en recomendarlo, pero en estos días de nubarrones y relámpagos hemos decidido bajar la velocidad, contemplar el paso de las lluvias con otra perspectiva. Es así que Nubosidad variable puede nacer cualquier día; sin embargo, resulta perfecto cuando el cielo se derrama con la inclemencia de estas semanas. Póngase el impermeable, tome el paraguas y búsquelo. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

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