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U2: treinta años del álbum The Joshua Tree

No quieres que termine. Deseas llenarte de esos sonidos, atrapar la escenas que transcurren frente a tus ojos, cerrarlos para perpetuarlas, recrearlas luego, una y otra vez, tal como las que revives ahora, de aquel día de 1987, en que vagabas por el tianguis de la colonia San Felipe y de repente estabas frente a una caja de cartón que contenía algunos discos, entre los que encontraste The Joshua Tree, en esos días la producción más reciente del cuarteto irlandés U2. En la radio habías escuchado With or Without You, primer sencillo del álbum de 33RPM, y tenías el antecedente de otros dos, extraordinarios: War (1983) y Unforgettable Fire (1985), de los que esta noche los músicos eligieron cuatro temas para dar inicio a la celebración que nos tiene aquí reunidos en el AT&T Stadium: conmemorar los treinta años de aquella propuesta musical.

Así, el emocionante recorrido empieza con “Sunday Bloody Sunday”, seguido por “New Year’s Day”, a las que, como si fuera un largo poema cantado, encabalgan versiones portentosas de “Bad” y “Pride (in the name of love)”, números que fueron interpretados sobre la sombra de un extraño árbol, propio de climas calurosos. Al terminarlas, sobre una pantalla, aparecen las imágenes impresionantes de una carretera que, ni duda cabe, es la misma que atraviesa de uno a otro punto The Joshua Tree, el parque desértico en California. Al verla, quieres correr y esconderte allá, donde las calles no tienen nombre, en esos barrios pobres que puede haber en cualquier parte del mundo. En esos laberintos de todos lados en los que reiteradamente escudriñas pero no encuentras lo que estás buscando. Y tienes que refugiarte de nuevo en los recuerdos de hace treinta años, cuando en México se vivía una impresionante sequía de conciertos. Lo más cercano que llegaba U2 era precisamente a Texas. Una estación de radio del otrora DF –rememoras– lanzó una convocatoria para ganarse un par de boletos que serían el salvoconducto para llegar a Houston y disfrutar, ni más ni menos, de un concierto que promocionaba El árbol de Josué, la quinta producción en estudio de U2, que por un poco más de 360 meses nos ha deleitado con piezas que son más que clásicos, como la que llegó en seguida: “Hay una espina clavada en tu costado; estoy esperando, pero no puedo vivir contigo o sin ti”… No ganaste las entradas de aquella vez; se fue tu oportunidad. En medio de una lluvia hiriente viste un resplandor naranja. Si hubieras tenido una arma, habrías dispara hacia arriba, para abrir el cielo azul.

Al año siguiente llegó a dos o tres salas nacionales Rattle and Hum (Phil Joanou, 1988), documental que ofrecía tomas de algunas presentaciones de aquella gira en Estados Unidos. Corriste al cine Tepeyac, cerca de la basílica para, al menos de esa manera, ser parte de aquella experiencia.

 

II

Hubieras querido que fuera mejor pero la realidad es otra: el sonido es un desastre, el eco se empalma con el eco y así la música es poco disfrutable. Parece que no hay ingeniero capaz de solucionar tal problema, pero a estas alturas ya es lo de menos. Tu voz, la de la muchedumbre y la de Bono, son una en el interior de la caverna.

Vienen las cuatro piezas centrales del long play, probablemente en las que el letrista llegó a uno de sus momentos cumbres de creatividad poética: “Running to Stand Still”, “Red Hill Mining Town”, “In God’s Country” y “Trip Through Your Wires”. Subirse a ese tren de vapor, salirse del diluvio, saber que las líneas son largas y que no hay vuelta atrás. Dormirás bajo un cielo desierto y el sueño será como una droga; se escuchan truenos en la montaña; hay una nube de lluvia en el cielo desierto…

La banda completa la figura del árbol con “One Tree Hill”, “Exit” y “Mothers Of The Disappeared”. Fuerte y bella esta última; universal, idónea para ilustrar sucesos terribles, como los acontecidos en Ayotzinapa: Media noche, nuestros hijas e hijos fueron abatidos, nos los quitaron. Oigan el latido de su corazón…

 

III

Al iniciar el primer encore se proyectan los ojos de Omaima Hoshan, la joven siria que actualmente vive en un campamento para refugiados en Jordania. Ha emprendido una tenaz lucha para que no se obligue a menores de edad a ser entregadas en matrimonio. Una voz en off le pregunta que si algunos miles de personas se reunieran en un estadio para un concierto y ella pudiera dirigirse a ellos, ¿qué les diría? Contesta: “Que quiero ser feliz y quiero que ustedes lo sean. Quiero que la gente pueda cumplir sus sueños. Quisiera ir a América (sic) porque es un país de libertad y de sueños cumplidos.”

La audiencia no regatea la ovación a tales palabras; excepto una pareja que acepta ser ilegal. “Lo pensamos mucho antes de venir. Vivimos en Austin y ya teníamos los boletos. Luego de que los compramos, el gobernador firmó la ley SB4 (que obliga a uniformados locales a hacer trabajos de agentes de migración). Todavía nos falta el regreso y tenemos miedo de que nos vaya a parar la policía, nos pida papeles y nos eche a migración. Desde que entró el nuevo presidente, esto no tiene nada que ver con libertad. Bono no sabe lo que es vivir con este miedo.” Suena “Miss Saravejo” mientras se ven trozos de la vida cotidiana en el refugio habitada por Omaima.

Luego viene “Ultraviolet (light my way)”, acompañada por retratos de destacadas mujeres en distintos terrenos, de varias puntos geográficos y de casi todas las épocas (ninguna mexicana, por cierto). La producción decidió incluir, entre otras, las estampas de Condoleezza Rice, Laura Bush, Michelle Obama y Hillary Clinton. Curioso, aquí en Texas, estado republicano por antonomasia: cuando aparece la fotografía de esta última, el edificio casi colapsa por tanto aplauso; al parecer, la añoran como presidenta…

 

IV

Para despedirse, U2 obsequia “One” y “I Will Follow”, la más antigua de todas las tocadas (1980). Mientras abandonas el estadio recuerdas que U2 llegó por primera vez a México en 1992, cuando ofreció cuatro conciertos memorables en el Palacio de los Deportes durante el Zoo TV Tour. Y volverá en octubre 3 de este año –casi un cuarto de siglo después de aquella ocasión– para continuar con la celebración de The Joshua Tree. Mientras, tú, con el grupo de cincuentones que abarrotó esta noche el lugar, te aferras con nostalgia a un pasado que sonaba mejor y diferente.

 

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