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El olvido se combate con memoria
Para combatir esta era. Consideraciones urgentes sobre el fascismo y el humanismo, Rob Riemen, Taurus, España, 2017.
Por Rael Salvador

Desde hace no poco tiempo me pregunto qué sucede en el entorno de los alumnos y los profesores, en esa inevitable sustracción del campus universitario y en el porqué de tanta apatía que ahora se observa traducida en una neutralidad feroz.

Al abrir las páginas del libro Para combatir esta era, encuentro en sus páginas atisbos claros que se van develando como una repuesta: “La valentía es un rasgo raro en el mundo intelectual y académico.”

Como en la anterior entrega de Riemen, Nobleza de espíritu. Una idea olvidada (Equilibrista, 2008), una vez más la apuesta está ofrecida en no dejar una sola reflexión fuera de alcance de la lucidez, la impiedad y la honestidad, vitalizando las figuras de Natalia Ginzburg, Albert Camus y Thomas Mann –avalados por la figura central de Nietzsche–, dando cabida a una república de insurgentes literarios, emanados de la filosofía, quienes en el siglo XX elevaron más allá del bien y del mal el rasgo del humanismo para dar cara al devastador pontificado de un fascismo inminente: Ortega y Gasset, Max Scheler, Paul Valéri y Celan, Adorno…

Si el olvido se combate con memoria, la muestra de navegación en el tiempo rescata la figura de Leone Ginzburg, un hombre brillante que tradujo la maravillosa novela de Tolstoi, Ana Karenina, al italiano a la edad de dieciocho años”, y, convertido a la gran pasión de la literatura, fundó una editorial, seguida de una revista: Cultura, para ofrecerle “justicia al significado original de la palabra: hacer espacio a la diversidad de caminos que la gente puede recorrer en su búsqueda de la verdad, acerca de sí mismos y de la existencia humana”.

Cuando contaba con apenas treinta y cinco años, Leone fue ultimado por los nazis. La última carta de prisión a su esposa, la escritora Natalia Ginzburg, dice lo siguiente:

No te preocupes demasiado por mí. Sólo imagina que soy un prisionero de guerra; hay tantos, especialmente en esta guerra, y la gran mayoría regresará a casa. Esperemos que yo sea parte de esa mayoría, ¿eh, Natalia? Te beso otra vez y otra vez. Sé valiente.”

El autor de Para combatir esta era se interroga: ¿Qué quería decir con ‘sé valiente’?” Todo lo que surge de esta apertura es un creciente cuestionamiento filosófico y científico, histórico y moral, de los horrores ocasionados por el hombre inculto y su avidez idiota por las apariencias que, traducidas en posesiones y vulgaridades, se olvida una vez más del espíritu de nobleza y genera la brutalidad renaciente del fascismo.

Lo sentencia Michel Onfray: “El trabajo del periodista es comentar lo que acontece, el del filósofo es poner en perspectiva lo real con las condiciones que han hecho posible lo que acaece o sucede”, para lo cual la frenética e irrefrenable poética de Rob Riemen pone a las ratas de Camus frente a nuestra nariz: “Vendrá un día en que, para desgracia y enseñanza de los hombres, la peste despertará a sus ratas y las enviará a morir a una ciudad dichosa.”

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