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La misoginia me da risa
Un libro para ellas, Bridget Christie, traducción de Rita de Costa, Anagrama, España, 2017.
Por Eve Gil

Uno de los rasgos distintivos de los británicos es su humor ácido e irreverente. No debiera extrañarnos, por tanto, que el humor sea, paradójicamente, una de las cosas que más en serio se toman, particularmente el que se representa en los foros de comedia en vivo, o Stand up comedy, donde un comediante representa un monólogo donde aborda temas “delicados”, con poca o nula delicadeza.

Con dicho antecedente, no debiera sorprendernos tampoco que una de las más populares comediantes británicas, Bridget Christie (Gloucester, 1971) incursione en una especie de stand up literario a través de Un libro para ellas. Christie es a menudo presentada como “la cara feminista del humor”, y es el tema que más notoriedad y premios le ha acarreado. No es la única mujer comediante que habla sobre feminismo, pero sí la que mayor revuelo ha provocado, supongo, por la originalidad con que aborda algo hacia lo que tanto hombres como mujeres suelen ser susceptibles. Chancea hasta con el terminajo que tan ofensivo nos resulta a las feministas, “feminazi”, y logra hacernos reír de lo estúpido de dejarnos provocar con tal burrada. Es probable que sea la única cómica que ha abordado el asunto de la mutilación genital femenina y ha creado conciencia bromeando con ello. Su secreto radica en aliarse con mujeres que lo han padecido –en este caso, Leyla Hussein– y hacer suyo su dolor.

El blanco natural de una cómica feminista debieran ser los misóginos, el sexismo y “la sociedad patriarcal”, pero bromea también a costillas del propio feminismo y, claro, de las feministas. Empieza a escribir este “libro para ellas” declarándose una neófita en estas cuestiones, y afirmando que le debe su empeño por “radicalizarse” a un pedo… de hombre; el empleado de una librería a donde ha ido a surtirse de material para empaparse del tema suelta una ventosidad mientras deambulan por la sección de Estudios de Género. El pedo del librero es una metáfora del desdén de la mayoría de los hombres hacia el feminismo y, en general, hacia los problemas que atañen a las mujeres, y eso enciende la beligerancia de la Bridget-personaje, aunque, conforme avanzamos en la lectura, advertimos que sus motivaciones van mucho más allá de la desternillante anécdota del pedo, que tiene toda la finta de ser auténtica… y alude a lo injusto de que el privilegio de pedorrearse en público sea exclusivo de los hombres, como casi todo. De chiste en chiste, Bridget aborda temas que se han vuelto cotidianos –como cotidiana es la ablación del clítoris en varios países, no exclusivamente musulmanes–, como esa nueva fijación estética por las vaginas, que se suma a otras “burkas occidentales” (el término es mío) como la delgadez extrema, el uso casi obligatorio de tacones altos, que pocas cuestionan, o la modificación del tamaño de los pechos, según la dictadura de la moda. Mientras unas luchan por erradicar la bárbara práctica de la mutilación genital, otras se someten a “vaginoplastias” y se incrustan diamantes en los pubis rasurados (creí que esto era una broma, hasta que lo vi con mis propios ojos en una película porno). Y Bridget saca a colación el discurso feminista más coherente de todos los tiempos, el de Mary Wollstonecraft, quien señala que el primer paso a su liberación debe darlo la propia mujer; tomarla, no pedirla… y las “liberadas” mujeres occidentales parecen empeñadas en forjarse sus propias cadenas.

Bridget Christie empezó desde muy joven a escribir y actuar sus propios monólogos, pero el primero que acaparó la atención de la crítica especializada fue A Bic for her (reflejado en el título original del libro, A book for her), donde la autora se pitorrea en grande del lanzamiento de una línea de plumas exclusiva para mujeres, con tintas de colores rosa fucsia y púrpura brillante. Este producto –que Bridget considera “el más sexista jamás fabricado”– le sirve de pretexto para hablar de mujeres cuya profesión las obligaba a usar una pluma: las escritoras. Qué habría sido, por ejemplo, de Virginia Woolf o de las hermanas Brontë si se hubieran visto obligadas a usar una pluma pensada para ellas, y con tinta en tonos no precisamente legibles. A Bic for her se convirtió en el espectáculo cómico más visto en la historia del Soho Theatre y este libro nos permite asomarnos a ese genial monólogo que, apreciado en vivo, debe ser un espectáculo para llorar de risa. Con todo, y como en todas las áreas de la cultura, Bridget Christie resiente la misoginia en carne propia. El humor, y en particular el suc (reveladoras iniciales de Stand up comedy), sigue siendo un territorio casi exclusivamente masculino. No podía dejar pasar este pequeño detalle en su libro: cuando una humorista habla de forma apasionada sobre determinados temas, se le percibe como una “quejicosa” o una “resentida”. En cambio, si un humorista hace lo mismo se le considera fiel a sus principios, comprometido y entregado.

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