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La otra escena
Por Miguel Ángel Quemain

El comentario teatral: objetivar la interpretación

 

En la nota a la edición mexicana (corregida y aumentada) de Cómo se comenta una obra de teatro, de José Luis García Barrientos (Paso de Gato, serie Teoría y Crítica,) consideraron necesario acotar qué entienden por “comentario” y qué entendemos por “obra de teatro”. Parece que es necesario ese acuerdo mínimo para no confundirse con lo que el periodista, ensayista o crítico, hará con su lectura de la obra una vez que, terminada la función, empieza a pensar sobre lo que escribirá y publicará.

Vale la pena hacerse esa pregunta porque no todo lo que se escribe ni todo lo que se ve tiene la rectitud de una gramática, la precisión de una tabla periódica, ni se trata de una ecuación que se resuelva en el agitarse temporal de una función.

Había referido el origen de esta publicación e hice aquí algunas reflexiones en torno al contexto que hizo posible el conjunto de publicaciones que he comentado en estas entregas. Se trata sin duda de un gran esfuerzo institucional y un decidido intercambio entre pares, sobre la hondura, permanencia y actualidad de sus comentarios.

Hay aspectos sintomáticos de la relación que tienen ciertos críticos y comentaristas con el teatro. Para muchos académicos e investigadores, el texto teatral (la dramaturgia, pues) resuelve problemas que permiten la comprensión de un espectador promedio, que confía en los poderes esclarecedores de contar con un texto que sea legible, sobre todo en el orden de lo cultural y simbólico como anclaje de las imaginaciones y subjetivaciones de la puesta.

A pesar de que hace por lo menos tres décadas el problema de “ilustrar” un texto con la puesta en escena quedó muy atrás, y de que sabemos que las complejidades de la dirección escénica consisten –entre muchas otras cosas– en ofrecer siempre un relectura de los textos dramatúrgicos, el tema continúa vigente en varios terrenos, sobre todo entre académicos, que en muchos casos se caracterizan por su retraso en relación con los movimientos y problemas que se plantean en los escenarios y no en los cubículos de investigación.

Algo parecido pasa en varios horizontes que aparecen en este libro de claroscuros. El autor responde en esta edición a la idea de cumplirle al alumno y también al lector interesado la ilusión de adquirir una especie de receta, o un análisis que ejemplifique la aplicación de los conceptos vertidos a lo largo de las más de 300 páginas, en las que se trata de encontrar y proponer la lingüisticidad de un arte de la representación donde se aplique el “método analítico al comentario de una obra”.

García Barrientos eligió Luces de Bohemia, de Valle-Inclán, y propuso una antología de comentarios ejemplares de grandes autores y críticos para mostrarle al lector cómo se hace el comentario y la exigencia intelectual que representa. La antología está sostenida, como su análisis de la obra de Valle-Inclán, en los textos que han sido representados, y a lo mucho encuentran “lo teatral” en su dimensión poética, pero uno se entera poco o nada de lo que corresponde a la puesta en escena y las dificultades que implica interpretar una texto que se traduce y discute con los actores y todos los que convergen en la magia de la puesta en escena.

Como indiqué al inicio, lo que se entiende aquí por comentario teatral está muy sostenido en el concepto “que se ha impuesto en español para designar el ejercicio que, aplicado a los textos, ocupa el centro de la enseñanza de la literatura en todos sus niveles, el mismo que prefieren llamar ‘explicación’ los franceses y ‘análisis’ los alemanes e ingleses”. Las afirmaciones del autor se sostienen en comentarios muy interesantes que Barthes y Todorov realizaron en los años sesenta, en la época de su estructuralismo recalcitrante, al que por fortuna renunciaron la década siguiente para realizar análisis extraordinarios de la literatura y su relación con múltiples disciplinas.

Lo que García Barrientos entiende por obra de teatro es un conjunto complejo y diferenciado de expresiones textuales y de representación que busca entender con “un método de análisis que valga lo mismo para los textos dramáticos que para los espectáculos teatrales, para las obras ‘puestas en libro’ igual que para las puestas en escena”. El resultado es una búsqueda de comprensión del hecho teatral a partir de distintas estancias comunicativas, así como el hallazgo de los puntos de coincidencia del hecho artístico.

Lo que sigue es un paseo por los géneros (poética y retórica) y una problematización de los conceptos de espacio, tiempo y personaje, así como la noción de ficción que completa este viaje sobre las posibilidades lingüísticas del comentario teatral.

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