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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

FAN FATAL

 

Acaba de salir a la venta, por tercera ocasión, el disco Double Fantasy que Mark David Chapman diera a firmar a John Lennon horas antes de asesinarlo por la espalda con cinco disparos calibre treinta y ocho. La primera vez que estuvo en el mercado costó menos de 200 mil dólares. La segunda casi llega a los 900 mil. Ahora –but of course– sobrepasa el millón y medio de billetes verdes. Se dice que es el objeto más preciado en la historia del rock. Se dice sandez y media. Nosotros creemos que se trata de otro símbolo de la banalización artística que hemos alcanzado.

Daño colateral del star-system, hace mucho que se viene gestando la magnificación de lo nimio, de aquello que tuvo la “suerte” de coincidir con un momento particular de la historia. Sí, hablamos de la memorabilia, de lo coleccionable, de lo inanimado que adquiere peso en formas cuestionables. Desde luego, no minimizamos el homicidio de Lennon. Lo que nos parece curioso es el objeto disco que, recuperado por un trabajador del edificio Dakota donde el exBeatle vivía, fue cambiando de valor y significado al paso de los años debido al mórbido mecanismo de mercado que enaltece lo que se puede poseer, menospreciando lo inefable. Debido a su circunstancia, esa copia del Double Fantasy es ejemplo de cómo lo relevante desaparece ante los feligreses de la cosificación.

Es inevitable”, dice la mayoría. Animado por una energía anómala, ese acetato es casi un personaje activo del evento trágico. “Su precio es comprensible de tan único”, señalan. ¿A dónde apuntamos? A ningún lugar. Disculpe la lectora, el lector. Pasa que sentimos disgusto al leer sobre el polémico álbum en venta y deseamos abrir diálogo escuchándolo una vez más (evitando, como tantos, las composiciones de Yoko Ono), imaginando qué diría el propio John Lennon sobre el traspaso de su obra a tal condición. Creemos que lo aborrecería. Y más si volviéramos a ese diciembre de 1980, cuando sus convicciones y prioridades lucían tan claras. Seguro que una de sus primeras diatribas se referiría al contenido. ¿Lo habrán escuchado a fondo quienes pujan por obtenerlo?

Se dice que el señor Chapman, tan enfermo como estaba –o sigue estando mientras cumple condena–, se atrevió a acercarse a la asistente doméstica de la familia, ese mismo día por la mañana, para saludar al pequeño Sean, hijo del músico, citando una de sus canciones: “Beautiful Boy”. Obsesivamente atento a la obra de los Beatles y de Lennon tras su separación, el desequilibrado asesino fue de quienes se ofendieron con las letras de la Plastic Ono Band, especialmente en “God”, cuya letra reza: “God is a concept by which we measure our pain [...] I don’t believe in Jesus.” Religioso vehemente, resulta novelesco que un día antes de cometer el homicidio, Chapman increpara al cantautor James Taylor en el Metro de Nueva York y que –más perturbador aún– reservara una entrada de la obra El hombre elefante, interpretada por David Bowie, para coincidir con la función a la que asistirían John y Yoko (otro momento para matarlo). Sin embargo, cometido el atentado en la primera oportunidad, Bowie terminó presentándose frente a un teatro lleno pero con tres butacas vacías.

Dicho esto, aunque no nos gusta el sonido de la producción (demasiado atado a su momento tecnológico), las piezas de Lennon en el Double Fantasy reflejan una hermosa reconciliación con su madurez, la aceptación de un período familiar que parecía regresarle las ganas de componer canciones diáfanas, cercanas a la cursilería, pero de gran valía estética. Verbigracia: “(Just Like) Starting Over”, cuya introducción coral revela una búsqueda comprometida con la armonía avanzada; “Beautiful Boy (Darling Boy)”, cuya sabia sencillez conmueve mientras se aleja de intelectualismos vanos; “Watching The Wheels”, “Woman”, “I’m Losing You” y “Cleanup Time”, todas con un desarrollo bien cuidado desde la semilla. La excepción es, según pensamos, “Dear Yoko”, un ejercicio de country forzado.

Finalmente, no cabe duda: el señor Chapman fue un fan fatal; un tipo que liberó a la locura usando a Lennon como llave. Desde su torcida personalidad, eso sí, escuchó la obra a fondo e hizo eco convertido en villano. En fin. Mientras insiste en que lo perdonen luego de treinta y siete años preso, y mientras algunos afortunados se intercambian groseramente el objeto que tuvo en las manos, nosotros volveremos a un grupo de canciones que contribuyen a la creación de ese otro mundo que la buena fantasía reclama. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

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