Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Cabezalcubo
Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Cabezalcubo
Cabezalcubo
Por Jorge Moch

Adiós y muchas gracias

 

Esta será la última entrega de Cabezalcubo. Razones sobran. Ya son muchos años de diatriba. Creo que todos merecemos un descanso, tanto este coleccionista de ladridos como mis sufridos lectores. Pero sobre todo parece que mis dichos no son adecuados ya para un espacio de divulgación cultural. Qué lástima que no pudimos concretar otro espacio en el cuerpo del diario. Pero todo por servir se acaba. Y Cabezalcubo se acaba hoy y aquí. No es lo ideal, según yo, pero es lo que hay.

Fueron muchos años (hace poco hablaba aquí de ese cuarto de siglo) y desde luego muchos aprendizajes. En descargo de esta politizada columna, sólo puedo argumentar que en México la televisión es harto más que sólo un medio masivo de comunicación: es la vocería oficial del régimen, la embajadora del sistema político mexicano y, como todo en ese sistema, la televisión es corrupta por vicio de origen: en México jamás estuvo ni estará en el bando de la gente.

Por eso me niego a escribir sobre televisión simple reseña. Y me resultó siempre muy difícil disociar el medio como idea de su terrible realidad de vehículo de propaganda; confieso que nunca disfruté reseñar programas de televisión como sí lo hice al bañar al poder político en improperios. En un país tradicionalmente agachón y cortesano, creo que son esenciales las expresiones disidentes, con todo y estridencias, insolencias o simples insultos. Es quizá una revancha estulta. Pero es mi revancha. No soy un hombre rico, ni poderoso. Pero tengo voz.

Y aquí, aunque fuese por esa simple razón, solamente cabe el espacio que obliga a dar las gracias. Porque esa voz se pudo expresar. Muchísimas gracias a quienes siguieron mis diatribas y aún les otorgaron alguna credibilidad. Muchísimas gracias a mis lectores, que invariablemente terminaron en muchos casos convirtiéndose en mis amigos, mis cómplices, mis acompañantes.

Y muchas, muchísimas gracias eternas a la memoria de mi queridísimo Hugo Gutiérrez Vega, cuyos poemas y bonhomía me van a acompañar siempre, y siempre seguiré lamentando no haber compartido más charlas con el Poeta. Hugo quizá no lo supo de cierto nunca (sospecho que sí), pero su presencia en mi vida dejó una huella imborrable. Imborrable. Gracias para siempre, poeta, por invitarme a colaborar aquí, que fue mi casa querida de tanto tiempo. Y por enseñarme con el ejemplo a tener decoro.

Y muchas gracias a Francisco Torres Córdova, mi editor de La Jornada Semanal, por aguantarme por tanto tiempo las obsesiones, y a Luis Tovar, a quien a pesar de desavenencias le quedo a deber. Y gracias a Carmen Lira, aunque nunca pude sentarme a platicar con ella. Ojalá lo hagamos algún día, Carmen.

Y especiales gracias a Luis Hernández Navarro y a Pedro Miguel, y particularmente a mi querido Marco Antonio Campos. Gracias, maestros, por enseñarme sin proponérselo algunos entresijos de este bello oficio de escribir en un periódico.

Muchas gracias a La Jornada, a Carlos Payán, a la memoria y las enseñanzas de Sergio Pitol, Carlos Monsiváis y José Emilio Pacheco, todos ellos fundadores de este tan querido diario. Muchas gracias a mis compañeros de páginas, a Javier Sicilia, a Naief Yehya, Angélica Abelleyra, Verónica Murguía, Eve Gil, Alonso Arreola, Rogelio Guedea… en fin. Una disculpa si no los menciono a todos.

A todos, a ustedes, muchas, muchas gracias.

Ojalá nos volvamos a ver.

Y que este país mejore.

Así sea.

comentarios de blog provistos por Disqus