Usted está aquí: Portada / Para Leer / Hacer ficción de sí mismo
Usted está aquí: Portada / Para Leer / Hacer ficción de sí mismo
P11_R2Web.jpg
Hacer ficción de sí mismo
Ceremonia, Daniel Espartaco Sánchez, Librosampleados, México, 2017.
Por Ilallalí Hernández

Dicen que los jugadores experimentan un vacío cercano a la iluminación cuando lo han perdido todo. Incluso, algunos afirman que es sólo una condición necesaria para el éxito: vivir el triunfo requiere bordear la pérdida. A veces, lo que en realidad se oculta es el vértigo de perder, quedarse en blanco, tabula rasa, un nuevo inicio. Hay personajes que parecen encarnar ese principio y en Ceremonia, de Daniel Espartaco Sánchez, el protagonista danza y se deja hipnotizar por la fuerza del abismo, como si se tratara de un jugador, aunque en realidad es un escritor.

En este libro, el autor se torna al mismo tiempo ficción, pero no se trata de una autobiografía –caer en esa trampa sería sencillo–, sino que se crea una posibilidad. Esta inquietud viene de un libro previo de Espartaco, Gasolina (Nitro Press, 2012) que, según palabras del autor, comenzó como inician muchas anécdotas literarias: como un divertimento. La trama narra la vida de un escritor joven quien, tras obtener una beca del Estado para escribir durante un año, acude a un encuentro de creadores en donde los compañeros, tutores y el Estado mismo se convierten en los personajes que van dando cuerpo a un relato satírico que evidencia por un lado la condición de la creación literaria en un país como México y, por el otro, la agudeza y el humor que consigue con escenas inverosímiles, como la de un poeta gordo capaz de conducir una moto acuática durante una persecución. Podría ser que sucediera, ¿por qué no?

Es precisamente en la pregunta: “¿por qué no?” donde se encierra la clave de la autoficción de Sánchez. Este concepto se popularizó en los años setenta y obedecía principalmente a la posibilidad de mirar la intimidad, de exponer las tenues fronteras entre lo público y lo privado para demostrar que en ese momento la cultura del espectáculo había puesto sus tentáculos en los actos personales. Esta reflexión sucedió antes, mucho antes, de la hiperconectividad que vivimos ahora; lo interesante es la vigencia que hoy recobra esta mirada narrativa. En tiempos del Facebook lo íntimo nos abruma, la ficción personal está en el día a día.

Cuando Ceremonia retoma los ecos de Gasolina, se colocan los espacios uno sobre otro para crear una realidad probable, inverosímil quizá pero no inviable. En esta novela el protagonista maduró, mejor dicho, se hizo mayor, ya no es más el escritor que desplegaba sus dotes narrativos en encuentros de jóvenes creadores, el que bailaba al ritmo de “a ella le gusta la gasolina, dale más gasolina”; ahora tiene inquietudes narrativas diferentes. Pero los dos actores del momento, quienes además producen películas, se acercaron a él para filmar Gasolina. El protagonista, sin mejores proyectos en ese momento, se entrega a la adaptación de su novela a un guión cinematográfico.

La historia transcurre en ese trance de la fama. El narrador y protagonista, gracias al tono que parece confesional, nos lleva de la mano por un personaje que no busca ser empático con el promedio. Acostumbrados, como estamos ahora, por un lado, a las posturas asépticas, deslactosadas y bajas en grasa y, por el otro, a escenas violentas, personajes efectistas y fórmulas del western, es un respiro encontrar un personaje que se acerca al acto narrativo sin fórmulas. Es un escritor con vida de escritor.

El protagonista se coloca en la fama literaria tras la película, recibe la propuesta para publicar su novela en “La Súper Editorial Trasnacional”. El editor, el día del encuentro en el bar El Olimpo –morada de las plumas reconocidas de México–, curiosamente recibe una llamada para saber que “La Súper Editorial Trasnacional” había sido comprada y cambiaba de nombre por “El Súper Súper Grupo Trasnacional”, pero para publicar Gasolina resulta fundamental agregar escenas de acción como la persecución en lancha, los bazucazos y la caída de un helicóptero. El escritor ha llegado al sueño prometido.

Daniel Espartaco publicó Gasolina en una editorial independiente, después comenzó a publicar novelas en trasnacionales y ha decidido que Ceremonia también habite en el mundo independiente con Librosampliados. No es casualidad que el libro exista en este formato, pues el texto mismo requiere que el personaje trascienda precisamente las líneas de su propia ficción. En ninguna de las entregas, Sánchez abandona el humor, la crítica directa ante las instituciones que estimulan o coartan la creación literaria en México. La risa es una conclusión que llega tras la lectura de los textos, y puede ser una risa abierta o nerviosa al reconocer que muchos han estado ahí y lo han visto; los efectos especiales del cine y la premiación en la ceremonia del Ariel son apenas los ingredientes que dan al protagonista esta posibilidad de concluir el juego de ambas obras, con el mismo vértigo del jugador que quiere bordear la pérdida para saber si ahí se esconde el nuevo comienzo.

1188
VIDEOS
comentarios de blog provistos por Disqus