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Jornada de poesía
Por Juan Domingo Argüelles

La oscura lucidez de Sergio Cordero

 

Sergio Cordero (Guadalajara, Jalisco, 1961) es autor de dos libros indispensables en la poesía mexicana contemporánea: Vivir al margen (1987) y Oscura lucidez (1996). Dos libros que lo definen. Otros títulos suyos son Testimonios del día (1983), Luz cercana (1996), Sonetos familiares (2001), 22 poemas (2008) y Enemigo interior (2008), pero lo mejor de su obra poética está en esos dos libros separados por una década.

Vivir al margen y Oscura lucidez contienen una poesía infrecuente en México: con rigor formal y evidencia de buen oído lírico, y con una acérrima maestría reivindicadora del epigrama y la sátira. Si cierta poesía de ficción equivaldría, en el teatro, a la comedia, la poesía ácida y concentrada de Cordero pertenece al drama: el drama de vivir al margen.

Al igual que el autor, entre todas sus páginas yo prefiero las de Oscura lucidez, un libro que hace dos décadas celebré con las siguientes palabras: “Es un libro al que se puede volver una y otra vez, aunque cada lectura queme nuestras manos.”

La poesía de Cordero no se anda por las ramas. Y de esta cólera poética andamos siempre necesitados. En 2012, el propio Cordero reeditó Vivir al margen, al cumplirse veinticinco años de su primera edición (FCE). Hace poco, en diciembre de 2016, hizo lo propio con Oscura lucidez, luego de veinte años de la erratera edición del Instituto Coahuilense de Cultura. Esto me ha dado pie para releerlo (aunque lo he leído varias veces) y formularle tres preguntas que contextualizan mi lectura y la que puedan hacer otros lectores.

A propósito de qué tan autobiográficos son los poemas de Oscura lucidez, me responde: “Toda poesía parte de lo autobiográfico aunque los poemas no tengan por tema la vida del propio autor. Oscura lucidez podría verse como una reflexión a propósito de la naturaleza del poder, no sólo del poder político en la vida pública, también de su origen en la vida privada, dentro del grupo que es considerado como la base de la sociedad, la familia, donde las costumbres patriarcales –que siguen persistiendo de muchas maneras a pesar de los cambios en la sociedad– generan conductas autoritarias y violentas. Por lo tanto, la remota ‘semilla autobiográfica’ (por así decirlo) de la que surgió el libro es la violencia intrafamiliar que, como mucha gente de mi generación, padecí en carne propia durante mi infancia y mi adolescencia.”

En Oscura lucidez hay un poema indispensable para entender la vida al margen del autor (“Mira a sus compañeros de generación”), cuyos versos finales no pueden ser más amargos ni más lúcidos: “Hallaron/ un lugar en el mundo,/ ya son parte/ del mecanismo ciego que los hombres construyen./ Éste les da el olvido,/ los limita/ y los vuelve felices./ Sin embargo/ lo que me desconcierta/ no es su indiferencia,/ su irritación o su desasosiego/ cuando me ven,/ sino la piedad,/ la tristeza invencible que me inspiran./ Cómo salvar esa parte de ellos/ que yo admiraba,/ cómo salvar esa parte de mí/ que irresponsablemente les dejé/ como un voto, una ofrenda.”

Le pregunto sobre esto último, y responde: “¿Que si he logrado salvar esa parte de su vida y su talento que yo admiraba y esa parte de mi vida y mi talento que les di en ofrenda? Digamos que estoy intentándolo. Tengo el proyecto de reunir en un volumen los ensayos y las reseñas que escribí y publiqué en periódicos y revistas sobre los escritores que surgieron de los dos talleres que coordinó el doctor Elías Nandino en 1971-72 (del que surgió Ricardo Yáñez) y 1979-84 (del que surgí yo). Espero tener listo ese material antes de 2019, cuando se cumplan cuarenta años de la fundación del segundo taller.”

Por último le pregunto si, para él, crítica y poética coexisten. Explica: “Tengo por evidente que, en la práctica, creación y crítica operan simultáneamente y que, en teoría y sólo con fines didácticos, se les debe ver por separado y sucesivamente, porque verlas siempre como entidades separadas y hasta antagónicas resulta contraproducente: esa postura desarrolla en muchos escritores la aversión hacia los textos teóricos y críticos e incluso el rechazo de preceptivas tradicionales como, por ejemplo, las reglas de la versificación, cuya práctica considero un aprendizaje muy saludable.”

La primera parte de Oscura lucidez (“La farsa intelectual”) es uno de los mejores momentos de la poesía mexicana al despedir el siglo XX. El siguiente epigrama (“Repudia la razón”) es por ello emblemático: “La razón es inútil,/ no es humana./ Es la ínfima parte que nos toca/ de Dios./ Y lo demás, lo nuestro,/ está en los sentimientos,/ la flaqueza./ Porque saberte débil es saber que estás vivo,/ porque la perfección te da la fuerza/ y el poder de matar./ Te da la muerte,/ la muerta perfección./ Estamos vivos./ Nuestra única culpa es seguir vivos.”

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