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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

¡Aleluya! Regresa James Thierrée

 

Es neurótico. Es arisco. Es explosivo. Cuando menos se espera hace erupción y, poco antes de quemarnos con su enojo, se humilla en una espléndida sonrisa al tiempo que regala abrazos. Así es fuera y dentro del escenario. En ambos se le ve iluminado. Es James Thierrée, espíritu integrador y genio francés dedicado a producir belleza, felicidad onírica. Un hombre al que conocimos cuando vino a presentar un par de sus mejores trabajos escénicos y que, finalmente y por gracia de una curaduría acertada, regresa este 2017 en el marco del Festival Internacional Cervantino dedicado a Francia.

Antes que nada y para terminar pronto con ello, citemos sus antecedentes familiares. Son impresionantes e insoslayables (aunque también empañan algo sus logros personales). James es bisnieto del dramaturgo y Premio Nobel Eugene O’Neill, de quien heredó una creatividad narrativa original, atemporal. Es nieto del legendario actor Charles Chaplin, de quien heredó enormes dotes histriónicas así como un sentido del humor basado en el silencio dinámico. Es hijo de los creadores de circo francés Jean-Baptiste Thierrée y Victoria Chaplin, de quienes heredó el interés por un entretenimiento familiar diferente.

Hablamos de un actor de cuarenta y tres años cuya rebeldía se disciplina militarmente rompiendo toda tradición. Un acróbata que toma nota tras bambalinas, ininterrumpidamente, sin trivializar el tiempo en pláticas de corredor. Un clown que perfecciona rutinas minuto a minuto y que tortura a los miembros de su compañía con repeticiones innumerables. Una mente pulsante, gobernadora de un cuerpo privilegiado, que dirige luces y movimientos escénicos con la claridad de un mago. No, no se trata de diferentes artistas especializados uno en la gimnasia, otro en el trapecio, otro en la actuación, otro en el monociclo, otro en la pantomima, otro en el violín... Es un solo performer que hace de todo y que, acompañado por brillantes intérpretes (Compagnie du Hanneton), ahora concibe y actúa una obra inspirada en otra obra (de los hermanos Grimm): La rana lo sabía.

La primera vez que vino, en 2004, lo recibimos con su espectáculo The Junebug Symphony. Esa visita estuvo coronada por aires de escepticismo y de curiosidad. A unos llamaba la atención y causaba respeto que James fuera nieto de Chaplin, mientras que a otros –incluido él– la simple mención de su parentesco parecía un oportunismo flagrante. Pese a todo, su presentación cautivó tanto que, para la última función, muchos se agolparon en la puerta tratando de conseguir boletos, convencidos de que lo que sucedía en el escenario del Julio Castillo era mágico e irrepetible. La Asociación Nacional de Críticos de Teatro de México pensó lo mismo, por lo que le otorgó el reconocimiento de Mejor Obra Extranjera durante su premiación de 2005.

¿Las razones? Thierrée enmudece sus espectáculos, los universaliza infantilizando la comunicación del cuerpo. El francés hace circo, danza y concierto –teatro físico ha sido una de las definiciones más aceptadas– a lo largo no de historias sino de conceptos que arrojan viñetas de una belleza apabullante. Así sucedió también con La Veille Des Abysees, obra que se presentó hace doce años en el Teatro del Pedregal, allí donde el grupo de saltimbanquis volvió a triunfar por lo alto. Imagine el lector lo que sucede cuando un sillón cobra vida y se traga a quienes se posan en él; cuando una mano intenta desprenderse de su dueño o cuando un periódico se niega a convertirse en basura, adhiriéndose permanentemente a un cuerpo tras su encuentro ocasional. Imagine a un hombre volando para transformar la escenografía ante los ojos de la audiencia, a una mujer hermosa haciendo rutinas impensables con las clavas. Imagine que de noche el insomnio lo desvela sometiéndolo a una lógica rota, en la víspera de un abismo feliz. Lugar convertido en tiempo, el que alberga las creaciones de Thiérrée abre preguntas fundamentales que responderá la imaginación de una audiencia conmovida y petrificada.

¿Qué hacemos hablando de un espectáculo así en una columna musical? Nos permitimos la digresión porque las obras de Thierrée son, precisamente, música solidificada y puesta ante los ojos. Además, claro, porque contienen ambientes sonoros y composiciones variopintas valiosas (grabadas y en vivo) alrededor de las cuales actúan la cantante y actriz Ophélie Crispin, así como Thi-Mai Nguyen, Sam Dutertre, Hervé Lassince, Sonia Bel, Hadj Brahim y el propio James Thierrée. Dicho esto, anímese nuestra lectora, nuestro lector, y vaya al Auditorio del Estado de Guanajuato los próximos 27, 28 y 29 de octubre. No hay forma de que se arrepienta. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

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