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Artes visuales
Por Germaine Gómez Haro

José Luis Cuevas, in memoriam

 

Para Mariana, Ximena y María José

 

 

 

Hace unos días visité la exposición José Luis Cuevas y su colección, a 25 años, inaugurada en el museo que lleva su nombre tres días después del fallecimiento del artista el pasado 3 de julio. La exposición que Cuevas no alcanzó a ver conmemora los veinticinco años de este museo con una muestra panorámica de su quehacer artístico y una selección de la colección de arte latinoamericano que, junto con su esposa Bertha Riestra, reunió a lo largo de muchos años con amor y dedicación. Ambas colecciones integran el acervo de mil 860 piezas que la familia Cuevas donó al pueblo mexicano y que el INBA resguarda en este recinto. La exposición consta de un centenar de piezas divididas en tres grupos temáticos.

La primera sala está dedicada a los retratos de José Luis y de Bertha realizados en diferentes momentos por artistas tan diversos como Siqueiros, Roberto Montenegro, Raúl Anguiano, Juan Soriano, Arturo Rivera, Jazzamoart, Leonel Góngora, Vlady, entre otros.

La selección de la colección de arte latinoamericano y mexicano es representativa de la mirada y el gusto del artista por el trabajo de sus colegas de diversas generaciones y nacionalidades. En este museo se han presentado numerosas exhibiciones dedicadas a artistas latinoamericanos y sería interesante plantear para este recinto una vocación definida en torno a la promoción del arte de Centro y Sudamérica, aprovechando precisamente este acervo. Desde mi punto de vista, el Museo Cuevas ha sufrido un descalabro en los últimos años con exposiciones de un nivel muy desigual y sería oportuno que el INBA replanteara su destino bajo la dirección de algún profesional con más visión, experiencia y audacia que su actual directora, Beatriz del Carmen Bazán, viuda del pintor. También es necesario que se haga un registro del material documental que se conserva en el museo y del cual –según he sido informada– no existe un inventario.

La muestra del trabajo de Cuevas da cuenta de la variedad de técnicas gráficas que dominó como pocos y presenta algunos de sus magníficos dibujos de diferentes períodos. Hay dos grabados de 1947 en los que el artista anotó que fueron sus primeras incursiones en este medio, realizados en el taller de Lola Cueto. Desafortunadamente no hay piezas de los años cincuenta que nos permitan seguir el desarrollo de su trabajo temprano, pero sí se percibe que en la década de los sesenta ya cuenta con obras maestras.

Al recorrer el museo, y sobre todo, al encontrarme frente al altar que ahora está dedicado a su memoria, me entristeció no haber visto a José Luis en los últimos años. Mis hermanas y yo tuvimos el privilegio de contar con la amistad de los Cuevas, frecuentamos y quisimos mucho a Bertha –quien nos apodó “las niñas Lamm”– y conservo recuerdos entrañables de ambos; fuimos partícipes de sus generosas y fascinantes tertulias en la famosa casa de Galeana en San Ángel donde compartimos muchos momentos inolvidables, algún Año Nuevo en Ixtapa, Zihuatanejo, y las comidas de su cumpleaños que año con año festejaba junto con Raúl Anguiano. Estuvimos cerca de ellos en la enfermedad de Bertha y compartimos con él el dolor de su pérdida. Lo procuramos en su viudez cuando lloraba por todos lados porque se sentía devastado y no sabía estar solo, y ya con su nueva esposa viajamos a La Habana en 2004 para presentar la carpeta de grabados Fantasmas del Centro Histórico, editada por nuestro amigo mutuo Ramón Carballo y para la cual me invitó a escribir el texto de presentación. Pero poco a poco lo fui perdiendo de vista, como la mayoría de sus amigos de antaño. Homero Aridjis lo dijo muy bien en el Homenaje en Bellas Artes: su aislamiento en los últimos años es un misterio. Me resultó increíble que dejara de ver a sus tres hijas que eran su adoración y de las cuales se enorgullecía por su inteligencia y talento. Cuando Ximena denunció el estado de descuido en el que lo encontró después de no verlo en mucho tiempo, me solidaricé con ellas. Ahora me apena profundamente que padre e hijas no se hayan podido reconciliar, que no haya podido festejar el éxito de María José y Ximena en su documental Bellas de noche, a todas luces inspirado en él, y que no haya estado cerca de sus nietos Alexis (artista visual) y Axel (cineasta) para celebrar que heredaron de él sus dos grandes pasiones: la creación artística y el cine. Quienes no lo vimos más lo recordaremos como el amigo generoso que fue, el gran personaje que se inventó y el extraordinario dibujante que deja un legado fundamental en la historia del arte mexicano. Descanse en paz, el inolvidable Cuevas.

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