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Biblioteca fantasma
Por Eve Gil

El duro oficio del retorno

 

 

Exiliado en Francia desde 1985, el poeta marroquí Abdellatif Laabi (Fez, 1942) ha hecho del ejercicio poético algo más que bellas palabras. La suya no es poesía para leerse en paz. No ocasión ni lugar de remanso, sino grito de guerra, incluso cuando menciona al inefable “amor”. Esencia misma de la pasión, no puede estarse quieta. Sin embargo, no me atrevería a equipararla con un arma, no una que mate, al menos. Su poesía funciona como una piedra que al golpearte la cabeza aclara las ideas, afina los sentidos, endereza el espíritu… más allá de ser catártico para el propio poeta. Como señala en estos versos de su poema “La vida”: “no he callado nada del horror/ he hecho lo que he podido”.

Desde muy joven, siendo profesor de francés –lengua en la que escribe y en la que se imparte la educación superior en Marruecos– fundó la revista literaria Soufflés en 1966, que habría de convertirse en escaparate para los creadores marroquíes, no sólo escritores, también cineastas y pintores. Por desgracia, dicha publicación llegó, y con trabajos, a su sexto año de vida, sucumbiendo a las balas de la censura. La poesía de Laabi, desde sus nada tímidos pininos, ha sido ideologizada, “subversiva”…aunque raras veces una poesía de estas características ofrece belleza en garantía: “ Los bárbaros/ nuestros semejantes/ Siempre han escupido sobre las maravillas/ meado sobre los libros/ cortado las cabezas sabias/ esparcido sal/ sobre las ruinas de Sodoma…”

Laabi fue también cofundador y miembro activo del movimiento opositor Ila I-Aman, organización comunista marroquí, de orientación marxista leninista, muy activa en las décadas de los setenta y ochenta. Pertenecer a este movimiento era un acto suicida en vista de que, al ser escisión del Partido de la Liberación y el Socialismo, desconocía al islam como religión de Estado, y al rey de Marruecos como líder religioso. Este movimiento sufrió una represión brutal por parte de Hassan II, y Laabi se convirtió en un superviviente tras la aniquilación del noventa por ciento de los militantes de Ila I-Aman. Laabi mismo fue objeto de tortura y condenado a diez años de prisión por “delitos de opinión”. Permaneció encarcelado entre 1972 y 1980. Lo peor de estar preso, ha dicho, no era la ausencia de libertad, sino “estar en la realidad”. Posteriormente se vio forzado a emigrar a Francia, junto con su amigo y colaborador Abraham Sefarty. Como él mismo ha dicho: fue la poesía la que lo puso en la cárcel, pero también su máxima liberadora. Radica en París desde 1985 y es miembro de la Academia Mallarmé desde 1988. Acérrimo defensor de autores perseguidos, del estilo de Salman Rushdie. Ha incursionado en la novela, aunque en español sólo ha sido traducido en su faceta poética, la más extensa y representativa de su trayectoria. Ha grabado también un disco donde musicaliza algunos de sus poemas a ritmo de jazz. Obtuvo el Premio Goncourt de Poesía en 2009. Se reconoce “bakuniano”, políticamente hablando, pero por una razón poética: la del ruso Mijail Bakunin es una de las más hermosas definiciones de “libertad” que conoce.

En la poesía de Laabi existe un constante diálogo con el lector. Habla directo a los ojos de alguien sentado frente a él, no para procurarse desahogo, sino para desafiar al interlocutor a rebatir sus conceptos. Se advierte una gran necesidad de convertirse en otros, de multiplicarse, de mirar desde perspectivas distintas –incluyendo la de sus enemigos ideológicos– aunque sin dejar de ser un Yo integrado en un Nosotros: “Más indignos son los adeptos/ de una poesía inmaculada/ que no sólo se callan/o se andan con rodeos/ sino que además les encantaría/ amordazarte/ en la primera ocasión que tengan.”

A la fecha, Laabi se conduele de lo apartado que está Marruecos de una verdadera democracia; del nulo sentido de patriotismo –o concepto de tal– manifestado por sus gobernantes, pues, ¿es que acaso el verdadero patriotismo no es aquel que se esfuerza por instituir las herramientas del pensamiento libre y la responsabilidad del ciudadano? En aquel país, colorida flor en medio de El Sahara, los ciudadanos tienen la boca demasiado seca por la sed de democracia. “Afortunadamente la historia de un pueblo no sólo está detrás suyo, sino también delante.”

Valparaíso México recién ha publicado una magnífica antología de este autor, Desde la otra orilla, que reúne poemas del 1992 al 2012, seleccionados por Mario Bojórquez y Ali Calderón, y con la impecable traducción de Laura Casielles.

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