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Dán Lee y la lucha literaria
Función monstruo, Dán Lee, Edición de autor, México, 2017.
Por Ricardo Guzmán Wolffer

Quien viera los forros del compendio de cuentos Función monstruo, de Dán Lee pensaría todo, menos que se trata del ganador del Premio Nacional de Cuento Rafael Ramírez Heredia 2009. Y es que el tema luchístico como fondo literario se usa poco ante el extraño pensamiento de que no hay material para escribir con seriedad. Pero, así como las geniales viñetas de los forros logran sorprender por mezclar plantillas viejas de luchadores aplicándose llaves, con viñetas claramente contemporáneas en diseño e intención, los cuentos de Lee hacen otro tanto.

El quehacer literario de Dán no es nuevo. Editor y colaborador de muchas publicaciones virtuales e impresas, su manejo de la pluma es fluido. Logra juntar el lenguaje callejero con la estructura narrativa para plantear un conflicto y luego cerrar con eficaces vueltas de tuerca. Y no por usar temáticas especializadas en el pancracio nacional deja de lograr su cometido. El machismo que disfraza la homosexualidad más escondida; la fantasía como vehículo para enfrentar y resolver problemas infantiles; la aceptación de la realidad más cruel para anteponerla a la admiración infantil por el ídolo más que caído; la traición entre amigos, derivada de la infidelidad de la mujer de uno de ellos, con su consecuente castigo y redención; y mucho más aparece en estos relatos que tocan a los participantes de todo el abanico luchístico.

Los personajes de Función monstruo son los luchadores, los aficionados primerizos, los réferis, los fanáticos del deporte, los niños que viven los personajes que se apoderan del cine y el imaginario nacional y hasta los cronistas televisivos: los personajes forman un fresco en el que se mezclan los actores de este deporte hecho tradición nacional y no sólo asumido como factor cultural sino también expuesto como parte de un turismo que amplía horizontes, tanto para captar a los extranjeros que ven a la lucha libre como una extraña manifestación de estos mexican curios capaces de morir sin mostrar el rostro entre las cuerdas de un cuadrilátero, como para ampliar el espectro social de los espectadores nacionales. Así, narra la primera visita de unos jóvenes a la Arena México: el nudo literario tiene que ver con la interacción entre público y luchadores. El primer encuentro puede ser memorable, narra Dán, pero no por lo que sucede en el ring, sino por la forma en que se pelean los novios ante la vista del cuerpo esculpido del luchador que le gusta a ella y que a él lo confronta con sus amigos, divertidos de ver cómo ese fisicoculturista le resulta irresistible a la mujer. A este planteamiento bien desarrollado y resuelto se mezcla la voz de los cronistas deportivos. Así como cada expresión artística tiene su lenguaje, también cada deporte tiene su peculiar narrativa televisiva: es importante que no se confundan los comunicadores, para dar mayor sentido de pertenencia al espectador. Al final del cuento, tras el conflicto de los novios y demás público, los comentaristas platican entre sí, fuera de los micrófonos, cómo la lucha libre es un espectáculo ante todo y cómo por eso mismo no habría que tomárselo tan en serio, si el asunto es ir a divertirse; no como los novios que se han peleado por culpa de un luchador al que ella no volverá a ver. Lee resuelve en una narración tres puntos fundamentales de la lucha.

Otro aspecto resuelto en sus cuentos es la figura del luchador como macho violento. Tanto evidencia la parte sensible de los luchadores con la afición que lo reconoce en cualquier situación para manifestarle admiración (en una presentación, Lee hizo llorar al Villano III al leer el cuento alusivo a cómo perdió la máscara este gladiador), pero también deja ver que esos machos muy machos (que podrían tener cualquier profesión, representan al género y no sólo a los deportistas en cuestión) lloran por una mujer porque lamentan no poder asumir públicamente esa homosexualidad que esconden… Hasta que los descubre la propia familia. Si evidenciar la preferencia sexual es complicado en cualquier contexto, más acertado resulta el autor al exponerlo en este deporte donde los luchadores, incluso los “exóticos” con ademanes afeminados (unos actuados y otros para mostrarse orgullosamente gays), deben defender su lugar en la cartelera, y más al añadirle el incesto.

Un sumario de cuentos que evidencian a un escritor con capacidad para escribir de cualquier tema, pero que, para beneplácito de los lectores, ha escogido a los actores del pancracio nacional.

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