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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Borges y el tango

 

Cuando en 2006 salieron a la luz los diarios de Adolfo Bioy Casares relacionados con Jorge Luis Borges, muchos corrimos a las librerías para conseguir el gigantesco volumen editado por Daniel Martino para la editorial Destino. En sus mil seiscientas tres páginas pudimos conocer parte del universo privado de uno de los mayores escritores de todos los tiempos, transcrito y filtrado a través de la amistad, el respeto y una gran claridad narrativa. Registro de medio siglo de conversaciones, Borges –que así se llama– resultó un acontecimiento prodigioso pues, además de su invaluable contenido, representó un registro impensable en tiempos sin internet y con aparatos de grabación harto limitados.

Pues bien, el año pasado y de manera aún más inesperada, nuevo material inédito del argentino fue publicado con la venia de su viuda, la polémica María Kodama, luego de que en 2013 se anunciara su existencia en conferencia de prensa madrileña y comenzaran los trabajos de transcripción y ordenamiento. Hablamos de cuatro conferencias dedicadas al tango que se mantuvieron inéditas por más de cinco décadas, pues el momento de su nacimiento ocurrió en el año de 1965 en un pequeño apartamento del barrio de Constitución. Así, las eventualidades que pasaron para que estas letras viajaran de un grupo de casetes al libro El tango, cuatro conferencias, integran en sí mismas una odisea digna de conocerse.

Grosso modo: el gallego Manuel Román Rivas (muerto en 2008), quien viviera en Argentina siendo niño y que trabajara como productor musical en Alemania, graba las cintas para luego heredárselas a su amigo José Manuel Goikoetxea, quien a su vez se las dio al escritor Bernardo Atxaga en 2002. Éste las guardo por diez años para después anunciar su existencia en la revista Erlea de la Real Academia de la Lengua Vasca. Entonces pasó las cintas al escritor César Antonio Molina, director de la Casa del Lector de Madrid quien, haciendo copias para la autenticación de María Kodama, cierra el círculo y anuncia el proyecto de edición en noviembre de 2013. Imaginamos que con semejante tránsito las negociaciones hicieron más lenta su aparición, ocurrida en Argentina hasta 2016 y apenas ahora en México, gracias a la editorial Lumen.

Dicho esto, la primera de las conferencias (ocurridas todos los lunes del ’65) se titula “Los orígenes del tango” y retoma las ideas de Borges a propósito del poeta Evaristo Carriego y su relación con la música porteña, así como la vinculación de ésta con la figura del gaucho y con la vida en barrios, calles, plazas y “casas malas” de la vieja Buenos Aires. En ella caben abordajes a Vicente Rossi y la negritud, a Walt Whitman, a Leopoldo Lugones, al “Tríptico” de Marcelo del Mazo, a los instrumentos que dan origen al género y a su particular etimología.

La segunda concentra su sabiduría y sentido del humor en los personajes que crean y recrean al tango. Se llama “De compadritos y guapos”. Puente entre la ciudad y las zonas rurales, en ella caben citas a Hilario Ascasubi, Eduardo Gutiérrez, Nicolás Paredes y el gran José Hernández (Martín Fierro). Profundizando en la psicología de sus actores –y como sucediera en algunos de sus cuentos menos urbanos–, Borges parte del cuchillo para luego llegar a las milongas y las academias.

La tercera conferencia se titula “Evolución y expansión”. Coyunturalmente, Borges relaciona cambios sustanciales y la popularización del tango mientras se cumplen cien años de Argentina y pasa el cometa Halley. Lo señala como vehículo de promoción nacional en el mundo y particularmente en Europa gracias a figuras como la de Carlos Gardel, y distingue subgéneros por tema y aparición. De lo primitivo a lo llorón pasando por lo presuntuoso, esta charla regala anécdotas personales de gran valor.

La última de las conferencias va más lejos –o más cerca y más adentro. Nombrada “El alma argentina”, subraya los ecos del tango en Asia y Oriente, retoma a sus personajes evolutivamente y pone atención a nombres como los de Ricardo Güiraldes y Adelina del Carril, así como a las aproximaciones que hicieran Lugones, Camino, Silvia Valdés y su gran amigo Bioy Casares. Desde luego aterriza en su propia literatura y sobrevuela al “Hombre de la esquina rosada” para, en conclusión, decirnos que el tango puede ser, contra lo que muchos imaginan atascados en su cliché, un auténtico “símbolo de felicidad”. Así pues, si la obra de Jorge Luis Borges vale su peso en oro, este libro no causa deprecio alguno. Gracias a su lucidez y humildad, sus páginas bailan, giran, doblan la rodilla y se inclinan con la gracia del espíritu que las anima sin sospecharnos como lectores del futuro. Qué suerte tenemos. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

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