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Biblioteca fantasma
Por Eve Gil

El libro que nos lee

 

Leer a Ana María Navales significa leer a muchas autoras, que a su vez leen a Ana María Navales. Su escritura es una sesión espiritista que reúne en una misma prosa a Katherine Mansfield, Dora Carrington, Vita Sackville-West… por no mencionar a Virginia Woolf, presencia intermitente y cicatriz en la vida de cada una de ellas, incluida la propia Ana María Navales Viruete, autora-médium nacida en Zaragoza, España, en 1939.

Por otro lado está su poesía, convocante de estos y otros fantasmas todavía más personales, tan personal como puede ser la infancia de una hija única que escribe amigas imaginarias; con un padre rebasado por las palabras y una madre temerosa de la imaginación exacerbada de su hija. Autora de una docena de libros en este género, de los cuales realizó una selección bajo el título Travesías en el viento. (Poesía 1978-2005), (Calambur, 60, España, 2006), Ana María se distingue en ambos géneros por la sobriedad de su escritura y su colérica nostalgia. El título de uno de uno de sus últimos poemarios, Contra las palabras (2001), pudiera ser elocuente respecto a la perenne lucha de la poeta, no para domesticar el lenguaje, sino para resignificar las palabras más cotidianas, “amor”, “suspiro”, “silencio” y sobre todo, “tristeza”, que adquieren una nueva fisonomía al ser radicalmente despojadas de su carácter anacrónico.

Por otra parte está la convivencia cotidiana con la literatura del Grupo Bloomsbury, llamado así en honor a la calle que alberga aún a la Hogarth Press, editorial fundada por los Woolf, Virginia y Leonard, que enriquece la de por sí refinada escritura de Ana María Navales, derrochada en libros por desgracia no conocidos en México, como las novelas El regreso de Julieta Always (1981), La tarde de las gaviotas (1981), El laberinto del Quetzal (Premio Antonio Camuñas, 1984) y La amante del mandarín. El único de sus libros al que tuvieron acceso los lectores mexicanos, Cuentos de Bloomsbury, éxito de crítica y ventas en España, ha sido reeditado por lo menos tres veces. La tercera edición ha sido enriquecida con dos nuevos cuentos que ahondan aún más en la compleja personalidad de Virginia Woolf, si bien el propósito original de Ana María fue darle prioridad a aquellos miembros no tan conocidos del citado grupo, caracterizado no sólo por sus excentricidades sexuales sino por la crueldad con que se satirizaron unos a otros en sus respectivas obras.

En su faceta ensayística, la que más me apasiona, Ana María ha sido distinguida con el Premio Sial de Ensayo 2000 por su extraordinario libro La lady y su abanico, acercamiento a la literatura femenina del siglo XX: de Virginia Woolf a Mary McCarthy, reunión de sus colaboraciones semanales en el Heraldo de Aragón, en cuya segunda edición, la definitiva, abarca desde Virgnia hasta Nadine Gordimer, e incluye a Katherine Mansfield, Vita Sackville West, Dora Carrington, Mary McCarthy Jean Rhys, Djuna Barnes, Anäis Nin, Dorothy Parker, Iris Murdoch, Clarice Lispector, Sylvia Plath y la entonces única autora sobreviviente del cuadro de honor, Nadine Gordimer. Nuevamente, Ana María hace gala de una objetividad tan desnuda, que por momentos pareciera carente de pasión, aunque nada más lejos de la verdad: a esta crítica le apasiona la obra de cada una de sus autoras, negándose, sin embargo, a redundar en la victimización de Sylvia Plath y reivindicando la obra de autoras injustamente soslayadas, cuando no olvidadas, como Jean Rhys o Dorothy Parker. Navales no se permite la indulgencia con sus objetos de estudio, y si bien salta a la vista el entusiasmo que la obra de cada una le despierta, la admiración por la obra no implica por fuerza admiración por la autora. En el caso de la irlandesa Iris Murdoch, por ejemplo, brinda prioridad al análisis de su obra por sobre el de su vida privada, no obstante ser apasionante… pero los elementos biográficos han sido tan explotados por quien fuera su esposo, el profesor John Bailey, que resaltar el valor de la obra se vuelve prioritario.

Coeditora durante varios años de Turia, probablemente la mejor revista literaria en habla hispana, elogiada incluso por Paul Auster y fundada en 1983, fue removida de su cargo en 2009 por motivos no esclarecidos. Murió ese mismo año, de causas naturales, al lado de su amado esposo Juan Domínguez Lasierra. Yo, que la conocí y la quise mucho, me atrevería a afirmar que Ana María murió de tristeza. Esta misma publicación se refirió a ella, en artículo póstumo, como “La Virginia Woolf española.”

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