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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Mujeres marchando, mujeres cantando

 

El domingo pasado miles de mujeres marcharon en México por el asesinato de la joven xalapeña Mara Castilla. Su tragedia fue símbolo –uno más– porque pudimos seguir de cerca lo acontecido. Porque durante algunos días tuvimos la esperanza de que apareciera con vida. Porque se repitió la historia de tantas que han sido secuestradas, abusadas y muertas sin que ninguna autoridad pudiera o quisiera impedirlo. Porque se comprobó que ni los medios con su comunicación, ni los maestros con su educación, ni los padres con su preocupación, ni los curas con su religión, ni los artistas con su creación, ni los gobernantes con su chora interminable –ninguno– están llegando a la conciencia o corazón de quienes rinden culto al odio. Se confirmó un mundo negro traslapándose con nuestra realidad más cotidiana, dominándola incluso. En ese sitio la vida vale nada y, si es de mujer, vale menos que nada.

Ese mismo domingo, en el auditorio de la Guelaguetza de Oaxaca, otras mujeres sumaron sus voces para ayudar al Istmo de Tehuantepec, azotado durante el terremoto por todos conocido. Ellas fueron acompañadas por la Banda de Música del Estado de Oaxaca, dirigida por el maestro Eliseo Martínez, institución que está por llegar a los 150 años de vida. Hablamos de Eugenia León, Geo Meneses, Filippa Giordano, Tania Libertad, Susana Harp, Lila Downs, Alejandra Robledo, Ana Díaz y Aída Cuevas. Con ellas cantó el tenor Toño Cisneros, único solista varón de la noche. También participaron el grupo Raíces y la poeta Natalia Toledo, entre otros presentadores. La primera pieza fue “Pinotepa”, esfuerzo colectivo que sirvió para templar los ánimos de quienes multiplicados por once mil atestaron el recinto. La taquilla fue destinada a ayuda humanitaria y a la reconstrucción de Juchitán y demás ciudades heridas.

La primera que salió en solitario fue Eugenia León. Antes de abordar “La paloma” tuvo el acierto de citar estas décimas de Frino, publicadas en el libro Cortando rábanos: “Cantar es prenderle fuego/ al árbol de la memoria,/ incendiar la propia historia,/ poner en llamas el ego./ Pero el canto es también juego/ de palabras que hipnotiza;/ canta el Fénix y exorciza/ el sufrimiento y el llanto,/ y le permite su canto/ renacer de sus cenizas.” La siguió Geo Meneses con “El jinete” y “El cascabel”. De voz profunda e interpretación honesta, su presencia mandó la noche a una dirección menos transitada. Sumándose a las amigas de su segunda patria, la italiana Filippa Giordano eligió “No me platiques más” y una virtuosa “Ave María”. Entonces apareció Natalia Toledo para recitar dos poemas –en español y zapoteco– que remató con un verso dedicado a las oaxaqueñas, pasado el daño por el temblor: “De sus fisuras brotó el corazón de las mujeres.”

Sonó entonces el grupo sonero Raíces con “El toro Zacamandú” y “La bamba”. Lo siguió Toño Cisneros quien con gran técnica entonó “Mujer oaxaqueña” y el clásico “México lindo y querido”. Luego fue turno de Ana Díaz, con sus “Arrecifes de coral” y “Las amarillas”. Su voz educada dio paso a Tania Libertad, leyenda querida por la audiencia y primera en cantar en zapoteco (“La última palabra”), para después recordar a José Alfredo (“Vámonos”). Fue en ese momento que en Oaxaca se sintió México entero, justo antes de que todas compartieran “La llorona”.

Con la orquesta funcionando cada vez mejor (¡qué melancolía la de los alientos istmeños!), Alejandra Robles mostró su plétora física y vocal dramatizando “La bruja”, punto más aterciopelado de la tarde, dejando a la audiencia en vilo para la potencia de Aída Cuevas –la mejor cantante vernácula de México–, quien flotó sobre “La noche y tú” y la dificilísima “El pastor”. Tras una larguísima ovación, Aída presentó con generosidad a Natalia Cruz, una joven sorpresa que con vibrato antiguo echó luz diáfana sobre la música juchiteca del Porvenir. Maravillosa. Primero cantó a capela en zapoteco para luego triunfar con una “Tardecita” danzoneada y una magistral “Totopera” en cumbia ruda. Terminaron Susana Harp (“El feo”, “Naela”) y Lila Downs (“Mezcalito”), antes del esperado final con todos cantando “Dios nunca muere”, “La cumbia del mole” y “Canción mixteca”.

Así fueron las cosas el domingo pasado, decíamos, cuando las mujeres de México –una vez más– reactivaron la posibilidad del futuro. Marchando y cantando se hicieron una y, como pasa en las cárceles, hospitales y allí donde acontece una tragedia, apostaron por la bondad tras una atrocidad mayormente masculina. Sirva este espacio dominguero para amplificar su voz en lo individual y en lo colectivo, así como para señalar un cancionero con paisajes, comidas y personajes necesarios en tiempos de oscuridad. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

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