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Descifrar la pérdida
El regreso, Hisham Matar, traducción de Javier Guerrero, Ediciones Salamandra, España, 2017.
Por Elena Méndez

La dictadura de Muammar Gadafi ha sido uno de los períodos más cruentos que ha atravesado Libia. Uno de sus más férreos opositores, el empresario y activista Jaballa Matar, fue desaparecido por el régimen, aunque ya llevaba décadas como prisionero. Hasta la fecha se ignora su destino.

El regreso, novela de Hisham Matar, es un testimonio estremecedor. Una bitácora de la desolación pero, también, una valiente denuncia de la tiranía. El autor, nacido neoyorkino y con ciudadanía británica, ha recibido por esta obra los premios Pulitzer para Biografía o Autobiografía, Folio y PEN America Jean Stein Book Award.

Hisham viajó a su natal Libia en 2012, junto con su madre y su esposa. Llevaba treinta y tres años fuera del país. Jamás había cedido en su búsqueda del padre, encerrado en la monstruosa Abu Salim en 1990 y sin dar señales de vida desde hacía varios años.

¿Por qué Jaballa le resultaba tan peligroso al tirano? El propio autor lo explica: “sus recursos económicos estaban a la altura de su compromiso político. Era un líder. Sabía cómo controlar y organizar un movimiento […] también tenía un don para obtener grandes donaciones y viajaba por el mundo convenciendo a exiliados libios ricos para que apoyaran su organización”.

Era el único recluso que “cada noche, cuando la prisión se quedaba en silencio, recitaba poesía en la oscuridad”. También era el único que tenía la entereza de sugerirle a los compañeros que serían sometidos a desquiciantes interrogatorios que, de ser necesario, lo culparan a él.

Tras entrevistarse en 2009 con un exrecluso que asegura haber visto a Jaballa siete años antes –lo cual significaría que éste había sobrevivido a la masacre carcelaria de 1996–, Hisham retoma con mayor esperanza su búsqueda. La trascendencia que cobra el caso es innegable. “El embajador gritaba: ‘¿De dónde demonios ha salido este Hisham Matar?’” Acude a personajes relevantes como Nelson Mandela, quien declina apoyarlo, pues se siente muy comprometido con Gadafi, que lo había respaldado en su lucha contra el apartheid.

Me convertí en la espina del costado de los gobiernos libio y británico”, revela Hisham. Ambos gobiernos habían establecido estrechísimas relaciones por aquel entonces. Logra ser atendido por Seif el Islam, hijo de Gadafi, que pretende convencer a Hisham y a su hermano Ziad de establecerse de nuevo en Libia, pero ellos ponen sus condiciones para acceder. Sólo parcialmente se les conceden. Seif, sin embargo, pronto habrá de desenmascararse.

Tras la brutal represión de la disidencia, amenaza por televisión al pueblo: “Correrán ríos de sangre […] Este país nos pertenece.” Pero subestimó la voluntad inquebrantable de opositores como el clan Matar, que no sólo había padecido la ausencia de Jaballa sino también el confinamiento de otros familiares, quienes estaban hartos de que “la dictadura libia, como un amante celoso y desquiciado, se infiltraba en cada aspecto de la vida pública y privada”.

Uno escribe de lo que conoce. Las novelas descansan en la capacidad de tu corazón”, declaró alguna vez Hisham Matar, quien reconstruye su propia historia con el corazón, con las vísceras, con dolor y con rabia, pero también, con lucidez y valentía, descifra la pérdida, lucha contra el olvido, abraza el poder de la memoria y de la libertad. Reinstaura la patria forzosamente abandonada <

 

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