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Una aventura singular
33 revoluciones por minuto. Historia de la canción de protesta, Dorian Lynskey, Malpaso, España, 2015.
Por Orlando Ortiz

En nuestro país –tal vez también en otros– hay autores cuya calidad es indiscutible y pasan inadvertidos; más todavía si por azares del destino se han dedicado a la formación y a la promoción de lectores y autores en lugar de buscar “la fama” y el favor de críticos y editoriales importantes en el mundo del libro. Uno de esos paladines de las letras mexicanas es Agustín Monsreal, cuya trayectoria es loable y, no obstante, se desliza calladamente por las márgenes del cauce literario de nuestro país, que cada vez cuenta con más escritores favorecidos por la editoriales trasnacionales y cuya obra todavía está por verse en el futuro. Una golondrina no hace verano, dice la gente, y un libro no hace a un autor. Hay excepciones, pero son eso, excepciones, subrayo, porque seguramente serán muchos los que brinquen esgrimiendo como flamígera espada a Juan Rulfo.

Narrador y poeta, Monsreal destaca –y los buenos lectores así lo ubican– como cuentista por excelencia desde que en 1979 obtuvo el Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí con Los ángeles enfermos. De entonces a la fecha son numerosos los cuentarios y poemarios que ha publicado, independientemente de su actividad como editor, promotor cultural y coordinador de talleres literarios. Entre sus más recientes publicaciones está Mamá duerme sola esta noche, volumen que llama poderosamente la atención porque en la tapa se enuncia como novela y en la portadilla se lee: “Mamá duerme sola esta noche. Un cuento largo, muy largo, precedido de Reencarnación, un cuento corto, muy corto.”

Este libro, me parece, sintetiza en gran medida la trayectoria como narrador de Agustín, pues por un lado comprende una muestra de la maestría que ha alcanzado en el cultivo del cuento corto, él que ha sido un incansable promotor de ese género, y por otro se aventura en un cuento largo muy largo que es eso, un cuento, y adentrándose en el ámbito de la experimentación con el lenguaje, pues si algo lo distingue ha sido su inquietud formal en el género cuentístico. Por algo Emmanuel Carballo, si mal no recuerdo, lo señaló como el cuentista más original de su generación y, yo me atrevería a puntualizar: y de las siguientes.

Lo asombroso con el texto de Mamá duerme sola esta noche, es que a partir de una anécdota mínima, y con cuatro personajes lúmpenes (perdón por término anacrónico, dirían algunos) nos cuenta (algunos olvidan que los cuentos cuentan) las vicisitudes por las que atraviesan la noche anterior al día de las madres, como preámbulo para llevar mañanitas a sus “jefecitas”, aspiración atávica de todo buen hijo mexicano, dicen. Se prevén los lugares que visitan la víspera, cierto (antros de mala muerte, prostitutas baratas, Garibaldi, etcétera), pero lo original no es esa “aventura nocturna” sino el manejo del lenguaje, pues Monsreal lo inventa sin abandonar para nada los rasgos característicos de esa habla popular, arrabalera y urbana. Puede decirse que retuerce las palabras, “las hace chillar”, diría Octavio Paz, pero como las haría o las hacen chillar ese tipo de personajes. Son neologismos lúmpenes, no “cultos”, no a la Joyce, sino a la Pedro de Urdimalas o Chava Flores.

En pocas palabras, es un libro que se sale con mucho del actual canon y las modas narrativas. Es un libro que arriesga, que desafía, y consigue su propósito.

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