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Artes visuales
Por Germaine Gómez Haro

YVONNE DOMENGE

FORMAS QUE SON PRESENCIAS

 

En el principio fue la esfera, el cuerpo geométrico perfecto: evocación de la totalidad. La escultora Yvonne Domenge (Ciudad de México, 1946) ama las esferas y hace de ellas el vocablo principal de su lenguaje tridimensional. La esfera la ha acompañado desde la niñez cuando su padre –teólogo, músico y filósofo tomista– le enseñó “el orden profundo del universo y a escuchar la música de las esferas”, como una forma de intuir el orden inefable del cosmos, y asumir el asombro ante la perfección de la naturaleza. El universo escultórico de Yvonne es amplio y está integrado por toda una constelación de formas abstractas que nos conectan con el mundo vegetal y natural, como si develara ante nuestros ojos la esencia de un microcosmos que no podemos ver del todo, pero que intuimos. Sus formas se nos revelan como presencias que nos invitan a la introspección, a la contemplación, al goce estético.

Con motivo de su ingreso a la Academia de Artes, cuya ceremonia tuvo lugar el pasado 12 de agosto en el Museo Nacional de San Carlos, se presenta en ese recinto la exposición Cadena de creación que reúne piezas representativas de diferentes períodos de su ya larga trayectoria de casi cincuenta años. En el suntuoso patio oval del edificio neoclásico de Tolsá, la exposición da inicio con una cadena de eslabones de recinto y una torre del mismo material que encierra una serie de manos que también aluden a eslabones: “La cadena es mi última pieza y la torre la hice hace más de treinta años. Ambas se refieren a la cadena que formamos todos los humanos, a la continuidad de nuestra especie”, expresa la artista. El trabajo escultórico de Yvonne Domenge abarca una gran diversidad de materiales y sus formatos van desde piezas pequeñas que se pueden colocar sobre una mesa, hasta obras urbanas monumentales que alcanzan los 40 metros. El punto de partida consiste en “el diálogo previo a la técnica que todo artista debe tener con la materia”, enseñanza invaluable de su maestra vietnamita Somsy que la ha acompañado en todo momento.

Con pasión, devoción y esmero supervisa y cuida de cerca todos los detalles de su complejo proceso de manufactura, desde el concepto hasta la realización. En las piezas pequeñas investiga y experimenta con los materiales, y se da el gusto de echar a volar su imaginación, mientras que las obras monumentales requieren de un proceso tremendamente complejo. Al ver en espacios públicos esas gigantes “presencias” que evocan la perfección –unas pintadas de colores brillantes, otras más sobrias que conservan su piel metálica– uno no puede más que maravillarse de la elegancia y sofisticación de sus formas que son llevadas a la monumentalidad con un admirable sentido de la armonía y la proporción. La primera pregunta que la artista se plantea ante el enorme reto de proyectar una escultura de gran formato es escuchar qué le dice el espacio al cual será destinada para captar su esencia y la de los habitantes que van a interrelacionarse con ella. Así consigue “la gran congruencia con el entorno”, como expresa Louise Noelle, una de las autoras del espléndido libro Interconexiones que publicó Fundación Cultural Banamex en 2014. Sólo tomando en cuenta estos aspectos, la pieza logra integrarse al hábitat para formar parte de la intimidad de la comunidad. Por abstracto que sea el trabajo escultórico de Yvonne, su concepto temático parte siempre de una reflexión profunda que deviene en metáfora poética.

En la exposición se muestran también sus finísimos dibujos figurativos y abstractos que no son concebidos como bocetos, sino como ejercicios que ella califica de “actividad humana que es un acto de libertad”. Yvonne Domenge es una artista fresca y alegre como sus piezas. Hace unos años viajamos juntas, con la pintora Carmen Parra y otras amigas, a Sicilia. Fui testigo de la mirada arrobada de Yvonne ante la majestuosidad de las ciudades arqueológicas de Agrigento y Selinunte. Pero el plato fuerte para Yvonne fue la espectacular Venus de Morgatina, escultura clásica del siglo V aC. que fuimos a buscar al remoto poblado de Aidone. Yvonne captó de esta imagen la belleza sublime de su elegante sencillez y estoy segura de que esta efigie trastocó su creación: “Es la pieza que más me ha impactado en mi vida”, no se cansa de repetir. El arte de ayer y de hoy teje vínculos secretos cuando su esencia es verdadera: en eso consiste la cadena de creación. Yvonne ha sabido absorber las lecciones del arte universal de todos los tiempos y su escultura, plenamente contemporánea, es síntesis del devenir de los siglos. Sus formas son presencias que son esencias de todos los tiempos.

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