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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Tom Petty ha muerto, por un rato

“Ella es una buena chica que ama a su madre, a Jesús y a Estados Unidos también. Ella es una buena chica que enloquece con Elvis, ama a los caballos y a su novio también. Es un largo día viviendo en Reseda, allí donde una autopista corre cruzando el campo y yo soy un chico malo, porque ni siquiera la extraño. Soy un chico malo por romper su corazón.” Así comienza el primer disco solista de Tom Petty, Full Moon Fever. Hablamos de la enorme “Free Fallin’” (escrita junto a su colega y cómplice Jeff Lynne), catalogada por la revista Rolling Stone como una de las mejores quinientas canciones en la historia del rock. Desde nuestras carencias, conmovidos por su poderosa melancolía, estamos de acuerdo. Escuchándola repetidamente nos entristecemos por su muerte repentina, por no haberle puesto más atención en el último tranco de su vida. Ahora, este domingo, comenzamos a pagar la deuda.

“Y soy libre, en caída libre”, dice luego en su majestuoso coro. Recordamos cuando “Free Fallin’” sonaba en la radio y apareció su videoclip. Con quince años cumplidos, nuestra conexión con Petty ocurrió en 1989, justo cuando ingresa a MTV aportando un cancionero retro pero fresco, necesario entre la muerte del new wave y la venida del grunge. Un cancionero creativo hasta en la presentación de imágenes, pues supo aprovechar su carismática postura (hay que verlo en “Don’t Come Around Here No More”, cuando hace el papel del Sombrerero aludiendo a Alicia en el país de las maravillas). Desde luego que para ese momento ya tenía siete discos al lado de su legendaria banda de apoyo, los Heartbreakers, con quienes se había forjado una exitosa carrera en Estados Unidos e Inglaterra desde finales de los setenta. Pero fue claro que hubo un antes y un después tras la aparición de Full Moon Fever.

Los vampiros caminan a través del valle, se mueven hacia el oeste por el Boulevard Ventura. Y todos los chicos malos están quietos en las sombras, y las chicas buenas, en casa con los corazones rotos”, canta después del primer coro de “Free Fallin’”. Está clara su maestría urdiendo melodías sobre guitarras electroacústicas, navegando en la llamada Americana, género que abreva en el folk, el bluegrass y el country, pero que tiende puentes hacia el rock, el pop y el universo electrificado. También está clara su sensibilidad lírica; una capacidad fina que teje metáforas sutiles sobre realidades de concreto duro, pero que toma sin pena las tradiciones del viejo rock and roll y los baladistas del rhythm and blues para inyectarles tímbricas de modernidad moderada, atemporal.

¿Ya dijimos que su muerte fue repentina? Sí, ya lo dijimos. Imagine, lectora, lector: apenas el 25 de septiembre pasado Tom Petty dio tremendo concierto en el Hollywood Bowl de Los Angeles, California. No. No estuvimos allí, pero hemos revisado el registro de ese día y nos parece notable. Inspirador. Hombre sabio y bien querido por diferentes –y hasta contrarias– melomanías, aún tenía mucho para dar. Sin duda. Porque su oficio es de los que tienden a mejorar con el tiempo; porque venía de la vena de artistas con largo y reflexivo aliento, como aquellos con los que compartió talento en el súper grupo Los Traveling Wilburys. ¿Lo recuerda? Fue allí donde sonaron junto a él –¡leer con atención!– Bob Dylan, George Harrison, Jeff Lynne y Roy Orbison. De no creerse la alineación. Su primer álbum salió en 1988, el segundo, ya sin Orbison (muerto igualmente por un paro cardiaco) es de 1990. De ese período son las piezas “Handle With Care”, “End Of The Line” y “Last Night”.

Otra de las colaboraciones notables de Tom Petty se dio con Stevie Nicks (Fleetwood Mac), en “Stop Dragging my Heart Around”. Sucedida en 1981, es otra prueba del balance entre el pop imperante y un esfuerzo por preservar la sencillez de composiciones que mantienen a la música por encima de sus propios creadores. Y tampoco podemos soslayar que Petty y los Heartbreakers fueron la banda de soporte de Johnny Cash y del propio Dylan, ni que el nacido en Florida compartió créditos con Joni Mitchel o Ringo Starr, entre muchos más.

Dicho eso, tras una existencia prolífica, pulcra y generosa, el de la sonrisa franca y los dientes chuecos puede descansar tranquilo. Murió en estado creativo y regresará siempre a nuestros oídos. Así lo auguran los últimos versos de “Free Fallin’”, antes de un largo coro final: “Quiero planear sobre Mulholland, quiero escribir su nombre en el cielo, quiero una caída libre hacia la nada… voy a dejar este mundo, por un rato.” Esperamos que así sea, pues aún hay corazones que romper. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

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