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Biblioteca fantasma
Por Eve Gil

Fronteras en el tiempo

En 1947, la editorial Rinehart and Company de Nueva York publicó Step down, elder brother, de la escritora mexico-estadunidense Josephina Niggli. Apártate, hermano, su título en español, se tradujo cincuenta y tres años después de publicada la original, en 2003, gracias a David Toscana.

Josephina no cumple con el principal requisito para ser considerada “chicana” pues nació en Monterrey, Nuevo León, en 1910, hija de inmigrantes estadunidenses. En 1931 se marcha a la Universidad de Carolina del Norte donde cursa Periodismo y Teatro. Escribió guiones fílmicos para la Twentieth Century Fox, entre otros una adaptación de una de sus novelas, Mexican Villlage, titulada Sombrero, así como varios episodios para la popular serie de televisión Twilight Zone. Fue distinguida con diversos premios, entre otros, la beca Rockefeller y el reconocimiento concedido por la Mayflower Association a la mejor novela gracias a Mexican Village, en 1946. Murió en Texas en 1983.

Como los escritores chicanos, se expresa en lengua inglesa y escribe desde Estados Unidos. Lo que la inserta en el espectro del estudio de la literatura fronteriza, sin embargo, es que sus personajes son mexicanos; sus tramas se desarrollan en nuestro territorio y aborda la problemática fronteriza del mexicano respecto al estadunidense, y no a la inversa. Los habitantes de sus novelas, que son los de la frontera norte, representan esa nueva especie de mexicano a la que aludía José Vasconcelos, no sin cierto desdén.

Apártate, hermano, a diferencia de la novela fronteriza tradicional que subraya una excentricidad respecto al sur y, muy concretamente a Ciudad de México, presenta un discurso paralelo donde se refrenda la mexicanidad por encima de la cultura invasora de Estados Unidos. De ahí que Domingo Vázquez de Anda, el protagonista, hombre conservador que se muestra exageradamente orgulloso de su origen español en cuya genealogía no interfiere herencia autóctona alguna, se enamore locamente de una mujer sureña, Márgara. Esta relación es mostrada casi como interracial.

La historia del progreso de Monterrey corre paralela a la de la emancipación de los hijos de la familia Vázquez de Anda. Curiosamente, no es el padre quien decide el destino de sus hijos, sino el tío Agapito, es decir, el hermano menor de don Pedro Vázquez de Anda. Agapito nunca pudo engendrar hijos propios con Tecla, su mujer, y termina adueñándose de los de su hermano. Su poder económico rebasa cualquier débil intento de los sobrinos por zafarse de su dictadura. Probablemente sea la razón por la que Domingo permanezca soltero a los treinta y cinco años, aunque podría deberse también a una decepción amorosa. Su enamoramiento por Márgara, tras haber adorado a Doris, una gringa, se produce de manera harto extraña: acude a un estudio fotográfico acompañado a su amigo Tito, quien planea hacerse un retrato para obsequiárselo a su madre el día de su cumpleaños, y atisba por entre un cortinaje la larga cabellera y la morena mitad de un rostro femenino de una mujer trajinando entre los cuadros. Más tarde, la fugaz pero espléndida visión de la empleada, que resulta ser hija del siniestro propietario del estudio, empatará en la caballeresca imaginación de Domingo con la de la Xtabay, del autor yucateco Antonio Mediz Bolio, la mujer demonio de las leyendas mayas.

El afán por cuidar las apariencias alcanza tales niveles de absurdo, que uno no puede evitar preguntarse si la verdadera intención de Josephina sería escribir una sátira sobre el Monterrey cosmopolita y pueblerino de un tiempo. Los chistes se suscitan uno tras otro en boca de los propios regios, que parecen habituados a reírse de sí mismos. Exhibe la intimidad de la familia Vázquez de Anda que pareciera de pronto una metáfora de aquella industriosa sociedad, recurriendo a reminiscencias shakespearianas donde las parejas se conforman y desconforman a placer de un dios caprichoso.

La frontera se manifiesta de muchas formas en Apártate, hermano. La física que separa a México de Estados Unidos es la más constante, aunque es la del propio México, invisible valla entre el norte y el sur, la que se nos presenta como la más temible, simbolizada en la relación entre Domingo y Márgara. Domingo descubre el horrible secreto que oculta Márgara y los obstáculos parecen desvanecerse en el agua, levantando su propia frontera entre él y su amada, pero antes de esto ellos han cruzado el Río Bravo, tomados de la mano, en una circunstancia extraordinaria que los fuerza a experimentar el dolor físico-moral de la ilegalidad: la extraña sensación de hurtar lo que les pertenece.

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