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La permanencia cultural
Las lenguas de América. Recital de poesía i yii Recopilación de Carlos Montemayor, UNAM, México, 2005 y 2010.
Por Ricardo Guzmán Wolffer

El título apenas hace justicia al contenido de estos dos tomos. Más que un recital de poesía, los textos escogidos por Carlos Montemayor se traducen en una llamada a la multiculturalidad y a entender que las lenguas de América no compiten entre sí. Tienen el mismo peso lingüístico el inglés que el zapoteco, el portugués que el quechua. En esta recopilación conviven las cuatro lenguas europeas establecidas en América (francés, inglés, español y portugués), cuatro lenguas indígenas del continente y ocho de México.

 

La lengua como reducto cultural

La importancia de exponer para preservar las lenguas va mucho más allá de la expresión verbal: una lengua es el punto más alto de una cultura. Cuando se acaba una, se pierde una visión del mundo única. Explica Montemayor que, a la llegada de los españoles al actual México, había aproximadamente 170 lenguas indígenas; a finales del siglo XIX, quedaban cien. Al inicio del siglo XXI, quedan sesenta y dos. Las causas de tal reducción son múltiples: que los grupos indígenas se integran al mestizaje cultural por la migración a zonas urbanas, o a otros países; por la desaparición de los pueblos mismos ante la paulatina disminución poblacional; porque los grupos indígenas cambian su estructura social o política para mantener su presencia y tradición cultural.

El recital de poesía atiende a un derecho básico: el de preservar una cultura. ¿Acaso no todas tienen el mismo derecho a sobrevivir? En tiempos de segregación, donde el representante de la máxima potencia económica del planeta argumenta un extraño derecho de antigüedad donde los migrantes viejos tienen mejores derechos que los migrantes nuevos, sin entender que la vitalidad de toda cultura se define no por su capacidad de resistir a los cambios, sino por su habilidad para adecuarse a los nuevos tiempos, es importante establecer que la lengua de quienes parecen sólo conocer el odio y la destrucción tiene exactamente el mismo peso cultural y lingüístico que el idioma de pueblos numéricamente menores. En una verdadera democracia, el más pobre tiene los mismos derechos que el más rico. Y esta exposición bilingüe de poemas muestra que el concepto poético es universal, que emparenta a todos esos escritores.

Una de las riquezas indiscutibles del continente son sus idiomas. Su defensa radica en su ejercicio, en su uso cotidiano, para el canto, la broma, el doble sentido que anida en el humor de cada pueblo: el pensamiento basado en la estructura predominante en cada idioma. La literatura de América usó el latín en el siglo XVI y hasta el XVIIIi, pero dejó de ser cotidiana para pasar a las vitrinas de bibliotecas y museos. Los cantos indígenas estuvieron desde antes de la llegada de los conquistadores, durante la colonia y ahora resurgen a la claridad: deben ser preservadas.

 

La equidad lingüística

Los publicistas de Shakespeare o de Cervantes enarbolan la bandera de los idiomas “superiores” por su complejidad y “grados de crecimiento”, para diferenciarse de los otros, reduciéndolos a “dialectos”. La igualdad entre los primeros y los segundos radica, además de la evidente equiparación conceptual de las culturas, en que no hay tal superioridad: todos esos sistemas pueden definirse en los mismos términos, “con el ordenamiento gramatical necesario para una compleja gama de comunicación abstracta, simbólica, metafórica, imperativa, lúdica, a partir de un sistema fonológico particular”, explica Montemayor. Los dialectos son, simplemente, usos regionales de cualquier idioma. Las variaciones de los idiomas más usados del continente son claros en el léxico, la fonética y la sintaxis: el español varía por países y por zonas: de Buenos Aires a Monterrey, de Andalucía a Mérida, por ejemplo, las variantes son claras. En el inglés ni se diga: su uso en las zonas rurales del sur estadunidense apenas se asemeja al mismo idioma en Irlanda, Escocia, Boston, verbigracia. Esos son dialectos, no lenguas.

Solemos olvidar que las lenguas que ahora se escuchan a lo largo del continente estaban ahí desde mucho antes de que se nombraran los países como ahora se les conoce. Su existencia no está relacionada con el concepto de nacionalismo como hoy esperamos encontrarlo en comunidades indígenas tan poco parecidas como las que hay al norte del país (errantes, cazadoras o recolectoras, adecuadas al entorno según la estación) con las del sureste (sedentarias, agricultoras, constructoras): si no lo estuvo en sus orígenes, ¿cómo habría de esperarse que así sucediera ahora? Esas culturas han sobrevivido incluso a los embates de la oficialidad, al conquistador del paisaje y de los recursos naturales; y sus lenguas son una manifestación más de ello.

 

Mundos paralelos

El egocentrismo social rehúye la noción de que cada una de las culturas indígenas subsiste a la par de las lenguas mayoritarias. Durante años, la historia de la oficialidad apenas se ha ocupado de la historia de las culturas y pueblos indígenas. La creación de institutos indigenistas conlleva el concepto de que las lenguas indígenas son una suerte de reliquia inmóvil que debe preservarse casi a la par de los monumentos antropológicos, como si no fueran pueblos vivos que se nutren de muchas fuentes hasta llegar a los extremos de que sean bilingües por hablar la lengua originaria y el inglés, al trasladarse casi todos los meses del año a trabajar en Estados Unidos. En Oaxaca no es raro encontrar cursos para mejorar esos dos idiomas, sin atender al español. También de culturas ajenas a la nacional se nutren esos pueblos. Ni se diga ahora con las herramientas del internet.

Los registros de cada pueblo pueden rastrearse en su literatura, a veces escondidos en las metáforas de los poemas bucólicos, a veces expresamente manifestados. Esa historia indígena apenas se advierte en las publicaciones oficiales: es un proyecto político ajeno a sus necesidades, al menos, sin duda, a la de registrar sus dificultades y la manera en que han solventado los retos de la sobrevivencia. Muchas veces a pesar de los embates centralistas.

 

Poetas elegidos

Los datos curriculares de los escritores seleccionados evidencian la cuidada selección por parte del maestro Carlos Montemayor, cuyos conocimientos de estas y muchas otras lenguas sigue impactando en las generaciones que no lo conocieron en persona. Los temas tratados van de lo bucólico a lo sagrado, de lo social a lo mágico. Tocan lo humano y lo divino. Son la poesía poliédrica universal.

La lectura de estos valiosos tomos bilingües nos recordará que, por encima de cualquier análisis, la lengua indígena, con su poesía inherente, conmueve y nos reconecta con nosotros mismos a muchos niveles u

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