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Cinexcusas
Por Luis Tovar

Morelia 15 (I DE II)

 

Desde el pasado viernes 20 y hasta hoy domingo 29 se celebra la decimoquinta edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), cuya madurez y nivel de calidad están fuera de toda duda desde hace varios años. Una mínima ojeada a parte de lo mucho que ha podido verse lo constata:

Nelyubov (2017), coproducción ruso-franco-belga-alemana dirigida por Andrey Zvyagintsev, obtuvo el Premio del Jurado en el más reciente Festival de Cannes, y con sobrada razón: algunos han preferido “desamor”, pero el título parece más adecuadamente traducible como “desapego” si se considera la trama: se trata de un matrimonio de mediana edad con un hijo menor que un día se va de casa para no volver, como queriendo evitarse la obligación de atestiguar el cotidiano proceso de envilecimiento y degradación emocional en el que sus padres llevan involucrados prácticamente todo el tiempo que llevan siendo pareja, durante el cual se han vuelto absolutamente incapaces de la más mínima generosidad, no sólo para con el otro sino con su propio hijo.

Twój Vincent (Polonia-Reino Unido, 2017), codrigida por Dorota Kobielqa y Hugh Welchman, lleva por título la despedida que Vicent van Gogh solía poner en las decenas y decenas de cartas que le escribió a su hermano: “tu amado Vincent”, y es precisamente esa correspondencia fraterna el hilo conductor de este filme que apuesta, como antes han hecho varios, por una hipótesis en particular que explique las razones por las cuales el pintor holandés se quitó la vida de un disparo. Empero, el principal interés de esta cinta no consiste en el argumento, que puede resultar un tanto manido, sino en dos aspectos: el tratamiento narrativo, que corre por las vías del género policíaco, y la solución formal, ésa sí verdadero prodigio: la película entera fue plasmada –y luego animada digitalmente– en cuadros hechos por una centena de pintores, basados en su enorme mayoría en la obra plástica del propio Van Gogh. Tan sólo ese aspecto la vuelve una cinta memorable.

Wonder Wheel (EU, 2017). Esta es la película más reciente de Woody Allen y tiene, entre muchas otras virtudes, la capacidad de dejar callados a los eternos y gratuitos ninguneadores y perdonavidas que han acompañado al autor de Manhattan a lo largo de su dilatada carrera. Ubicada en el Long Island de los años cincuenta del siglo pasado, es decir en su época de pleno esplendor, esta Rueda de la fortuna sucede precisamente con la atracción de feria emblemática como telón de fondo, así como alegoría y símbolo perfecto de lo que la historia cuenta: el ascenso y caída, como en anillo de Moebius, del bienestar no sólo material sino sobre todo amoroso, emocional e incusive psicológico, de un grupo de personas unidas por lazos ya de sangre, ya afectivos, que se quisieran menos endebles y más duraderos de lo que a final de cuentas suelen resultar. Esta nueva radiografía alleniana del alma colectiva, sobre todo femenina, realizada como si mirara en el microscopio a su personaje principal –interpretado por una soberbia Kate Winslet–, se ubica sin duda entre las películas “de hasta arriba” de la extensa filmografía del prolífico autor neoyorquino.

Un beau soleil intérieur ( 2017, Francia) o “una bella luz interna”, dirigida por Claire Denis a partir de un guión suyo y de la estupenda narradora Christine Angot, pone sobre los hombros de Juliette Binoche la enorme carga de un personaje complejo y contradictorio: adorable, detestable, quizá irredimible, todo a la vez, como la propia vida que lleva y, por extensión, como la trama del filme. Pintora talentosa incapaz de procurarse ya no se diga la felicidad sino al menos la alegría constante, Isabelle/Juliette representa bien un carácter social cada vez más presente en el mundo contemporáneo: el que resulta luego de varias décadas experimentando, en la cultura occidental, eso que Sigmund Freud llamó “malestar”, que puede ocurrir –o quizá ese es su medio ideal– justamente a mitad de un bienestar en otros rubros que acaba ocultando una insatisfacción mucho más profunda que la falta de éxito o reconocimiento, e incluso de talento.

Toivon tuolla puolen (Finlandia-Alemania, 2017) es el filme más reciente de ese cineasta inclasificable que es el finés Aki Kaurismaki, en donde vuelve a dar una muestra de la peculiar combinación en la que consiste prácticamente toda su filmografía: clasicismo formal y un estilo personalísimo. Traducida como “El otro lado de la esperanza”, Kaurismaki habla aquí de la migración de Medio Oriente a una Europa poco empática más allá del discurso oficial, así como de las soluciones a ras de suelo surgidas entre la gente común, todavía capaz de la solidaridad.

(Continuará.)

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