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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Aclarando amanece

Somos porque nos acordamos. Nomás por eso. Que si no… cada mañana estaríamos recién nacidos, inmaculados sin nombre ni apellido. Eso nos dijo un músico viejo hace algunos años. Pensando en ello, sin arrojarnos a los abismos descartianos del “pienso, luego existo”, hoy domingo metemos el pie en la alberca de la memoria impulsados por un libro que llegó a nuestras manos y que, precisamente, ofrece recuerdos de un personaje entrañable en la música veracruzana. Sí, recuerdos suyos de él a quien no conocemos –ni conoceremos, seguramente– pero que hoy podemos imaginar hablando, que hoy podemos buscar tocando el violín en esa otra bóveda digital en la que todo vertemos y tan poco nos reconocemos.

El libro se llama, certeramente, Aclarando amanece, conversaciones con don Heráclito Alvarado Téllez, huapanguero veracruzano. Su diseño editorial es notable (corrió a cargo de Patricia Reyes, a quien felicitamos). Trabajo de Ediciones del Lirio para Pluralia, está enriquecido por las características ilustraciones del artista gráfico y músico Alec Dempster, ave rara de cuyo gran talento hemos hablado en el pasado. Inaugurado con los relámpagos decimeros de Guillermo Velázquez (sí, el mismo de los Leones de la Sierra de Xichú que celebrábamos hace ocho días, lectora, lector), tiene además un prólogo de Román Güemes, escritor, investigador y músico veracruzano experto en sones y lengua náhuatl.

Todo ello cohabita en sus páginas enalteciendo la sustancia central, una serie de entrevistas –prosificadas en primera persona– que su autora, Aideé Balderas, supo desarrollar con respeto y sensibilidad para dejar una huella profundamente humana, extra musical, que da cuenta del paso de don Laco por este mundo. Abordando los tópicos torales de la existencia sencilla (familia, vejez, infancia, música, muerte, comida, casamiento, etcétera), su riqueza se halla en el conocimiento del contexto que origina a este y otros músicos de renombre, más o menos conocidos en el son, así como en la gracia de su oralidad, naturalmente capturada por quien lleva años comprometiéndose con la tradición latinoamericana.

Nacida en Ecatepec –hace cuatro décadas, enraizada en la Huasteca potosina, tierra de sus padres, Aideé se licenció en Filosofía en la UNAM. Fotógrafa, productora y conductora radiofónica, colaboradora de este mismo periódico (La Jornada del Campo), desde 2009 mantiene la emisión Son y Tradición del Instituto Mexicano de la Radio (Radio Ciudadana 660 AM), en donde también conduce la serie Trovadores y juglares: la tradición del verso improvisado. Por si fuera poco, dirigió el documental ¡Soy carnavalero! La fiesta del carnaval en Colatlán, y produjo discos de la misma región (uno de ellos, justamente, el del Trío Colatlán de don Heráclito Alvarado: Memorias de la tradición volumen 2). Su trabajo la ha llevado a congresos, jornadas y festivales en Cuba, Panamá, Puerto Rico y España, países con los que ha establecido puentes de música y palabras.

“Yo ya no quiero ir a tocar esos sones de difunto porque me siento mal, porque pienso y me acuerdo que ya no tengo a mi mamá”, dice don Laco en el capítulo dedicado a los sones para difuntos, antes de internarse en la tradición del Xantolo (celebración del Día de Muertos en distintas partes de la Huasteca). Allí mismo explica: “Me debilito cuando toco esos sones, porque lo que toco es muy sentimental, como que ‘se me bajan mis lágrimas’.” Lúcido, transparente, tierno y valiente, el personaje se nos ofrece como en un documental de campo que evita el protagonismo de su creadora, algo encomiable en tiempos de narcisismo desenfrenado.

Aceptando su destino como miembro de una comunidad que lo necesita para amplificar fiestas, carnavales, velorios y ritos relacionados con la agricultura y el clima, don Heráclito señala los cambios sociales que han ido degradando el valor del músico, quien básicamente entrega su oficio a cambio de nada o de muy poco, con tal de mantener su sentido vital. Mientras avanza en su narración nos topamos con tamales, elotes, ofrendas, costumbres, colegas y anécdotas variopintas que la vuelven entrañable, real, necesaria. Lo que más nos sorprende, empero y volviendo al inicio, es su memoria, su capacidad para hilar nuevos mantos literarios con madejas que –de no ser por Aiddé Balderas– quedarían guardadas en los cajones del olvido y el desuso. Incluso nos gusta el abrupto final que presenta: “Bueno, pues aquí la dejamos, espero que algo hayamos aclarado porque ‘aclarando amanece’.” Nos gusta porque subraya el ritmo y objetivo de una conversación casual, mientras termina el día y su protagonista, quitándose del centro, continúa su camino natural. Así nosotros. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

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