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Día de muertos: entre pactos y celebraciones
'Hierba Santa', F.G. Haghenbeck, bajo el seudónimo de Alexandra Scheiman, Planeta, México, 2016.
Por Andrea Tirado

El escritor mexicano Francisco Gerardo Haghenbeck presenta, bajo el seudónimo de Alexandra Scheiman, el libro Hierba Santa, título que hace alusión a una libreta que habría pertenecido a la pintora Frida Kahlo, supuestamente regalada por la fotógrafa Tina Modotti, y cuyo nombre completo era: El libro de Hierba Santa. En ella, Frida habría anotado una colección de recetas de cocina que elaboraría exclusivamente para sus ofrendas del Día de Muertos.

Según el autor, dicha libreta se exhibió por primera vez en la monumental exposición en homenaje a Frida en el Palacio de Bellas Artes (2007); sin embargo, la libreta desapareció el mismo día de la inauguración.

Esa libreta desaparecida es el pretexto del autor para concebir una novela con datos biográficos de Frida Kahlo. No se puede decir que se trate de una biografía sino que, con datos reales, el autor imagina diálogos que bien podrían haber existido entre la pintora y otros personajes. De tal manera, el lector es testigo del coqueteo entre Frida y Trotsky, de la complicidad con Tina Modotti, así como de la enemistad entre Frida y Lupe –la primera mujer de Diego– que después se convertiría en amistad.

Entremezclados con estos personajes reales se encuentran dos seres de distinta naturaleza, quienes a la manera de Ixca Cienfuegos en La región más transparente, serán omnipresentes y podrán convivir con los vivos en ocasiones; una suerte de conciencia, de recuerdo constante del destino inevitable. Uno de esos personajes es un jinete que monta un caballo blanco: es El Mensajero, y siempre aparece como emisario de quien será La Madrina de Frida, que no es otra que la Muerte.

La Madrina aparece en el momento del bien conocido accidente de Frida en el autobús. Es entonces cuando el autor imagina el pacto que nace entre Frida y aquélla: un pacto que nace por súplica de la pintora, quien a sus dieciocho años no se sentía lista para morir. Frida elige la vida y, a cambio, La Madrina –cuyo rostro está cubierto por un gran sombrero con velo– le exige una ofrenda cada año y le advierte: “Siempre desearás haber muerto hoy. Me encargaré de recordártelo cada día de tu vida.” Así comienza el tortuoso camino de Frida que el escritor irá retratando a lo largo de la historia.

Al final de cada capítulo el lector se encontrará con una receta relacionada, de una u otra manera, a un acontecimiento o personaje del capítulo en cuestión. Acompañando las recetas y como texto introductorio, el autor imagina una narración en primera persona, en la cual toma el lugar de Frida Kahlo, imaginando lo que ella habría escrito en su libreta. Por ejemplo, en el capítulo sobre la boda Rivera-Kahlo, Haghenbeck-Frida escribe: “Mi boda fue en el pueblo y para el pueblo. Mi boda fui yo. Los demás, a los que no les gustó, que tiznen a su madre.” A eso le sigue la receta de un delicioso mole poblano, el cual es, según Haghenbeck (o Frida), “la unión de las dos culturas de donde venimos los mexicanos: la española con la almendra, el clavo y la canela; y la indígena, con la gran variedad de chiles y el cacao. Es un platillo para celebrar”.

Desfilan en esta novela, personajes como la ya mencionada Tina Modotti, su “doctorcito” y comunista Leo Eloesser, Rockefeller, Miguel el Chamaco Covarrubias, lo mismo que varios de sus amantes, como Nickolas Muray, o Georgia O’Keeffe, entre muchos otros.

Haghenbeck relata además episodios clave en la vida de Frida, como su viaje a Nueva York para exponer en la galería de Julián Levy; la traición de su hermana menor, determinante para su divorcio; el segundo matrimonio Rivera-Kahlo; su viaje a París, en donde se codea con Éluard, Breton, Ernst, Nin y Miller; su etapa como maestra en la afamada pulquería La Rosita, y finalmente su paulatino deterioro hasta llegar al día de su muerte en 1954, año en el cual no habría ofrenda por parte de la pintora.

Junto con La Madrina y El Mensajero, Frida se encuentra con seres que transitan entre el mundo de los vivos y el otro. Como si Frida, por haber rozado la muerte, por haber hecho un pacto con ella, tuviera la sensibilidad para percibir a esos seres que están entre dos mundos.

Además de narrar la historia de Frida Kahlo, Hierba Santa elabora un buen retrato de lo mexicano, del folclor, de nuestra diversidad y de nuestras paradojas. Este libro resulta ser un mosaico de Frida Kahlo, del ambiente artístico, cultural y político de México en los años postrevolucionarios, pero también se convierte en un excelente recetario de los principales platillos mexicanos. Rinde homenaje a nuestra gastronomía que, con justificación de sobra, es patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

Este libro hace evidente que la muerte es parte de nuestro cotidiano; que los mexicanos la celebramos y nos reímos con ella en vez de temerle; que la comida representa la vida y el goce, pues la muerte es parte inevitable de la vida. Es por ello que cobra sentido la frase que habría escrito Frida en su libreta: “Ten el coraje de vivir, pues cualquiera puede morir.”

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