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Poe y Lovecraft: el génesis de la maldad

En la literatura fantástica puede encontrarse el trasfondo de la dualidad humana: el origen del bien y el mal. La pareja formada por Edgar Allan Poe (EU, 1809-1849) y Howard Phillips Lovecraft (EU, 1890-1937) establece, en el terreno de la literatura, las únicas dos opciones sobre la procedencia del mal y las consecuencias que tiene en las víctimas: el mal viene del interior del hombre o es ajeno a él. En los dos casos, la humanidad está a merced de esa fuerza, prácticamente invencible.

 

Poe y el mal interior

En el cuento “El corazón delator”, de Poe, estamos ante el relato de un homicida que mata a un anciano cuya mirada le incomoda, lo corta en pedazos y lo oculta bajo el piso de la habitación. Cuando la policía llega, el narrador se entrega pues no puede tolerar los latidos que escucha provenientes del cadáver bajo los tablones. En algún momento incluso se refiere a sí mismo como “loco”, aunque establece que ello sólo es “un refinamiento de los sentidos”. Poe tiene varios textos donde la maldad tiene muchas variantes, pero “el corazón” resume el punto: la maldad humana, con locura o no, proviene del interior de las personas. En el texto, es la culpa la que lo traiciona, pero en ningún momento establece que el deseo de matar proviniera de ningún otro lugar más que de su interior y su peculiar aversión al ojo del asesinado, que lo obsesiona y repugna, al grado de orillarlo a matar. Los criminalistas dirían que la maldad humana deviene del hombre y sus circunstancias, su entorno social. Pero Poe precisa que los malvados son una suerte de locos: no es que desconozcan el sentido de sus actos, sino que esa maldad, como si fuera un parasito maligno, los invade por dentro y los orilla al horror. Y los límites de la crueldad y el desprecio por la vida humana pueden llegar a casos insospechados. Poe proyecta esa desazón hasta en el cuervo del texto de igual nombre: es el hombre el que sufre. El propio Lovecraft señala en su ensayo “El horror sobrenatural en la literatura” que “Poe nos ha dejado la visión de un terror que nos rodea y está dentro de nosotros”.

 

Lovecraft y el mal invasor

Lovecraft, por el contrario, establece implícitamente que la maldad, que acabará con la humanidad, viene de fuera del ser humano. De este autor se sabe que era un solitario enfermizo, se le tilda de racista y sexista, y se establece que sus personales fobias están expuestas en los argumentos donde los “otros”, los extraños que llegan a su país o al lugar del relato en turno, son malvados. Sin embargo, HPL va más allá. No se trata de humanos malvados los que acechan a sus personajes: son emisarios de deidades malignas, capaces de acabar con ciudades y mundos.

Y ambos autores están hermanados en obra: en “Las aventuras de Arturo Gordon Pym”, de Poe, y luego “En las montañas de la locura”, de HPL, se establece la admiración del segundo por el primero, pues hpl cita a Poe: “Gordon Pym” puede interpretarse como la huida de sí mismo del autor, es un viaje de descubrimientos donde parece querer dejar atrás su ego; y, a cambio, HPL concluye el trabajo recordándonos que el mal vive con independencia del hombre y es capaz de arrasarlo. En la obra central de HPL, la llamada Los mitos de Chtulhu, se establece que el mortal es casi una mascota o simple ganado de esos dioses terribles que cada tanto dejan las estrellas lejanas y bajan a la Tierra, o sus emisarios salen de lugares escondidos para acabar con ciudades o personas. Los monstruos de Lovecraft acechan y matan: son la encarnación de la maldad que asedia al ser humano. Como si las personas fueran esencialmente buenas pero se hubieran contaminado por la sed de sangre de esos dioses de nombres complicados.

 

Lo ilusorio universal

Los relatos fantásticos tienen muchas aristas: seres extraños, se rompen leyes naturales, argumentos inesperados, pero siempre hay un presupuesto: el hombre es esencialmente malo o se vuelve así por entidades ajenas a él y al género humano. Sin duda, la amplitud de la obra de ambos autores podría llevar a precisiones sobre cómo se volvieron malos esos hombres: HPL tiene obras donde lo sobrenatural proviene del folclor local, vampiros, brujos y ratas son los causantes del terror, pero, incluso en esos casos, son fuerzas sobrenaturales que influyen en el hombre.

Hay otros autores de literatura fantástica que tocan temas relativos a esta maldad inherente al género humano y hasta podría decirse que Poe y HPL no son uniformes al hablar de este aspecto, pero la base de su literatura descansa en este presupuesto: el génesis de la maldad. Los tratadistas religiosos discuten la eterna pregunta de si el Dios de cada uno le inculca la locura depredadora a cada persona. Pero primero hay que establecer si efectivamente somos malos sin la participación de otras voluntades; si depende de cada uno permitir que esos instintos devastadores se exterioricen, o si somos unas marionetas de lo que está fuera de nosotros. La criminología, la psicología y demás disciplinas que estudian al hombre tendrán su respuesta, pero en lo literario Poe y HPL parecen cerrar las posibilidades.

 

Influencias actuales

De los autores contemporáneos de terror, el más famoso es Stephen King. En uno de sus mejores libros, Salem’s lot, un pequeño pueblo donde los vampiros evidencian un tejido social roto, el cura que lucha contra el inteligente Conde que ha llegado a convertir a casi todos en muertos vivientes, platica con Matt, el muchacho que resulta un formidable oponente para el vampiro de siglos, y le dice que los escritores se preocupan más que el ciudadano común sobre lo sobrenatural. King hace un guiño a sus guías, al referirse a Lovecraft como un ateo, a Poe como un trascendentalista ignorante y a Hawthorne como un religioso convencional. Parte del éxito de King es haber actualizado las posturas literarias de estos dos autores señeros, al situar a las personas en lugares intermedios, pero siempre buscando determinar si el mal llega o se expresa.

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