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Los laberintos de la mente
‘La última salida’, Federico Axat, Planeta, España, 2016.
Por Andrea Tirado

Federico Axat es ingeniero de profesión, pero su interés lo ha llevado hacia la literatura. Su obra se caracteriza por contener una alta dosis de suspense y finales siempre inesperados. Así fue en sus primeras novelas: Benjamin (2010) y El pantano de las mariposas (2013). La última salida (2016) no es la excepción. Tanto ha sido el entusiasmo y la curiosidad que ha suscitado la última novela, que será llevada al cine próximamente, y probablemente traducida a más de veinte idiomas.

La última salida narra la historia de Ted McKay, hijo único que se convirtió en un empresario rico, casado con una mujer hermosa y padre de dos hijas; propietario también de un Lamborghini y de una casa de fin de semana. Hasta aquí podría parecer la típica vida estable y “perfecta” de una familia de clase alta estadunidense. Sin embargo, tratándose de un thriller, el lector sabe perfectamente que “algo” tiene que suceder, o que las cosas no pueden resultar tan maravillosas. Y ese algo es que Ted, el protagonista, está a punto de quitarse la vida cuando es interrumpido por un hombre que toca insistentemente a la puerta de su casa, argumentando que sabe lo que quiere hacer y que tiene una propuesta muy atractiva que no le conviene rechazar. Así comienza la trama de la novela, la cual se irá enredando a lo largo de las páginas.

La novela se divide en cuatro partes, cada una de las cuales narra una fase distinta de la complicada vida de Ted. Por lo tanto, en un orden no cronológico, sino más bien algo que recuerda a una analepsia, el lector va dilucidando y estableciendo conjeturas sobre los distintos ciclos de la vida del protagonista, pasando por su infancia, adolescencia y presente.

Federico Axat va construyendo una historia que contiene un giro de tuerca en cada final de capítulo, creando así un suspense-adicción continuo que hace querer iniciar inmediatamente el siguiente capítulo. La trama que imagina el escritor argentino logra entonces un libro de lectura fácil y rápida, pero sobre todo que mantiene despierto el interés hasta el final. De tal manera, el lector acompaña a Ted en su trastornada vida, que consiste en ensamblar sus pedazos dispersos, lo cual recuerda, en este sentido, a la película Memento (2000), dirigida por Christopher Nolan. El protagonista, al igual que en la obra cinematográfica, sufre de una amnesia parcial y no recuerda lo que pareciera ser el nudo de la historia. El lector acompañará a Ted en sus sesiones de terapia, durante las cuales los traumas de su pasado irán revelando los pedazos hasta que quede completado el rompecabezas.

El lector se sentirá por momentos como en un laberinto del que parecería que está a punto de salir, solamente para darse cuenta de que se encuentra nuevamente frente a un muro. De tal forma, el laberinto de la mente del protagonista proyecta escenarios tan dispares entre sí como un campus universitario, la casa del lago, un castillo de princesas, una fábrica de máquinas de escribir e incluso un asilo psiquiátrico.

Se trata de un libro en el que no se puede dar nada por sentado, ni dejar de lado a ningún personaje, pues eventualmente todos tienen su razón de ser y estar, y todos se conectan en la gran red que va tejiendo la mente de Ted. Finalmente, todo está revestido por un ambiente de asesinatos que parecería ser el principal problema a resolver. Queda entonces esperar (y ver) cómo resolverá la complicada trama el séptimo arte, conservando el estado de suspenso que tan acertadamente consigue el libro.

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