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Biblioteca fantasma
Por Eve Gil

Novelas que muerden

Algo muy, muy malo ocurre en el mundo, me digo todo el tiempo. Y me lo repito cada vez que cae en mis manos una novela de Francesca Gargallo: ¡muy malo!…lo suficiente como para que esta genial autora haya decidido clandestinizarse; publicar obras dignas de encomio, premios y elogio internacional en editoriales cada vez más subterráneas…porque Gargallo comenzó su carrera literaria con el pie derecho. Editorial Era cuenta con lo mejor de su obra en su catálogo, particularmente una de las grandes novelas históricas producidas en México, La decisión del capitán (1997), que recibiera encendidos elogios de Juan Villoro y Paco Ignacio Taibo II. Después de Marcha seca (1999), que aborda un desastre ecológico y es “novela madre” de las que componen su etapa marginal, y un bellísimo libro de relatos, Verano con lluvia (2003), la que fuera su casa editorial le rechazó sistemáticamente una novela tras otra. Con Al paso de los días (Terracota, México, 2013), Gargallo retornó a librerías con la, hasta donde sé, única novela escrita en México sobre un secuestro aéreo, que deriva en asuntos bastante escabrosos de política mundial.

¿Dónde está Francesca?, se preguntan los lectores que gozan de su intensidad narrativa, como pocas en nuestra lengua, no obstante tratarse de una lengua adoptada, pues ella nació en Sicilia, Italia, en 1956. El último libro que pasó por una librería –porque sólo una, ubicada en la Zona Rosa, la comercializó–fue Los extraños de la planta baja, publicada en una editorial colombiana independiente (ediciones desde abajo). Comienza así una posible jugarreta de una autora que se sabe leída, buscada y admirada, y cuyos lectores son capaces de buscarla por debajo de las piedras. O eso, o Francesca Gargallo se ha vuelto una autora peligrosa, segregada por las editoriales mexicanas, incluidas las pequeñas, que temen que el contenido de su obra reciente les explote en la cara o desencadene una rebelión social. Pocos saben que ha publicado dos libros este año: Plan campesino de mujeres, amorosa edición realizada en Oaxaca por una editorial pequeñita –y feminista– de nombre Campamocha, que logró sacar un tiraje de mil ejemplares. La otra, La costra de la tierra, impreso en “zona autónoma” (sic), aparece bajo el enigmático sello Cisnenegro (lectores de alto riesgo), con apenas cien ejemplares.

Plan campesino de mujeres, pese a su infortunado título que remite a un panfleto, es una novela tan espléndida como las que nos tiene habituados esta narradora, mexicana por elección, y complementaria con La costra de la tierra y al thriller Al paso de los días, aunque no propiamente una trilogía. Estas novelas son, junto con Al paso…, extraordinarias aventuras con un trasfondo de crítica política global, y por los mismo, más “peligrosas”. Plan campesinoes muy informativa, pero no menos literaria o menos novela, de hecho Francesca posee la cualidad de volver poesía cuanto toca, detalles sobre los riesgos de que el maíz transgénico termine mezclándose con el natural; o cómo la ayuda humanitaria a los países pobres ha terminado por servir de puente a compañías de agroquímicos para filtrar organismos genéticamente modificados. La aventura de los fascinantes personajes de Plan campesino de mujeres consiste en frenar la distribución ilícita del maíz modificado, que podría derivar no sólo en el envenenamiento lento de los consumidores, sino en el despojo de lo único que les queda a los campesinos mexicanos, que es su trabajo… mientras que en La costra de la tierra, una médica forense, un chamán, un pintor y un geólogo libran una lucha contra la modernidad depredadora que amenaza con colonizar las libertades individuales… algo tan simple como caminar a placer, en espacios abiertos. En su epílogo, Francesca declara compartir la fobia de Sofía, su protagonista: “…odio con toda mi alma las autopistas y el asfalto en general […] Puedo no volver nunca más a un lugar porque han asfaltado el camino para llegar.”

Francesca Gargallo, reconocida feminista que también ha escrito espléndidos ensayos teóricos en este tenor, ha hecho patente su activismo ecologista en novelas previas, pero en ninguna ha sido tan clara, incisiva y, pudiera decirse, brutal como en las “clandestinas”. Y aunque ha llegado a afirmar que “odia las historias de amor”, tanto Plan campesinocomo La costra de la tierra son, tal vez a su pesar, y entre otras cosas, tórridas historias de amor…amor a la tierra, amor fraternal, amor a la naturaleza… y amor de pareja.

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