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Bitácora bifronte
Por Ricardo Venegas

El café es una referencia inevitable en la vida literaria; La Colmena, de Camilo José Cela, ocurre en ese ambiente de bullicio en el que todo gira en torno al zumbido de muchísimas voces que tienen algo que decir. Una gama de películas han abordado el tema, lo mismo la poesía, la mesa de café de todo tango, los poemas de Lorca, las artes plásticas….

Fue también en El Café de Nadie, lugar de reunión de los estridentistas, donde Manuel Maples Arce firmó con sus contemporáneos el segundo manifiesto: “El estridentismo es el almacén donde se surte el mundo. Ser estridentista es ser hombre […] Apagaremos el sol con un sombrerazo.”

En El Café de Nadie: un crimen provisional (1926), Arqueles Vela dice: “El nombre de ese hombre que llegara a ser nadie, de tan ecléctico […] Se miraba en el espejo, queriendo encontrar en el azogue de los recuerdos, los rasgos que perdiera asomándose a la galería de espejos de la vida.”

Una galería de espejos de la vida, entre otras cosas, eso es el café que nos vuelve eclécticos, aún cuando sus restos nos propongan una lectura del porvenir, del presente y del pasado en la taza que generosamente nos dio el servicio de una humeante efusión que también sabe invadir de aroma el instante. “El café –dice Gerardo Amancio en el número 138 de Blanco Móvil dedicado al tema– es presente. Es un ahora. Puede contar una muy breve historia de la humanidad.”

Blanco Móvil es una revista literaria que ha navegado mucho. Una publicación con más de treinta años nos alcanza para algo así como tres divorcios, esto desde la óptica de una reconstrucción vital, individual y emocional; tres borrones para comenzar de cero, la edad de un sismo como el del '85 y su puntual aniversario que repitió sus movimientos para recordarnos con creces, como los antiguos mexicanos, que sólo la flor, el canto, e incluyo al café, son dignos motivos para desear la lejanía de la muerte. Un escritor como Eusebio Ruvalcaba aseguraba: “Nadie se salva de publicar en las revistas literarias.” El café en Blanco Móvil es una reunión de afinidades. No deja de sorprender la capacidad de convocatoria de una publicación tan bien hecha, tan artística e ingeniosa. Firmas de la talla de Marco Antonio Campos, Ana Clavel, Sandro Cohen, Saúl Ibargoyen, Ethel Krauze, Juan Villoro, José Angel Leyva, Luisa Valenzuela, Blanca Luz Pulido, Héctor Carreto, David Martín del Campo, Alicia y Ana García Bergua y Paco Ignacio Taibo II, entre otros, confirman esta convicción. La persistencia de Eduardo Mosches es digna de imitación en un ambiente tan hostil para las revistas literarias que lo mismo aparecen y desaparecen, y dejan ver la fragilidad escalofriante de su vigencia. Celebramos su sabiduría y su perseverancia, su bonhomía y generosidad; su insolencia alegre, porque con esta edición nos ha confirmado que en “la cantina se vive en pasado y en el café se vive en futuro.”

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