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La otra escena
Por Miguel Ángel Quemain

Exploraciones y visiones sobre el teatro infantil

 

Uno de los géneros más despreciados y menos atendidos en México por la prensa cultural y la crítica teatral es el teatro infantil. Nada de los procesos parece atraer a una prensa cultural que sistemáticamente se ocupa de territorios que conforman el espectáculo cultural, las actividades más llamativas o que más reditúan a sus propios medios de comunicación, y también en respuesta a los promotores más tenaces. En fin, es la montaña la que va a Mahoma.

Pero si se trata de ir a la montaña, muy poco se esfuerzan los colegas por asistir y seguir a las compañías de teatro infantil, no sólo a las más consolidadas que conocen poco y mal, mucho menos a las que se inician con el entusiasmo de muchos egresados de las carreras de teatro, a los dramaturgos integrados a talleres de creación y discusión, o aquellos que trabajan con jóvenes compañías tratando de incidir en el contenido de sus montajes y ofreciendo sus obras.

Si el panorama es triste y plano en el plano de la difusión, si casi es inexistente en el plano de la crítica, hay guiños esperanzadores en el plano editorial. Refiero de principio una publicación teórico-práctica que compiló Berta Hiriart, con el título Cuaderno para la exploración teatral con niñas y niños, que Paso de Gato editó con el número 34 de sus Cuadernos de Ensayo Teatral y que obsequió en la IX Feria del Libro Teatral de septiembre de 2016, para introducir esta serie de comentarios sobre el teatro infantil.

Se trata de una edición tan sencilla como portátil, en la que Hiriart reunió a José Agüero y Adrián Hernández para reflexionar sobre los aportes y las ideas alrededor de la participación infantil en procesos de creación teatral; la colaboración de Tania Hernández y Fernando Soto en la didáctica del teatro; de Verónica Maldonado explorando en torno al niño como dramaturgo, así como Arcelia Guerrero sobre “El teatro en los barrios bravos”. A la par de las reflexiones y los ensayos hay testimonios de la propia autora de la compilación, de Martha Valdivia y de José Antonio Ávalos Díaz. La edición muestra también enlaces y bibliografía básica para asomarse a los terrenos de la reflexión y la práctica.

El trabajo que compila Hiriart tiene una arista sumamente práctica, al mostrar desde su inicio que el trabajo se pretende como una herramienta para los maestros y directores escénicos que guían a los niños a un proceso de creación teatral. Lo que destaca es el proceso de adueñarse de uno mismo a través de esta experiencia que estimula la destreza física, el dominio del lenguaje, la comprensión multifactorial de la realidad propia y la circundante, la periférica, incluso la resolución de conflictos.

Sin pretender tener la última palabra ni ofrecer un “consejo” moralizante, Hiriart señala dos aspectos fundamentales que se bifurcan y se colocan como antípoda de una visión del teatro para niños que quieren hacer los “adultos”: por una parte, una visión en la que, como sucede a menudo, los adultos quieren que los niños reproduzcan en chiquito un ámbito de exigencia y profesionalismo semejante al de los mayores, y entonces proponen un montaje “profesional” con todas sus perspectivas mnemotécnicas y escénicas. Por otro lado, están los guías que sólo pretenden jugar libremente, experimentar sobre las posibilidades de la creación y divertirse, aunque “no les dejará mayor huella”.

Sin pontificar sobre la exploración, Berta Hiriart se atreve a señalar que “para un niño, la mayor satisfacción está en atreverse a hablar en voz alta”, ser capaz de interactuar en un contexto de igualdad y de crear “colectivamente, desde cero, una realidad escénica”. Sin proponerse como una pedagoga, psicóloga o terapeuta, Hiriart afirma que la actividad teatral no es nueva para los niños que, desde sus primeros meses y años, “han practicado el juego dramático sin necesidad de estímulo o permiso. La representación forma parte de sus impulsos básicos. Si intervenimos es sólo para propiciarles una experiencia distinta: la del teatro como un medio de expresión de emociones e ideas, y como un acto de comunicación con el público”.

No es una tarea tan sencilla como parece, aunque el repertorio de experiencias ya lo poseen de algún modo los encargados de guiar el proceso, pero es necesario repasar, ordenar y recurrir a la creación de nuevos recursos: leer obras de teatro; escuchar música lejos de las modas y las imposiciones de los medios electrónicos dominantes, que conciben a un niño dominado por la estupidez y la pasividad; ver cine y, sobre todo, leer muchos textos sobre la infancia y sus etapas de desarrollo y hacer comunidad con todos los interesados.

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