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Prosaísmos
Por Orlando Ortiz

¿Y tú por quién vas a votar? (ii y última)

 

Mencionaba en mi columna anterior que el país atraviesa por una descomposición política espantosa. Ya no por las “prácticas, usos y costumbres” que hemos conocido a lo largo de muchos años, sino por la podredumbre que ha gangrenado sus entrañas todas, sin exceptuar la cabeza. Corrupción, impunidad, inseguridad galopante, pobreza, salarios insuficientes, amenazas del exterior para quebrar de manera definitiva nuestra economía, más corrupción, más impunidad, etcétera.

En fechas recientes he tenido la oportunidad de salir de CDMX, por cuestiones de trabajo, y pulsar el ambiente social y político por el que atraviesa el país. En charla con viejos amigos viejos o recientes –y éstos, por lo tanto, no tan amigos– me preguntaron: “Aquí, en confianza, ¿por quién vas a votar?” Bastaba que me quedara callado unos segundos para que ellos mismos se respondieran con algo que de inmediato me traía a la memoria lo que dijera un viejo político y cacique de Guerrero –en los tiempos de la guerra sucia, cuando un periodista lo cuestionara sobre sus preferencias ante los precandidatos priistas a la silla presidencial–: “la caballada está muy flaca”, fue su respuesta.

Entonces las opciones eran, en el mejor de los casos, dos: El PRI y el PAN, porque PARM y PPS eran paleros del PRI. Hoy en día, aparentemente “hay” muchas más posibilidades; sin embargo, la gente opina lo mismo: ni para dónde hacerse; por la derecha ya sabemos que son de los que tragan santos y cagan diablos, y por el lado del PRI, el más chimuelo masca vidrios y en un descuidito te roban hasta los calcetines sin quitarte los zapatos. Y por la izquierda pos como que tampoco se ve dónde quedó. Ya se mira todo muy parejo, no se sabe dónde empiezan unos y acaban los otros. Y el mentado Frente Ciudadano o amplio o como se llame, no los convence; es precisamente eso, una cosa que ni pinta ni da color, aunque sus cabecillas digan y sostengan que cada día es mayor su fuerza e influencia.

Cuando la pregunta me la hacían viejos camaradas, les respondía, medio en broma y medio en serio, que el voto es secreto y todavía no se han definido los candidatos. Podría decirse que el único candidato, hasta el momento, es AMLO, pues ninguno de los otros partidos ha lanzado el suyo (no por falta de ganas, sino por desorganización interna y pleitos mezquinos). “Pero ustedes ya deben saber por quién votarán”, agregaba, con auténtico interés, pues hace algunos lustros eran furibundos lopezobradoristas. Sus rostros manifestaban vacilación, pues en ocasiones es difícil aceptar cierto grado de decisión, por temor a que se nos acuse de carecer de convicciones sólidas, en el mejor de los casos; porque en un descuido ese señalamiento puede llegar a la acusación altisonante de “traidor a la causa . “Todavía estamos con el peje”, aventuraban después de un lapso de varios segundos de reflexión, “pero ya no tanto. La última vez que vino por acá fuimos al mitin y con él, apoyándolo, estaban líderes charros, caciques, políticos rateros y chaqueteros, porros... pura lacra, los que siempre combatimos o nos reprimieron. Si va a gobernar con esos, estamos jodidos.”

En el partido en el poder, aventuraba, la descomposición es tal que sus cuadros se manifiestan rabiosos defensores de sus intereses... personales, no de partido. Vislumbran un rotundo fracaso en las elecciones del ‘18. Están dando sus patadas de ahogado y una muestra de ello es la gozosa revelación del hallazgo de un riquísimo yacimiento petrolero, con lo cual intentan pregonar que toooodas las reformas han sido un éxito y en lugar de estar pesimistas, debemos prepararnos para administrar la riqueza (esas palabritas creo haberlas escuchado antes) e ignorar la existencia de gobernantes que, cual hábiles prestidigitadores, han desparecido miles de millones de pesos de las arcas, al cabo han sido sólo unos cuantos, que ni cuentan. Insisto: son patadas de ahogado.

A pesar de dudas e incertidumbres, no se puede negar que hoy AMLO encabeza las encuestas. Eso no es lo que me preocupa, sino “la circunstancia” que vivimos, que en un descuido podría desembocar en un golpe de timón que trastrueque el curso de las próximas elecciones y acabe de hundir al país. Pero también es justo y necesario apuntar que si bien AMLO puntea en las encuestas, lo cierto es que el porcentaje a su favor que muestra no es mayor al que obtuvo en las más recientes elecciones. Esto significa que el número de simpatizantes y ciudadanos dispuestos a votar por él no se ha incrementado. Entonces... la incertidumbre aumenta, pues el fantasma del voto útil podría hacerlo tropezar. El eslogan de “la mafia en el poder” tiene que reforzarse con propuestas concretas y viables, que no suenen sólo a buenas intenciones, porque de esas está empedrado el camino del infierno... o mejor dicho, los senderos al abismo.

 

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