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Rayas de la cebra
Por Verónica Murguía

Carta prenavideña a las autoridades

Distinguidas autoridades de la cdmx:

Según el Artículo Primero de la flamante Constitución de esta honorable ciudad, la soberanía reside en el pueblo. Es decir, en nosotros. Eso quiere decir, para mi sorpresa, que somos los chilangos quienes detentamos el poder. ¡Quién lo diría!

Ustedes, por venia de los sueldos que perciben y el orden social de este país, dejan de ser pueblo en el momento en el que se les otorga el hueso. No sólo por el monto de los salarios, que está lejos de parecerse a los honorarios de cualquier ciudadano; también por su actitud. No hacen caso. No ven, no oyen, no contestan cuando se les pregunta. Sobre todo, no hacen su trabajo o dan órdenes que no vienen al caso.

Un ejemplo: todos los días, al salir de mi casa, encuentro a un montón de obreros de la delegación ocupados en dar marrazos contra la acera. Están remozando las esquinas. Se busca embellecer y convertir en lugares seguros las esquinas de 8 mil banquetas de la delegación Benito Juárez. Esto, en Oslo, sería normal. En Ciudad de México me parece un poco absurdo, sobre todo después del 19 de septiembre. ¿Por qué? Pues porque en la misma acera donde los trabajadores se desloman arreglando la esquina, hay un edificio en malas condiciones. No sé si está habitado. He creído ver una luz en las noches, una sola. Si le preguntan a cualquier vecino les dirá que nos parece mucho más importante, perentorio y humano, ver qué se hace con ese edificio que el embellecimiento de la esquina. Con ese edificio y con todos los que resultaron dañados en el sismo. Señ[email protected]: el trabajo de reconstrucción no ha comenzado. La emergencia sigue y está que arde. Déjense de esquinas y ayuden a la gente.

Por qué la esquina es más importante que los tramos que hay entre ellas es otro misterio. En estas mismas calles hay baches rellenos de una sustancia misteriosa y hedionda; roturas anteriores al temblor; heces; postes de luz con las bases sin tapas y repletas de bolsas de basura y hojas de tamal; coladeras abiertas y un etcétera repugnante. Se necesita, más que hermosear la esquina, barrer. Es más sencillo. La Constitución dice a la letra que tenemos derecho a “entornos salubres y seguros”.

Hace ya tiempo, en Coyoacán, los vecinos nos dimos cuenta de que alguien estaba robando las tapas de metal de las coladeras. Coches perdían las llantas, humanos se lijaban las rótulas. Una señora muy informada me dijo que había leído un reportaje en el que se explicaba que los narcos mexicanos venden dichas tapas a los narcos chinos. Me pareció una asociación extraña, pero no más que muchas que vemos prosperar a diario en este país. Señ[email protected]: ¿sería mucho pedir que sustituyeran esas tapas con unas de cemento que no resulten atractivas?

Y, de nuevo, va esta petición: poner botes de basura en las banquetas que van a embellecer. Sabemos que no pueden ser metálicos por las razones expuestas, pero la Constitución de la CDMX habla en sus primeros artículos sobre la imagen de la ciudad y su importancia. Les aseguro que una acera cubierta de cáscaras de plátano, bolsas con posos de café, escupitinas, colillas y heces de perro, menoscaba la impresión que tenemos de nuestro patrimonio.

Sugiero que los receptáculos mencionados sean, también, de cemento. Y que se pongan policías a vigilarlos, para que no sean usados con fines criminales.

Ya que pronto estarán aquí las fiestas navideñas los conmino, en lugar de colocar miles de macetas con nochebuenas moribundas que no duran y provocan tristeza, a regar los camellones y recoger las hojas. De noche, por favor. Paguen a los trabajadores el horario nocturno y ahórrenos horas en el tráfico. No “embellezcan” la ciudad sin antes limpiarla. No pongan foquitos navideños. Limpien la calle. Decorar algo sucio es como pintarse la boca sin haberse cepillado los dientes. No hay lápiz labial que pueda ocultar un pedazo de cilantro en un incisivo.

La Constitución también me reveló que es nuestro derecho, literalmente atropellado todos los días, la movilidad peatonal sin riesgo. (Artículo 12.B.) En esas esquinas embellecidas, los trabajos dejan descoloridas las rayas de la cebra. De por sí, ni quien las pele. Desvaídas, menos. (Artículo 12.E.)

También tenemos derecho al agua. A vivir sin violencia. Se lo pedimos, cumplan con la Constitución. Y de pilón, por Navidad, destinen sus aguinaldos a la reconstrucción.

¿Les parece?

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