Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Bemol sostenido
Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Bemol sostenido
Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Enartes 2017, deshidratado

No es muy esperanzador leer estas cosas en Navidad, pero bueno, es lo que hay. Comencemos. El “camerino” era el baño de mujeres de una oficina adjunta. No había manera de que cupiéramos los tres grupos involucrados ese día. En total éramos catorce músicos más los técnicos; unas veinte personas. A mediodía, apenas llegamos y antes siquiera de acomodarnos en el escenario, nos advirtieron que fuéramos a la carpa de la comida “a las 2 en punto”. Les dijimos que justo a esa hora –ellos mismos– nos habían pedido hacer la prueba de sonido. Respondieron que entonces nos llevarían las viandas al tinglado. No sucedió. Para cuando llegamos a restaurarnos a la carpa mencionada, dos horas después, había poca comida: “no hay agua”, añadieron. Muy pronto supimos que las condiciones del concierto no serían las mejores.

Por razones que no nos dieron nunca, el tiempo entre la prueba de sonido y el inicio del show era de más de cinco horas. Fue pesado, pues como dijimos no teníamos en dónde esperar, así que nos instalamos en una de las bancas de los jardines que los estudiantes ocupan para descansar. ¿No lo hemos dicho? Estábamos en el Centro Nacional de las Artes de la Ciudad de México, lectora, lector. Así es, en el Cenart y no en el tugurio que ya comenzaba a imaginarse (en esos espacios uno sabe a lo que va y no caben las quejas). Y sí: nuestra presentación ocurriría en el marco del Encuentro Nacional de las Artes 2017 (Enartes), un muestrario de lo que “ocurre” en México alrededor de múltiples disciplinas artísticas, reunido para que numerosos programadores, productores y promotores de distintas partes del mundo puedan incluirlo en foros, festivales o proyectos durante 2018. Según supimos, vinieron más de 120 invitados para presenciar alrededor de cuarenta espectáculos y participar en reuniones de negocios y conferencias.

Luego de muchos años visitando diferentes mercados e invitados a múltiples foros, ferias y festivales en el extranjero, podemos decir que… no deja de sorprendernos la incompetencia burocrática mexicana en el área cultural. Esta no es una queja por un mal camerino/baño/bodega que ni botellas de agua tenía. No es una queja por las indicaciones previas a ese día: no pueden llevar gente de staff, o llevan al ingeniero de luces o al de audio; no pueden usar el apoyo económico en pagar salarios… Con todo ello, repetimos: no es una queja; es un señalamiento que creemos necesario cuando la atención pública se halla tan lejos de la estructura cultural.

¿Deberíamos dar las gracias en lugar de observar las cosas malas? No. Preferimos que nos censuren al silencio de la complicidad. Hablando a título personal y no por nuestros compañeros de grupo, creemos que no hay manera de que con su estructura actual más la falta de diálogo interinstitucional, el Enartes represente a las artes de México. No hay manera de que, careciendo de autocrítica y con protocolos de evaluación débiles o inexistentes, pueda mejorar prontamente. Sus responsables se comportan como guías turísticos y no como aliados de los artistas a quienes representan. Los visitantes se comportan como turistas en busca de entretenimiento, no como receptáculos de riesgos estéticos. En fin. No sabemos si los demás colegas músicos, compañías de danza y teatro pasaron por las precariedades que vivimos nosotros. Si es así, deberían alzar la voz. Además, es imperdonable la ausencia de regiones de México que cuentan con artistas valiosos. Centralismo rampante, es increíble que con las herramientas tecnológicas de hoy no exista la voluntad para hacer radiografías locales que permitan –en acuerdo con los estados– una representatividad plural en la que, además de las artes escénicas, se incluya a las artes plásticas.

Una vez más comprobamos que cada equipo sexenal aprende a trabajar desde cero, como si no hubiera experiencias previas (¿la Puerta de las Américas?), repitiendo errores básicos de curaduría y justicia. Claro, hablamos de cultura y con esa pobrecita nadie se mete cuando la prioridad es otra. No hay auditorías serias ni mecanismos de revisión para enterarnos sobre la vida que viajando se dan tantos burócratas incapaces en la gestión, producción o promoción de espectáculos artísticos. Podríamos dar muchos ejemplos vividos en carne propia, verbigracia, en ferias del libro de Costa Rica, Estados Unidos o Argentina; eventos “de foto truqueada” que se presumen como exitosos pero que en realidad fracasaron por otras formas de corrupción. Pero hasta aquí llegamos. Incluso allí hay gente valiosa. Quedémonos con que, donde falta agua, faltarán obligadamente muchas cosas más. Buen domingo de Navidad. Buena semana. Buenos sonidos.

comentarios de blog provistos por Disqus