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Homofobia: contra la aceptación del prejuicio
'La cuestión del odio. Acercamientos interdisciplinarios a la homofobia en México', Héctor Domínguez-Ruvalcaba, Universidad Veracruzana, México, 2016.
Por Mariana Domínguez Batis

Cada día se visibiliza más la violencia contra la mujer y los feminicidios en el mundo, y particularmente en México. Sin embargo, hay un tema que se inscribe también dentro de la violencia de género, que no aparece a diario en los noticieros o en las discusiones sociales y que, por el contrario, se trata de silenciar: los crímenes de odio motivados por la homofobia, que también llegan al exceso del asesinato.

Para entender la dimensión de esta realidad, baste recordar que nuestro país ocupa el segundo lugar a nivel mundial en crímenes por homofobia, sólo precedido por Brasil, según un informe de 2015 de la Comisión Ciudadana contra los Crímenes de Odio por Homofobia. De acuerdo con una cifra de 2005, el país es escenario de más de cien crímenes de este tipo al año.

La cuestión del odio es una mirada interdisciplinaria a esta problemática social. Además de la rigurosa y atinada introducción de Héctor Domínguez-Ruvalcaba, el libro reúne siete ensayos de igual número de investigadores mexicanos de la UNAM, la Universidad de Guadalajara, la de Sonora, la de Texas en Austin y la de Guelph en Canadá, quienes dan luz al tema, a partir de la filosofía, literatura, psicología, ciencias políticas y los estudios latinoamericanos.

Una de las mayores riquezas del volumen es justamente el caleidoscopio que ofrece desde distintas disciplinas sobre la homofobia, pero en ningún momento con tinte de opinión, sino con una metodología rigurosa, académica y, a la vez, con un tinte ligero que conduce al lector a comprender, a partir de las ciencias sociales, un fenómeno que aqueja a la sociedad mexicana.

Con base en argumentos, estadísticas, análisis, ejemplos históricos, datos e investigación hemerográfica, los siete ensayos van desgranando minuciosamente los mecanismos con los que se construye una sociedad del odio, al tiempo que derriban, uno a uno, varios prejuicios que, sin darnos cuenta, se repiten en los medios de comunicación y a través de los líderes políticos y religiosos.

Los autores parten de un argumento que si se reflexiona es bastante sólido: “ninguna posición prejuiciosa y discriminatoria cuenta en nuestra cultura con un consenso social tan amplio como el que goza la homofobia”, ya que es un prejuicio silenciosamente aceptado, mientras que el racismo se censura, el antisemitismo se condena y la misoginia ha perdido ya legitimidad.

La hipótesis central de la edición, de acuerdo con el coordinador de la misma, Domínguez-Ruvalcaba, es que existe una “amplia aceptación social de la violencia homofóbica”, debido a un discurso del odio, “que legitima la injuria contra miembros de identidades minoritarias, motivados por una identidad mayoritaria”.

Asesinar a un homosexual no está bien visto por nadie en su sano juicio; sin embargo, en los hechos existe una “sangrienta homofobia” de la que poco se habla. El ejemplo más terrorífico es el testimonio que rindió el asesino serial de homosexuales Osiel Marroquín Reyes, el Sádico, cuando fue procesado en 2006 en Ciudad de México: “Hacía un bien a la sociedad, pues esta gente hace que se malee la infancia.”

Es común leer los condenables casos de feminicidios, pero no lo es tanto abrir un periódico y conocer el caso de alguno de los mil 11 hombres que fueron asesinados por violencia homofóbica en el país (entre 1995 y 2004) de las maneras más cruentas: por castración, mutilación de pene, destrucción del cráneo, asfixia, golpes hasta la muerte, objetos incrustados en el ano. Una de las razones es que la mayoría de los casos no son denunciados y los que sí, se dan a conocer como crímenes pasionales y no por homofobia, por lo que quedan en el silencio y el olvido.

La cuestión del odio aparece como un libro que motiva la controversia, que se atreve, en un primer momento, a hablar de un tema del que nadie habla; en segundo, a cuestionar la estructura patriarcal que promueven la Iglesia y el Estado, y en tercero, a visibilizar la problemática de una minoría, pero no de manera partidista, sino con base en una visión científica.

El esfuerzo editorial no se queda en describir y explicar el fenómeno social, sino que se orienta en última instancia a proponer soluciones, que van más allá de destapar la cloaca de la homofobia. Una de las ideas es promover una ley que sancione a todos los que emitan discursos de odio, incluidos los políticos y la Iglesia.

Al final, busca promover una política antihomofóbica que persiga “la ruptura de todo un sistema jerarquizante de género y toda fórmula desigual de diferencia”, según explica Domínguez-Ruvalcaba, lo que acabaría con la intolerancia hacia las identidades diferentes, terminaría con la discriminación y abogaría por la libertad, lo que no sólo beneficiaría a la comunidad LGBTT, sino a la sociedad como conjunto.

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