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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

justo el día que la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos derogó –con tres votos republicanos contra dos demócratas– el principio de “igualdad en la red”, recibimos en casa el primer vinilo con música nuestra. Tenemos cuarenta y tres años de edad y, aunque todavía nos tocó grabar en cinta magnética de dos pulgadas, consumir y coleccionar acetatos y registrar primeras ocurrencias en casete, el compact disc se impuso como formato general de reproducción en el momento que comenzamos a editar álbumes. Dicho esto, huelga decir que mirar los giros del vinilo rojo en la tornamesa nos hizo dichosa la madrugada.

Entre gritos y cantos discutimos sobre la diferencia entre, precisamente, acetato y vinilo (que ya hemos tratado aquí); señalamos cualidades sonoras de uno y otro formato sin atender a cuál sucede mejor en el oído experto y “objetivo”. La conclusión unánime fue que en la tornamesa percibíamos una naturalidad que nos otorgaba sana crudeza. Vaya usted a saber, lectora, lector, si eran las copas o la pura felicidad, pero nos dio gusto escuchar las dinámicas e inflexiones de nuestros dedos en un LP de ese tipo. Resignados al mundo digital, este acontecimiento nos devolvió algo que habíamos perdido hacía tiempo: esa fogata musical entre amigos.

Al día siguiente, empero, la emoción se vistió de realidad y volvimos a los temas urgentes: la reconstrucción, la Ley de Seguridad Interior, la Ley mordaza y, ahora, el efecto dominó que la susodicha modificación al consumo de internet del país vecino pudiera provocar en este lado de la frontera y en el resto del mundo. ¿Qué tiene que ver eso con nuestro vinilo? Mucho. Durante la presidencia de Barack Obama se estableció que el uso de internet era abierto y público, que las restricciones sobre su información correrían a cargo de los propios usuarios y no de las compañías proveedoras. En cuanto entre en vigor la nueva ley, sin embargo, serán esas compañías las que filtren, bloqueen, ralenticen o determinen contenidos dependiendo de tarifas y criterios que pueden atentar contra la libertad de expresión, discusión y organización social.

Aparentemente, y según claman sus defensores, esta ley no afectará a los usuarios corrientes. Mentira. Si internet entra en mundo diferenciado de la “oferta y la demanda”, compañías como Youtube, Amazon, Netflix, Spotify y tantas más abocadas a la difusión de entretenimiento, cultura y conocimiento, deberán pagar más, por lo que inmediatamente sus servicios subirán de precio a los consumidores. Los daños no se detienen allí. También sucederá que un montón de compañías más pequeñas que intentan distribuir otro tipo de contenidos, al tener que pagar más por una banda ancha, desaparecerán debilitados en nichos de mercado pequeños. Así las cosas, si las ganancias para los músicos y creadores de todo tipo ya se habían reducido a números ridículos, el futuro suena más desalentador.

Internet había sido una ventana de diálogo, pero ahora nos quitarán palabras, frases y discursos enteros impulsando –otra vez por el sacrosanto Libre Mercado– la ignorancia y la estupidez, la exacerbación polarizante, el control ideológico. Entrevistado por la BBC inglesa, Ryan Singel, experto en neutralidad de la red del Centro de Estudios de Internet y la Sociedad de la Universidad de Stanford, dijo algunas cosas que nos pusieron en alerta: “Será una internet más controlada por las empresas más poderosas, habrá menos posibilidades para que emprendedores digitales hagan sus proyectos y limitará en general la libertad y variedad de la red […] Cualquier empresa o bloguero, por ejemplo, que abogue por discursos controversiales u opiniones polémicas, podría ver censurada o bloqueada su web […] Las posibilidades de entrar en el mercado digital estadunidense se harán más difíciles, burocráticas y llevará procesos en los que serán los proveedores de internet quienes tendrán la última palabra.”

Finalmente: sí, esto es producto de hombres como Donald Trump… Ese ignaro, iletrado, inconsciente, limitado y lego político que –acusado de abuso a mujeres, enemigo del medio ambiente, la ciencia, el respeto religioso– va ganando terreno político. ¿Que los republicanos perdieron en Alabama? Es cierto, pero siguen teniendo mayoría. Además, la construcción del muro empieza a verse tan real como la eliminación del Telecan (tan cuestionable como sea), todo lo cual representa serias fracturas culturales. En tal contexto, reunirse alrededor de un vinilo giratorio para crear nuevas revoluciones, parece más que sensato. Buen domingo de Reyes. Buena semana. Buenos sonidos.

 

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