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Biblioteca fantasma
Por Eve Gil

La gamberra de la Rive Gauche

¿Cómo es que a una chica joven y guapa como Michèle le gusta aparentar que es un gamberro fugado de una correccional?”, se escandalizó el muy católico Francois Mauriac, fascinado a pesar suyo tras leer Todos los caballos del rey, de la novel escritora de veintiocho años, Michèle Bernstein (París, 1932), mejor conocida como la mujer del filósofo, escritor y cineasta Guy Debord (1931-1994), fundador de la Internacional Situacionista, movimiento artístico creado en 1957, encaminado a buscarle nuevos sentidos al arte convencional, según lo explica Asgern Jorn (1931-1973), cineasta y artista plástico danés, “el mejor de los pintores”, lo denomina la propia Michèle. El situacionismo explota el concepto de la vida como una acumulación de espectáculos. Se le considera uno de los catalizadores ideológicos de la revolución de 1968.

Todos los caballos del rey, publicada en 1960, es probablemente el último hito de la estética situacionista, susceptible de confundirse con otras corrientes como la noveau roman y hasta el surrealismo. Se insiste en evocar a Debord como su máximo instigador, pero la única en llevarlo a la práctica fue su mujer, quien escribió con el propósito de convertirse en bestseller. El plan era llenar con sus ganancias las entonces exiguas arcas de la Internacional Situacionista. Gallimard y la Table Ronde le dieron un rotundo no. La Julliard le dio esperanzas. La única condición que ponía el editor era eliminar “ese odioso pasaje de Hèlene”, pero Michèle solo rebautizó al personaje como Virgine. De hecho, en la edición española, pretendiendo acaso fidelidad absoluta al original, conserva una errata en la que Hèlene aparece como “Virgine”. Finalmente apareció bajo el sello Buchet/ Chastel. Entre lánguidas fumadas, la autora describiría su obra como “un argumento pobre que se desarrolla en forma complaciente en la Rive Gauche y en la Costa Azul, entre interminables borracheras”. Se trataba en realidad de una versión pop de Las relaciones peligrosas.

A decir de Juan Goytisolo, que tenía veintidós años cuando los conoció, en el cuarto de la Rue Racine de la despeinada pareja, reinaba un desorden extremo: “Libros, periódicos, prendas de vestir, botellas de vino o cerveza vacías cubrían la moqueta y el gran lecho. Aunque era mediodía acababan de despertarse y permanecían en cama risueños y juguetones.” En su novela, Michèle no hace sino reflejar su propia y heterodoxa realidad de buhardillas: Genevèive, la narradora, es su alter ego, mientras que Gilles, marido de la protagonista, no es otro que Guy. Al igual que la Merteuil y su cómplice, Valmont, esta pareja se complace en relatarse sus mutuas canalladas. Juegan con la pequeña Carole, adolescente andrógina, como arañas con la mosca. Gilles despliega sus dotes de seductor de quinceañeras con el propósito de brindarle un espectáculo a su joven esposa de inclinaciones lésbicas. Genevèive, no obstante, se aburre rápido y tras arrullar un rato a su muñeca nueva, marcha en pos de nuevas emociones.

Por aburrimiento más que otra cosa, Genevèive vive un amorío, que no aventura (ella sabe distinguir una cosa de la otra) con Bertrand, apuesto poeta, algo más joven que ella, durante el cual Bertrand le confesará un amor no correspondido hacia Hèlene, adusta aristócrata. Cuando Hèlene le es presentada, Genevèive la seduce con inusitada rapidez. Al advertir esta situación, Bertrand queda moralmente destruido: las dos mujeres que adora sostienen un “amorío” que lo excluye por completo… pero no a Gilles. La indestructible pareja se rodea de invitados con la única finalidad de desbaratar grupos externos a ellos. En la destrucción de relaciones paralelas encuentran una curiosa forma de realización que les permite recobrar su preciada intimidad. Como en la noveau roman, no existe perfil psicológico ni justificación para sus actos. Se dejan de lado los antecedentes de la pareja; ni siquiera sabremos qué hacen para subsistir, aunque ambos podrían responder “paseo, nada más paseo”; el propósito central es socavar los valores tradicionales, ponerlos en tela de juicio, exhibirlos con crueldad, lo cual mucho tiene que ver con el llamado situacionismo y su teoría del espectáculo como clave de la alienación social.

Michèle escribiría una segunda novela sin las repercusiones de la primera: La nuit (1961). Termina mudándose a Inglaterra con el pintor Ralph Rumney (1934-2002), otro artista situacionista. Guy Debord, quien se casaría con la franco-indochina Alice Becker-Ho, se suicidó el 30 de noviembre de 1994. Michèle está hoy retirada.

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