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La otra escena
Por Miguel Ángel Quemain

Después de Babel,

un rompecabezas de David Psalmon

Después de Babel, reconstruyendo comunidad, nuevamente enfrenta a los espectadores de Teatro sin Paredes con uno de los productos artísticos corales más eficaces y dinámicos del teatro mexicano contemporáneo. Si bien no es el único sobre la escena nacional, sí es uno de los más solventes y creativos, sostenido en un quehacer intelectual y artístico cuyo laboratorio, es evidente, se trata de una idea que va y viene a la escena, y de la escena a la política y de la política nuevamente al mundo de los conceptos.

Babel es un debate que no cesa y que David Psalmon se ha propuesto modelar en las conciencias que se entreguen al rito, a la ceremonia de sus ideas celebratorias, tribales, de denuncia en que convierten sus puestas en escena, sus rutas visuales, sus laberintos con un minotauro que poco a poco el espectador descubre que se lleva dentro y sigue ahí aún cuando el laberinto ha desaparecido. La función concluye en hora y media o poco más y el viajero se da cuenta de que ese mundo agitado dentro de sí es una respiración minoica que ha derribado los primeros muros para salir de la interrogante que propone este laberinto.

La idea original y la dirección artística es de David Psalmon (con la dirección artística adjunta de Jorge Maldonado), quien encabeza una enorme lista de créditos que, desde el programa de mano-mapa-sugerencia de periplo, construye una especie de comunidad donde cada quien tiene su semilla, su fruto y su grano de arena para que el teatro aparezca como en esa magia proustiana que hace aparecer el paisaje después de haber tragado y digerido cada pieza de esa catedral de lo contemporáneo, del vértigo de interpretaciones e ideas que conforman el panorama decadente, postbabélico y nómada en el que vivimos sin saberlo, o mucho menos de lo que creemos. Postbabélicos, postfreudianos, postnizcheanos, posteinsteinianos, un mundo Post y al mismo tiempo un mundo Ex (como lo calificaba Matvejevitch), que no deja de vivir de sus peores recuerdos y de sus más quiméricas esperanzas.

Hay algo que obliga a seguir al teatro de Psalmon y es la gran continuidad de una exploración que, sin temor a exagerar, diría que es monumental y enciclopédica por la voluntad de contener y mostrar las conexiones menos evidentes de un mundo que tenemos grabado en la piel, que es la piel misma de algunas zonas y que el espejo no nos devuelve con fidelidad; por el contrario, lo oculta, lo invisibiliza hasta el colmo de nuestra imbecilidad negadora, oprimida, desde esa mirada que, obsesiva sobre la necesidad de liberarnos, de ofrecernos un insight e integrarlo inmediatamente al colectivo contestatario que bajo la forma del teatro pareciera que pretende una segunda, una tercera y cuarta revolución, diríamos mexicana si no estuviéramos tan ciertos de que se trata de una visión de la decadencia tan amplia y universal como la que se plantean los mundos del futuro y el postfuturo (cualquier cosa que pueda significar esta forma de speculative theater o teatro especulativo): Orwell, K. Leguin… Bajo las formas diversas de Emigrados, Humbolt, México para los mexicanos, Los náufragos...

Este montaje exige una visión detallada, una costura fina para hacerle justicia a este gran proceso de creación colectivo (no de creación colectiva), porque hay una autoría en la idea y en el trabajo de dirección que consiste en decantar lo mejor que hay en la dramaturgia de Ángel Hernández, Sara Pinedo, Guillermo León, Luisa Pardo, Sergio López Vigueras, Diego Álvarez Robledo y David Psalmon.

En la escenificación (tampoco hay suficiente claridad en el programa sobre esta concepción de dirección y montaje dentro del propio proceso) están los propios directores Psalmon y Maldonado, con Diego Álvarez, Guillermo León y Sergio López Vigueras. Ya detallaremos cuando establezcamos las correspondencias entre las actuaciones y las rutas de la escenificación. Hay que decir que esta tribu babélica de actores se reparte también en distintos actos.

La puesta tuvo lugar en Casa Refugio Condesa: sugerentes paisajes interiores en un jardín austero, casi verde-casi ocre, en un despeinado abandono aparente con un casi cuidado-casi mantenimiento que le da un sentido en vertical a esa torre que representa un imaginario que dice: “Hubo una vez una torre” y así en pasado se trazan seis historias que en realidad serían seis verbos transformadores. Esta visión del espacio se transformará en Casa del Lago, su próximo escenario cuando se reestrene en enero.

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