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Este cuento no ha acabado
'Cuentos para niños', Lev Tolstói, traducción de Selma Ancira, ilustrado por Flavia Zorrilla, Secretaría de Cultura, México, 2017.
Por Andrea Tirado

Este cuento no ha acabado” anticipa ya la contraportada de este libro; una declaración que quizás presagie que la lectura no busca un final cerrado sino, al contrario, uno abierto y trascendente. De gran formato, como todos los libros infantiles, el volumen combina el talento de traducción de Selma Ancira, junto con las encantadoras ilustraciones de Flavia Zorrilla. El resultado es una prosa sencilla pero no por ello menos delicada, acompañada de dibujos igualmente pulcros, coloridos y honestos que captan la esencia de cada cuento.

El libro comienza presentando –a manera de cuento– a un Lev Tolstói protagonista. Es decir, un conde al que le gustaba mucho ir a nadar al río, platicar con los campesinos, observar a los animales y jugar con los niños. Un conde como ningún otro, que se convirtió en un escritor famoso, pero también en un filósofo que creía fervientemente en el respeto a la vida, en todas sus formas, y en el amor por las personas. Es esta filosofía de vida la que se verá reflejada en los cuentos traducidos.

Las cinco piezas que conforman este libro tienen en común dos cosas: los animales y los niños. Sobra mencionar la conveniencia de que los protagonistas sean niños, pues así nuestros pequeños lectores pueden identificarse más fácilmente. Sin embargo, la elección de los animales probablemente se deba al gran respeto por ellos que buscó inculcar Tolstói, pero también al hecho de que si desde niños se enseña el respeto hacia lo otro, esos niños crecerán siendo seres humanos tolerantes, respetuosos y amantes de todo tipo de vidas, desarrollando así empatía y sensibilidad, dos valores desgraciadamente escasos hoy en día.

Gracias a los cuentos queda demostrado, primeramente, el tenaz vegetarianismo de Tolstói hacia los últimos años de su vida. El escritor ruso transmite esta conciencia a través de un lobo feroz que quiere comerse al pequeño protagonista, amante de comer pollitos. El lobo le hace comprender que, así como él siente, esos polluelos que él tanto ama comer, también tienen sentimientos y están tan vivos como él.

Se manifiesta también cómo hasta el animal más “feroz” y temible, como suele ser representado el león, es capaz de experimentar amor genuino. Es decir, un amor verdadero que se define como una relación entre dos seres que crean un vínculo irremplazable, debido a que cada ser es único e insustituible. Además de definir lo que puede ser el amor, Tolstói enseña la importancia de la amistad y los valores que ésta supone; para ello basta con una sola frase: “Me dijo que la gente mala es la que en momentos de peligro abandona a sus amigos.”

Otras historias manifiestan la importancia del derecho a la vida y el respeto a ella. Se trata de una idea compleja –aunque no debería serlo–, representada con una historia sencilla y comprensible, puesto que toca fibras sentimentales profundas: el cuento habla de un niño llamado Seriozha, al cual le regalan una trampa para pajaritos. Seriozha, como todo niño de su edad, no es plenamente consciente de la responsabilidad que implica tener una mascota, ser responsable de otro ser vivo. Así, en contra de toda advertencia, Seriozha decide capturar un pajarito. Un buen día, el jilguero intenta escaparse, pero su libertad se ve coartada por la ventana de cristal inadvertida. Lastimado, el jilguero muere después de una noche de agonía. Lección aprendida: Seriozha nunca más volvió a cazar ningún pajarito, entendiendo así que todos los seres deberían ser capaces de ejercer su derecho a la vida en plena libertad.

A través de cuentos sencillos, pero profundos, los niños son llevados a reflexionar y a interiorizar todos los valores implícitos. Esto hará de ellos adultos sensibles, capaces de empatía, compañerismo y solidaridad; capaces de respeto a la vida y prontos a defender a los más indefensos y, finalmente, capaces de valorar a cada ser por quien es y darle el lugar que se merece.

La frase que anticipa que este cuento no ha acabado quizás se refiere a que las lecciones aprendidas en estos cuentos deberían permear toda la vida de los lectores, como si la propia vida fuera un cuento en construcción y, por lo tanto, no concluyese aún, o bien, que se trata de cuentos infinitos que deben repetirse de generación en generación para que este mundo pueda recuperar los valores más fundamentales.

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