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Prosaísmos
Por Orlando Ortiz

POR LA BUENA O POR LA MALA

La primera elección federal de que tengo memoria se remonta a finales de los años cincuenta. O mejor dicho, no recuerdo el proceso electoral, sino un “póster” de Adolfo Ruiz Cortines, candidato del PRI que estaba por concluir su mandato, pero el cartel de su campaña permanecía en una pared de una oficinita del Mesón de San Miguel, enorme terreno que operaba como estacionamiento y pensión vehicular allá en Tampico. Para ser sincero, ignoro quiénes fueron sus adversarios en la contienda electoral. Es más, pensándolo bien, no podría asegurar que fuera un cartel de campaña política, pues de pronto caigo en que la efigie de ése que para algunos politólogos ha sido el mejor presidente que hemos tenido, carecía de consigna y sólo estaban los años en que gobernó: 1952-1958, y ya ostentaba la banda tricolor (sin colores, pues la foto era en blanco y negro) en el pecho. Era muy similar a las efigie de los presidentes que desde siempre han plantado en las oficinas de los funcionarios públicos.

De elecciones posteriores guardo chispazos nada nítidos ni documentados. Por ejemplo, la contienda de no sé quién contra no sé quién o quiénes y que sirvió, en su etapa preliminar, para promocionar una marca de cigarrillos ya desparecida: “El tapado fuma Elegantes”. Obvio que el tapado eran algún miembro del gabinete del presidente en turno, que podía ser el candidato oficial del partido oficial para contender por “la grande”.

En aquellos entonces los partidos eran el pri (Partido Revolucionario Institucional), el PAN (Partido Acción Nacional), el PPS (Partido Popular Socialista), y el PARM (Partido Auténtico de la Revolución Mexicana). Lo curioso es que en las elecciones tanto el PPS como el PARM apoyaban, casi siempre, al candidato del PRI.

Desde entonces (y creo que desde antes, cuando era PNR) la gente comentaba los topillos que hacía el PRI para ganar todas las elecciones con carro completo: urnas embarazadas, robo de urnas, compra de votos, padrones falsos o no actualizados (hasta los muertos votaban), intimidaciones, amenazas, violencia, carrusel, alteración de actas, etcétera, etcétera. (Las amargas y cruentas experiencias del vasconcelismo y el almazanismo eran una muestra de los extremos a los que podía llegar la democracia a la mexicana.)

La era cibernética nos alcanzó y sus triquiñuelas también se refinaron, sin por ello abandonar las viejas prácticas. Así se llegó al tiempo de “sistemas” que se caen, uso de algoritmos mágicos, capaces de transformar las derrotas (del PRI) en victorias rotundas, y argucias por el estilo, salpimentadas con un cinismo a ultranza y una impunidad espeluznante. Recuerdo también que los candidatos tenían “jilgueros”, es decir, oradores grandilocuentes y demagógicos que intervenían en los mítines para hermosear a los protagonistas de la fiesta y cargarlos de virtudes e ideas.

Por lo anterior se deduce que ha sido un buen número de elecciones federales de las que he sido testigo e incluso en alguna ocasión fui más que testigo. Lo menciono porque en todas ellas no me tocó ver una contienda tan “original” como la que estamos viviendo. Ya mencioné que en alguna ocasión hubo un solo candidato porque de los partidos de “oposición” no hubo contrincante. Ahora parecería haber también sólo uno, Andrés Manuel López Obrador, mas no porque no haya otros “candidatos”, sino porque da la impresión de que si AMLO no se hubiera presentado a la contienda, los otros no tendrían nada que decir. El único que parece tener ideas y “puntadas” es AMLO, los otros se reducen a descalificar lo que diga él.

Tal situación me daría risa si no fuera porque detecto indicios de que la jornada electoral va a ser accidentada o, si se prefiere, para utilizar una palabra de moda, poco aseada: un cochinero. La viejísima guardia priista y derechista está dispuesta a no ceder ni reconocer que la realidad ya los hizo a un lado, que la sociedad reclama nuevas orientaciones y políticas para acabar con la corrupción, la impunidad, la inseguridad, la desigualdad, el injusto reparto de la riqueza... No me extrañaría que a la hora de la hora se formara, de facto, un frente amplio antiamlo, es decir, todos los otros partidos contra Morena, para evitar, por la buena o por la mala, que este organismo (o AMLO, para algunos) llegue al poder. Lo triste es que no sería por estar contra sus ideas o programa, sino más por algo que parece ser, ya, una cuestión personal. Pero como la infiltración está a peso, más triste será si Morena llega al poder y no cumple o no logra resolver los problemas del país. Ojalá esté totalmente equivocado.

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