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Artes Visuales
Por Germaine Gómez Haro

El espíritu de la pintura

El renombrado artista chino Cai Guo-Qiang (Quanzhou, 1957) es el primer artista contemporáneo comisionado por el Museo Nacional del Prado en Madrid para realizar obra inédita in situ; se trata también de la primera serie monográfica dedicada a la pintura que el artista ha realizado en más de treinta años: un feliz “retorno al hogar”, según sus propias palabras, refiriéndose al ejercicio de la pintura que había dejado atrás en su camino experimental del dibujo con pólvora sobre papel. Esta técnica consiste en aplicar la pólvora sobre los dibujos trazados en el papel –y, en este caso, sobre el lienzo– en lugares estratégicos de la composición y prender la mecha; la explosión da un resultado siempre incierto y son el azar y la intuición del artista los factores que determinarán el resultado final.

La exposición, que consta de veintisiete lienzos, nace de la fascinación que el artista ha profesado desde su juventud a la pintura de los viejos maestros, en especial al Greco. Para la realización de estas piezas, el museo le proporcionó el espacio abandonado del emblemático Salón de Reinos del palacio del Buen Retiro, que en su momento fue testigo del esplendor de la España de los Asturias. Ahí tuvo Cai la extraordinaria oportunidad de trabajar ocho piezas, de las cuales la principal que da título a la muestra –El espíritu de la pintura (300×1800 cm)– culminó con su ignición en presencia de unos trescientos invitados. El majestuoso Salón de Reinos será próximamente rehabilitado por Norman Foster para integrarse al complejo museístico del Prado. Por lo tanto, la oportunidad que se le dio al artista chino de instalar ahí su estudio es única e irrepetible.

A pesar de pertenecer a una tradición cultural y artística tan distinta, Cai Guo-Qiang se reconoce deudor de los grandes maestros europeos de los siglos XVI, XVII y XVIII. Comenzó su carrera como pintor pero muy joven se rebeló contra la academia que imponía el realismo social ruso durante la Revolución Cultural. A principios de los años ochenta comenzó a experimentar las explosiones en sus dibujos sobre papel, innovación que perfeccionó en su etapa en Japón (1986-1995). En la actualidad es reconocido mundialmente por su compleja y llamativa técnica que lleva a escala mayor en sus performances al aire libre. Su participación como director de los efectos visuales de las ceremonias de inauguración y clausura de los Juegos Olímpicos de 2008 en Beijing dejó impactado al público y a millones de televidentes. Cuesta trabajo imaginar a un artista chino en la década de los setenta obsesionado por la pintura europea moderna y que sus primeras obras fueran retratos o paisajes influenciados en el trazo, composición y paleta por artistas como Cézanne y Picasso. El primer viejo maestro que admiró fue al Greco por la forma en que éste logró crear “un arte espiritual”. Emprendió el periplo tras las huellas del pintor de origen griego por Creta, Venecia y Roma para culminar con la visita a Toledo y al Museo del Prado en 2009. Su atracción por el Greco tiene que ver con la simbiosis de la tradición oriental y occidental, bizantina y renacentista, pero su pasión intrínseca y profundo conocimiento de la pintura antigua se extiende de Durero a Leonardo, Velázquez, Zurbarán, Goya y Rubens, entre otros que ha estudiado y copiado hasta el cansancio. Así lo expresa el historiador de arte Kosme de Barañano, autor de un nutrido ensayo en el catálogo de la muestra: “Cai no busca en sus copias la paráfrasis sino re-imaginar el espíritu de la pintura de los otros”, de modo que copia a los viejos maestros en busca de un diálogo con su espíritu, con el alma de sus obras, y traslada su esencia a sus lienzos “dibujados” y, en esta ocasión, por vez primera “pintados” con pólvora de brillante colorido. En una espléndida película documental, la prestigiada cineasta española Isabel Coixet registra el inaprehensible proceso creativo de estas pinturas. Un extracto de esta filmación se presenta al final de la exhibición para una mayor comprensión del público. Ahí comprobamos el rigor y la audacia de esta técnica inédita que ha catapultado al artista chino a los museos más importantes del mundo y a las primeras filas del mercado del arte contemporáneo universal.

Fusión de arte y ciencia, del rigor y del azar, las pinturas con pólvora de Cai Guo-Qiang logran el delicado equilibrio entre espíritu y energía, y, al captar lo invisible, nos abren las puertas a la magia de lo inesperado.

 

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