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La condición humana desde la vida dañada
'Reflexiones en torno a la violencia en México: acercamientos filosóficos y sociales', Juan Carlos Ayala Barrón (coordinador), Universidad Autónoma de Sinaloa, México, 2017.
Por Orlando Lima Rocha

Puede hablarse de la violencia como un fenómeno histórico, producto de la condición humana y con un carácter netamente instrumental, operativo desde lo íntimo a lo público, que refiere a la conquista como apropiación o la defensa de lo propio por su protección y seguridad. Por eso mismo, la violencia es un fenómeno anclado a la sensibilidad humana como ámbito fundamental de configuración y realización. Pensar situadamente este fenómeno es problematizar, desde una dialéctica de lo concreto que ancla la memoria y la cotidianidad como horizontes ineludibles y constitutivos. Por lo tanto, la violencia es sólo pensable a partir de su dimensión cotidiana y configuradora de identidades en lucha por su liberación integral.

¿Puede haber vida sin violencia? ¿Es la violencia parte de la condición humana o viceversa? Son dos cuestiones a considerar cuando hablamos de ella como parte del mundo de la vida, al igual que nuestra realidad nacional, y ambas apuntan hacia pensar la violencia como un fenómeno relacionado con el poder, transido de ideología, utopías, imaginarios, conductas, simbolizaciones, prácticas, emociones, razones, deseos y necesidades, entre otras. Todas ellas operan a nivel consciente e inconsciente en escalas subjetivas, colectivas e institucionales y se sitúan históricamente en la realidad humana.

Hablar así de la violencia es enunciar las luchas por la liberación y su contención dominadora. Los problemas concretos son así aquellos que permiten mirar a contrapelo de la historia una narrativa de la violencia como legítima sólo desde el Estado, ya que la violencia es sólo justificable y en ningún caso legítima.

Tales son los problemas, objetivos y posiciones que plantea este libro. Pensar, por ejemplo, el narcotráfico y su mundo es pensar sus secuelas y hasta productos culturales como uno de los problemas de orden mundial que atañen también al orden regional, como el de Sinaloa y todo México. También es dimensionar la violencia como un instrumento que, impuesto por el orden de la autoridad, se emplea para manipular nuestro ser y configurar como necesario algo nocivo para la salud (subjetiva y colectiva), hasta mistificarla como un deseo que disloca nuestra vida cotidiana hasta tornarla en un mundo de la vida dañada.

Esta obra, integrada por trece ensayos, problematiza los elementos antedichos desde distintas perspectivas que ponen sobre la mesa la necesidad de una hermenéutica cuestionadora de toda normalización autoritaria que coloniza nuestra dignidad, hasta reprimirnos como personas y reconocernos sólo como personajes que actúen funcionalmente, legitimando un modo de organización social represivo, opresivo y configurador de relaciones de dependencia instrumental y vertical excluyente.

La violencia instrumental del poder de dominación es condición de posibilidad de aquello que María Zambrano llamara el orden de la sacrificialidad, de una historia sacrificial constitutiva del absolutismo occidental. Tal enfoque de dominación es configurado y resemantizado en situaciones de colonización y se produce dialécticamente ante la resistencia de los oprimidos; resistencia en las mentalidades y prácticas que llevan a redimensionar la importancia de la identidad construida desde lo comunitario.

Así, la violencia de dominación configura sujetos funcionales en sus prácticas o los aniquila hasta quebrar su cultura comunitaria en cultura de masas. En el marco del triángulo Estado/Mercado/Sociedad, el bien común es violentado verticalmente desde los dos primeros nodos (Estado/Mercado). Por ello es posible hablar de una violencia de liberación que dé voz y rostro a los vencidos, los olvidados, los desaparecidos, los acallados y los silenciados de la historia; una violencia que se gesta desde el horizonte de comprensión del mundo de la vida dañado por el mal común, pensado como condición de realización política actual de toda forma sacrificial de vida que hay que superar. Se juega pues, con nuestra mentalidad desde la violencia de dominación que manipula nuestros deseos como si fuesen necesidades y, por ende, es posible el control no sólo externo (de coacción) sino también interno (de autorrepresión) por medio de la represión traumática de la condición humana. Por eso precisamos pensar desde el horizonte de la “cultura del temor”, según la categoría del filósofo Osvaldo Ardiles: un campo donde la violencia es instrumentalizada desde el poder de dominación, para vincular la necesidad con la autoridad y su cotidianización social en las prácticas por medio de las cuales se gesta la obediencia como expresión de la necesidad de la autoridad y una autoridad que plantea necesidades. Es allí donde toda cultura del temor desemboca dialécticamente en el “temor a la cultura” comunitaria, eminentemente humana, y se hace urgente la liberación de la praxis de todo sujeto y colectivo humano.

De este modo, Reflexiones en torno a la violencia en México aporta sugerentes planteamientos en torno a este fenómeno que, quizás en tanto necesidad humana instrumental, se configura no sólo como violencia cotidiana, estructural y sistemática, sino también como violencia histórica que, ante las presiones de dominación, produzca circunstancias de liberación donde la violencia puede también colaborar en la configuración de proyectos de vida digna para todos. Ese es quizás el mayor reto y horizonte a pensar, dialogar y debatir en esta obra.

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