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Pequeños robots mexicanos en la luna

Cuando uno piensa en robots lo más probable es que los relacione con los antropomorfos descritos por Isaac Asimov en Yo robot, o con los sofisticados que deambulan en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip k. Dick, novela llevada a la pantalla como Blade Runner. Pero hay otros que carecen de inteligencia artificial y sin embargo realizan tareas indispensables para que la raza humana se establezca en otros puntos del Sistema Solar. Su diseño y construcción está basado en los denominados sistemas complejos, conjuntos de agentes elementales en interacción, explica el doctor Gustavo Medina Tancos, investigador del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la UNAM y quien, con un equipo de trabajo y el apoyo del Laboratorio de Instrumentación Espacial ICN UNAM (LINX) y la Agencia Espacial Mexicana, desarrolla estos autómatas que conformarán la primera misión mexicana en llegar a la Luna.

Esos robotitos de ocho centímetros y medio de diámetro, y aproximadamente dos de altura, “no deciden, simplemente reaccionan a lo que está a su alrededor. Semejan neuronas, células del cerebro sin conciencia que no saben que forman parte de un ser humano. Sus funciones las tienen codificadas y para hacerlas se comunican con rapidez y precisión”. Ocho de ellos –que junto con la caja que los resguarda, o enjambre, pesan medio kilo–, serán lanzados hacia esa arrugada superficie con mares y océanos en el segundo semestre de 2019.

LAS PUERTAS HACIA EL COSMOS

Es inolvidable la secuencia del cohete que se estrella en el ojo de una sorprendida cara selenita en Viaje a la Luna (1902), de George Mélies, película que como otras manifestaciones del arte ha reflejado que ese astro es un oscuro objeto del deseo de la humanidad. La tecnología ya permitió el descenso de astronautas a su superficie (1969-1972) y, últimamente, científicos conciben la instalación de bases como puertos de embarque para ir a algún asteroide, ciudad espacial o Marte. Recientemente, el gobierno de Estados Unidos confirmó su intención de preparar una misión tripulada a Marte, a partir de una base lunar; según reportó The Independent en abril de 2017, la Agencia Espacial Europea y la Administración Espacial Nacional China han conversado acerca de construir una “aldea lunar”; Elon Musk, fundador de Space Exploration Technologies (SpaceX), empresa que manufactura y recicla cohetes lanzadores, en julio pasado puntualizó que una base selenita creará nuevas oportunidades de negocios como internet, la comunicación satelital, la minería espacial y la observación terrestre. La presencia de agua y Helio 3 para fabricar combustible, así como su baja gravedad y cercanía a la Tierra, convierten a ese grisáceo cuerpo celeste en punto clave.

Antes de que los terrícolas se instalen en esas puertas hacia el cosmos, es esencial que robots se adelanten y construyan infraestructura (habitaciones, fábricas, viveros, etcétera). “Los androides supersofisticados son versátiles y pueden enfrentar situaciones no esperadas. Sin embargo, tienen tantas piezas que les puede fallar alguna, lo que pondría en peligro su misión”, asegura el experto del ICN. “Además, son costosos y pesados: si por ejemplo, a un domo se le hiciera un agujerito en la parte más alta y el robot no lo alcanzara para repararlo, no podría subirse a éste porque lo rompería. En su lugar puede enviarse, con mucho menor costo, a un grupo de pequeños robots no inteligentes más resistentes que pasarían ellos mismos a ser el domo.” Como un ejército de abejas que por código genético construye su panal, o como células de la piel que se regeneran cuando sufre alguna cortada, los autómatas integrarían las estructuras necesarias para la llegada de los colonizadores. Si alguno se descompusiera, otro rápidamente lo supliría sin poner en riesgo las tareas a realizar. Lo que estructurarán en 2019 esos casi transformers hechos en México, será un panel solar.

México, presente en la Luna

El futuro de la carrera espacial se está construyendo hoy y México necesita generar tecnología de punta para no quedar fuera en ese avance exponencial, enfatiza el doctor Medina Tancos. Por ello desarrollan esa ciencia física enfocada a los minúsculos fabricantes y que es diferente a la utilizada en los androides.

Como estarán cerca de la superficie lunar, en el LINX trabajan en los sensores y sistemas de tracción que responderán a la arena lunar, formada por fragmentación de micrometeoritos abrasivos cargados de electrostática debido a los fotones provenientes del Sol. Afortunadamente, la arena se compacta al pisarla, subraya el científico, como lo comprobó Neil Armstrog cuando desde la escalera del módulo lunar Águila apoyó su pie izquierdo en el suelo y lo golpeó dos veces contra éste. Al flotar, ese polvo alcanza hasta 20 centímetros de altura, y como consecuencia, se depositará sobre el panel solar robótico. Eso lo tomarán en cuenta los especialistas, así como la temperatura nocturna de menos 233 grados centígrados, capaz de congelar a los pequeños especialistas.

Destaca que estos robotitos semejantes a tuercas rodantes, los están construyendo con “componentes normales y durables (no catalogados como espaciales) que sobreviven a las condiciones de nuestro satélite y son cien o mil veces más baratos.”

Astrobotic es la empresa que se encargará de colocar en la Luna a los ocho tripulantes con ayuda de su nave Peregrin, que será puesta en órbita por una lanzadora que Astrobotic subarrendará. Ya en su destino, un airbag los expulsará de su cajita en la superficie; ellos se juntarán para lograr su cometido. Serán testigos del regreso del hombre a la Luna y de los paquetes con fotos, cenizas y otros recuerdos que se enviarán –previo pago– a ese lugar tan especial en el Espacio.

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