Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Artes visuales
Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Artes visuales
Artes visuales
Por Germaine Gómez Haro

Conjuro de Guillermo Arreola en la Casa Lamm

Cómo representar la violencia en el arte ha sido una tribulación de los artistas de todas las épocas. Goya es quizás quien abrió con mayor vehemencia la compuerta de un arte demoledor que plasmó los horrores de su tiempo al denunciar las guerras y la injusticia social. Herederos suyos, los expresionistas alemanes que vivieron en carne propia las masacres del nazismo elevaron el grito de protesta en pinturas y grabados llevados a sus últimas consecuencias. El filósofo italiano Gianni Vattimo ha cavilado sobre el valor de la creación plástica que asume el compromiso de promover la libertad y la no violencia a partir de un arte que vaya más allá de la realidad e incite a una experiencia estética transformadora. Las obras que provocan un choque son las que crean nuevos mundos, señala Vattimo al afirmar que “no hay arte sin violencia”, y apela a la capacidad del artista de convertir el horror en belleza y la “fealdad” en una categoría estética, como bien lo registra Umberto Eco en su magistral Historia de la fealdad.

En este tenor de reflexión nos presenta Guillermo Arreola (Tijuana, 1969) su reciente serie pictórica reunida bajo el título Conjuro, actualmente en exhibición en la Casa Lamm. Al hacer un recuento de su obra anterior, salta a la vista la presencia humana y animal, siempre plasmada en un vaivén entre la figuración y la abstracción en un contexto naturalista. Esta serie surge de su interés en explorar el paisaje mexicano a la manera de los grandes paisajistas, pero el reto consiste en cómo mirar este paisaje en nuestro contexto actual. Nuestra naturaleza circundante se ha modificado: ya no es el paisaje idílico que cautivó durante años a propios y extraños; los volcanes, las selvas, los bosques han sufrido daños irreparables, pero más allá de eso, el paisaje está marcado por las huellas de la violencia que desde hace años se vive día con día en nuestro país. Así lo expresa el artista: “Después de los sucesos que tienen lugar en determinados lugares, no puedo plantear un paisaje como exaltación de la naturaleza, de modo que decidí abordar el tema de manera frontal, con una conciencia social. Estas pinturas representan el paisaje de mi entorno, de mi tiempo y de mi país. No recurro al hiperrealismo, más bien plasmo el hecho desde mi punto de vista interno.” Es el caso de Vista diurna de Nochistlán, lienzo de pequeño formato que da inicio a la muestra. “Todos recordamos el trágico acontecimiento en ese poblado donde perdió la vida una decena de personas. En el enfrentamiento con las fuerzas armadas, se prendió fuego a un camión que transportaba unos 40 mil pollos que murieron ahí incinerados.” La escena pictórica sintetiza el paisaje caótico del momento del estallido, el fuego, la humareda y el intento de representar el sonido del doloroso piar de las miles de aves que sucumbieron en la masacre. La violencia de la anécdota subyace en los trazos coléricos que estallan en rojos y negros sobrecogedores y envuelven la atmósfera críptica donde apenas se advierte la presencia de las aves pintadas en azul sobre placas radiográficas adheridas a la tela, recurso que el artista viene utilizando desde el inicio de su carrera.

En las nueve pinturas que integran la muestra se palpa una alusión a lo sacrificial que amalgama la crudeza de la realidad con el paisaje sensorial y onírico; esto es el resultado de un intenso ejercicio de la memoria del artista en combinación con el trabajo de investigación que realizó a partir de imágenes de la prensa y testimonios recogidos en entrevistas a personas involucradas en los hechos trágicos. Para la realización de este trabajo contó con un apoyo especial del Fonca y la serie pictórica estuvo acompañada de un registro videográfico que documentó el proceso.

Si bien las anécdotas son oscuras, siniestras, las piezas no están exentas de belleza, como bien lo expresa el autor: “Mi ojo busca en todo momento una cuestión estética, a pesar del horror.” “Si una obra tiene un poco de violencia dice poco”, sentencia Vattimo. Las pinturas de Guillermo Arreola dicen mucho con pocas palabras. El horror deviene conjuro que deviene catarsis: es una experiencia onírica que toca las fibras sensibles y no deja espacio a la indiferencia.

 

comentarios de blog provistos por Disqus