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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Volver, volver... Chavela Vargas en Costa Rica

Fue en abril de 1994 cuando Chavela Vargas volvió a su país natal para dar dos últimos conciertos (Teatro Nacional y Universidad de Costa Rica). Mexicana por decisión, muchas cosas se dijeron con respecto a su relación con una y otra patria, como si en su corazón viviera una amargura agazapada. Leyendo su autobiografía, sin embargo, notamos un afán pacifista que le hubiera alcanzado para regresar a su cuna y reconciliarse tranquilamente. Nacida en San Joaquín de Flores en 1919 pero avecindada en México desde muy joven, su nacionalidad estuvo marcada por una ambivalencia tirante que le permitió hacerse universal y entablar fuertes vínculos con diversas partes del mundo (España, Francia, Estados Unidos, Argentina...), en donde su voz tuvo una acogida creciente.

Amiga de Diego Rivera y Frida Kahlo, confidente de José Alfredo Jiménez, interlocutora de Picasso, Federico García Lorca y García Márquez, convidada de Pedro Almodóvar, su vida estuvo signada por figuras preeminentemente masculinas en un entorno que hubiera resultado intimidante para otras mujeres de su tiempo. Así se hizo fuerte y sobrevivió a amores prohibidos y a la bebida, tanto como a la ausencia de un reconocimiento definitivo por parte de quienes no fueron sus colegas cercanos ni sus contemporáneos. Hay que decir, además, que su figura y su voz cambiaron profundamente conforme fue envejeciendo; como si a la aceptación de su condición y carácter se sumara un “decir escénico” despreocupado por la estética convencional.

Pues bien, resulta que el próximo 11 de abril ocurrirá un “reencuentro” entre Chavela y Costa Rica a través de intérpretes que se vinculan con su herencia, incluidos los legendarios Macorinos (Miguel Peña y Juan Carlos Allende), dueto de magníficos guitarristas que cobijara su canto durante tantos años y que hoy merece nuestro tributo y reconocimiento. Si lo recuerda, lectora, lector, sobre ellos hablamos en este mismo espacio hace algunos meses, cuando comenzamos a vincularnos con este homenaje a la cantante del Poncho Rojo. Desde entonces hemos aprendido lo diáfano de su arte, lo generosas que son sus personas.

Como imprudente adelanto compartimos que el concierto ocurrirá en la plaza Máximo Fernández de la capital tica y que los Macorinos serán anfitriones de cinco cantantes provenientes de diferentes puntos de Latinoamérica (Tania Libertad, Andrea Echeverri, Gaby Moreno, Marisoul, Debi Nova) con quienes abordarán temas emblemáticos interpretados por Chavela más otros de sus propios y variados proyectos (verbigracia: Aterciopelados, Santa Cecilia). Lo más atractivo, creemos, es que lo harán justo a la manera de Chavela: a dos guitarras solas, al desnudo y desde una poderosa vulnerabilidad que enaltece las líricas de José Alfredo Jiménez, Álvaro Carrillo y tantos más.

Todo esto se verá ligado por el reconocido actor mexicano Ari Brickman, mesero de cantina y borrachín que al final de un día de trabajo “sueña” con darle serenata a Chavelita, amiga imaginaria con quien sostiene una conversación apoyada en elementos escenográficos, lumínicos y de video creados ex profeso por Mario Villa y Federico Quintana. Ellos contribuirán con trazos contemporáneos al diálogo de maderas y voces, fortaleciendo el borbotón de un escenario al aire libre frente al que pudieran juntarse más de veinte mil personas.

Por otro lado, Volver, volver… Ecos de Chavela Vargas estará ligado a una exposición con sede en el Centro del Patrimonio de San José, en donde habrá una colección fotográfica y una urna para que sus visitantes dejen pensamientos a Chavela. Estos mensajes serán aprovechados ulteriormente en el mentado espectáculo en que también sonarán “Las ciudades”, “La llorona”, “Paloma Negra”, “Luz de luna”, “Un mundo raro”, “En el último trago” y varias joyas más.

En tiempos de compleja globalización y en los que las mujeres trazan nuevas y definitorias sendas, el espectáculo intenta señalar la evolución de un cancionero imprescindible en esta nuestra imaginería territorial compartida; en esta nuestra tertulia amplificada donde la música nace, vuela y permanece cual testigo de los más felices y horrendos avatares cotidianos. Hay que decir, además, que entusiasma de manera especial que nazca –como la misma Chavela– en Costa Rica, epicentro de una reunión que pudiera resonar en Hispanoamérica entera. Ojalá que luego pueda repetirse en otras latitudes. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

 

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