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La otra escena
Por Miguel Ángel Quemain

La testosterona feminizante de Sabina Berman

 

El montaje de Testosterona, de Sabina Berman, bajo la dirección de Ana Francis Mor, con las actuaciones de Enrique Arreola y Cecilia Suárez, me pone a pensar en los distintos proyectos teatrales que, por lo menos en Ciudad de México, definen una cartelera muy rica en lo comercial, en ámbitos universitarios y otros dedicados a promover, discutir y establecer una conversación compleja y rica con un público que identifica la diversión con una alta dosis de compromiso, reflexión e inteligencia, un espectador al que no le pesa pensar.

Me llama la atención que un teatro tan decididamente comercial forme parte de la programación del inba. Se trata de un montaje que, sin dificultad, podría formar la cartelera del Teatro Chapultepec, o de ese espacio que eufemísticamente se llama Centro Cultural Telmex, o del teatro del Centro Libanés.

Decir “teatro comercial” no es un epíteto, sino que así se define una forma de producir teatro con un conjunto de características que a un público le permiten creer que ha invertido bien su dinero y paga por lo que recibe. Esto significa que, según el género, la inversión en la producción, escenografía, vestuario... tiene que tener calidad y verse lo más lejano a “la improvisación”, que un tipo de público todavía cree que es el signo de identidad de esa forma de producción que se da en llamar “teatro independiente” o “teatro universitario”.

El llamado teatro comercial va dirigido a un buen número de espectadores que aplauden en cuanto sale a escena el actor que ven en las telenovelas y que en el teatro pueden tenerlo “así de cerquita”. Un Hamlet por ejemplo, con un vestuario punk, o un príncipe de Dinamarca con tatuajes y estoperoles o picos, sería resultado de una grosera imaginación sin recursos económicos para reconstruir el mundo isabelino. Pero no: este teatro comercial dirigido por Ana Francis Mor tiene un poderoso sentido del ritmo, una armonía enorme con la escenografía e iluminación que elaboró Philippe Amand, un artista reconocido y riguroso que se apoya en el video de Pablo Corkido y Damián Walsdorf, con un diseño sonoro y musical impecable a cargo de Daniel Hidalgo. No me gusta la palabra, pero “ameno” es útil para definir esa manera de hacer transcurrir el tiempo sin obstáculos, con fluidez y facilidad similares a la de los actores para conducir su interpretación.

Enrique Arreola y Cecilia Suárez conforman un dúo actoral de gran solvencia, experiencia y gracia, que se adueña de unos personajes que, si bien están construidos sobre estereotipos, ellos logran dotar de vida y complejidad emocional. El primero es el director de un periódico, soberbio sabelotodo, empoderado desde su oficina en un último piso de un “edificio inteligente”, y ella es su sometida y cínica “subdirectora de contenidos” que ese 24 de diciembre ha ido a comprarle los regalos para su familia (“¿De qué sirve una subdirectora de contenidos si no es para comprar los regalos de la familia de su jefe?”): “El último modelo del iPhone, para el mayor. El último modelo de Wii, para el chico. Para las gemelas, un Scrabble y un diccionario.”

En apariencia se trata de un texto que se propone salir del lugar común desde que Miky (Cecilia Suárez) entra en escena, así como descolocar la estabilidad de un género para proponer una mirada distinta: “”Siendo ésta una comedia romántica, cabe aclarar que no es el estereotipo femenino de ese género dramático: no es una belleza, pero le tiene sin cuidado y se comporta como si fuera dueña del mundo.”

Cito la obra Testosterona gracias a la edición que hizo Ediciones El Milagro (en coedición con el todavía Conaculta y latr Books) de El narco negocia con dios, titulo homónimo de una de las dos obras que integra este volumen de la dramaturgia de Sabina Berman prologado por Stuart a. Day.

El narco negocia con Dios fue dirigida también por Ana Francis Mor (con las actuaciones de Moisés Arizmendi, Haydeé Boetto, Itari Marta y Juan Carlos Vives), en 2012, en el Foro Shakespeare, como se documenta en esta edición que incluye las fotos de Roberto Blenda y la de portada por Paulina Chávez.

Me parece que tanto la edición de las obras como los comentarios de su prologuista y el texto Testosterona, valen la pena de ser comentados en una siguiente entrega, en tanto se trata de un texto al parecer preocupado por ser políticamente correcto, dicho esto según el espíritu deleuziano que confía en el inconsciente de las obras y les adjudica una especie de responsabilidad histórica por su manera de articularse, sobrevivir o caducar según la fuerza de su anclaje en el presente del espectador teatral u

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