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Prosaísmos
Por Orlando Ortiz

Mis preguntas flotan en el viento

Para los llamados sesenteros irredentos, “Blowin’ in the wind”, de Dylan –que transformaba en algo angelical Joan Baez–, nos sigue moviendo el tapete. La preguntas que lanzaba al viento eran recursos retóricos para motivar al mundo hacia la consecución de una utopía, para orientar hacia un cambio. ¿Se alcanzó la utopía?... Malo habría sido alcanzarla, porque las utopías no son para alcanzarse, sino para movernos a tratar de alcanzar ese lugar o mundo. Toda utopía conlleva su distopía. Habrá quienes digan que en lugar de alcanzar esa utopía que nos movía, alcanzamos su distopía. Es absurdo, pues al igual que la utopía, la distopia ¿es inalcanzable?

La respuesta está flotando en el viento”, es el estribillo que cerraba las preguntas que iba haciéndose Dylan en su canción. En este momento, que para mí es bastante significativo y decisivo para el país, me gustaría poder decir lo mismo, pero más que respuestas encuentro preguntas que me jalan al piso y por eso las lanzo al viento. Preguntas honestas, sin más intención que despertar a la reflexión y, espero, hacer pensar a la gente que votará en julio.

No son pocos los que aventuran que la caballada (candidatos) está bastante flaca. Razones no faltan para tal aseveración, pues por el lado del partido oficial tendremos más de lo mismo; por la oposición, alianzas insólitas y como surgidas de una pieza de Ionesco. Por el otro lado, un comportamiento desconcertante (ya me he referido a él en ocasiones anteriores) y ofertas que seguramente provocan entusiasmo en multitudes pero son ¿utópicas?, ¿irracionales?

Tal pregunta me hice cuando escuché que al llegar AMLO a la Presidencia, todos los “ninis” serían becados y que nadie sería rechazado de las universidades. Quien haya dado clases sabe que no todos los que están en el aula desean estudiar y están ahí, a veces, porque los mandan sus padres o no tienen algo mejor que hacer, y esto se refleja en el índice de egresos y en el de titulación. (Ni siquiera en los regímenes socialistas, incluido Cuba, TODOS tiene acceso a estudios superiores, solamente los que demuestren tener capacidad y voluntad). En este momento habría que pensar en lo que nos cuesta (a los ciudadanos que pagamos impuestos) mantener a jóvenes que no quieren estudiar y ocupan un lugar en las universidades. Me pregunto, entonces, ¿qué, cómo, por qué?

Por otro lado, Ricardo Anaya ofrece el salario universal o algo por el estilo, es decir, entregar a todos los mexicanos cierta cantidad de dinero, ¿así nomás? Porque no sería un seguro de cesantía, que además es temporal e implica haber trabajado y por lo tanto pagado impuestos, con los que amortizó ese seguro. Este dinero, ¿de dónde saldría, a quiénes se entregaría y por cuánto tiempo?

Luego Meade sale con su padrón, que es otra manera de ofrecer dinero a cambio de nada, eso sí, con un planteamiento más cibernético y moderno, porque al parecer tanto él como Anaya están por “la modernización”, entendida ésta como el uso de máquinas y aparatos sofisticados porque son más eficaces que las personas (¿implica despidos?) y no son corruptas... lo que callan es que quienes las manejan sí pueden serlo, como se ha visto recientemente con la expedición de tarjetas para ayudar a quienes perdieron sus viviendas y a los damnificados por el sismo del 19 de septiembre del pasado año. Esta “eficiencia” en la administración del gasto e ingreso, como que no fue muy evidente cuando estuvo al frente de Hacienda, pues hasta después de dejar el cargo sigue viéndose que dejó todo armado para fregar a los “paganos” de impuestos, como es el caso del impuesto a la plusvalía de bienes inmuebles. ¿Se obtendrán los recursos necesarios para la “modernización” y tapar la debacle que dejan sus antecesores, cediendo a las reclamaciones e intereses de empresas extranjeras y del gobierno estadunidense? Los tres casos mencionados, ¿no equivalen a comprar votos?

Estas son las puntas de la madeja de preguntas que me asaltan día con día. Por último, y sin propósitos alarmistas, hay señales que flotan en el viento, similares a presagios de cruentos arúspices: el partido en el poder está desesperado, pues sabe que si no logra permanecer en el poder, por las buenas o las malas, escuchará las golondrinas definitivas, y esto lo puede llevar a extremos peligrosos.

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